— ¡Nymphadora Tonks! —llamó la profesora McGonagall, una bruja de apariencia severa y sonrisas gentiles, jefa de casa de Gryffindor y, directora adjunta de Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería. Como si la humillación de de haberse caído al lago no fuera suficiente, tenía que llamarla por el nombre absurdo que su ridícula madre había escogido para ella: Nymphadora. La pequeña bruja de apenas 11 años, había tenido que lidiar durante su corta existencia la mala suerte que un nombre tan tonto podría traerle, apostaba a que su torpeza física se debía a ese nombre estúpido y que probablemente ni siquiera existía hasta que se le ocurrió a sus padres. ¿Tan difícil era llamarla sólo por su apellido?
Tonks era, en efecto, más fácil de recordar y, más corto, sin embargo, el mundo se empeñaba en llamarla Nymphadora.
La pequeña bruja usaba una manta y bebía una taza de chocolate que el guardabosques, Hagrid, le había proporcionado con amabilidad para calentarse . Era una tradición que los de primer año hicieran un recorrido en bote por el lago para llegar al castillo. La curiosidad muy típica de Tonks, le hizo una mala jugada, al querer acercarse más al tentáculo gigante que se asomaba cerca del bote, cayó inevitablemente al lago y terminó empapada. Suspiró, se quito la manta y por gracia de Merlín, atinó a lanzar el contenido de la taza sobre una chica de Ravenclaw.
— Pero que torpe... —dijo lo suficiente bajo para que sólo Tonks la escuchara, la menor rodó los ojos con desagrado y camino al encuentro de la profesora McGonagall, quien sostenía al famoso sombrero seleccionador.
— ¿Qué es lo que veo? hmm... Eres valiente —decía el sombrero para Tonks y para él mismo—, leal, no temes a hacer lo correcto ni a seguir tus ideales aunque debas trabajar duro por ello, hmm... sí... puedo verlo... también eres rebelde y —el sombrero rió—, físicamente torpe... y no te gusta que te llamen por tu nombre... Nymphadora —el cabello de la bruja paso de su color castaño al un rojo fuego en cuestión de segundos—. ¡JA! Una metamorfomaga... lo tengo... ¡Hufflepuff!
El rojo fuego cedió al amarillo de la casa Hufflepuff, la casa de los justos y leales; eran representados por los colores amarillo y café, así como también por el tejón. Su padre, Ted Tonks, había pertenecido a la misma casa y, ella estaba orgullosa de ser un tejón.
— ¡Una metamorfomaga! ¡Vaya que hemos tenido suerte! —comentó la profesora Sprout, la jefa de casa de Hufflepuff y, sus compañeros profesores no pasaron desapercibido el orgullo en las palabras de la profesora, después de todo, los metamorfomagos eran escasos, sólo pocos tenían el don, a diferencia de los animagos que podían aprender a transformarse, uno no podía aprender a ser un metamorfomago, se nacía siendo uno, o no.
Los ojos de Nymphadora brillaban al sentarse en la mesa de Helga Hufflepuff, estaba allí, entre las personas que no conocían en imposibles, donde los límites no existían si trabajabas duro y, su cabello se torno rosa chicle involuntariamente, sucedía siempre que estaba feliz, o sólo porque sí. Pensamientos de ese tipo inundaban la mente de la joven distraída y, por accidente derribó una taza de sumo de calabaza en la capa de alguien...
— ¡Tonks!
— ¡Lo siento!, fue un accidente, no era mi intención —respondió la pelirrosa aún adormilada.
— ¿Pero qué dices, Nympha? —dijo un joven con pelirrojo y con pecas— nos diste un buen susto —sonrió y acomodó el fleco de Tonks tras su oreja. Era Charlie Weasley, su mejor amigo en el colegio y, también su mejor amigo en el mundo; tampoco tenía muchos.
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Chewing gum orange
FanfictionCharlie Weasley, valiente Gryffindor y prefecto de su casa, es casi un ejemplo a seguir, pues ha perdido la cabeza por una torpe y traviesa metamorfomaga: Nymphadora Tonks. Amigos desde el primer día de Colegio, Charlie ha encontrado algo más intere...
