Veía a todas preciosas a mi alrededor, y luego estaba ella, podías ver cómo galaxias giraban entorno a aquella chica de pelo salvaje y ondulado, el cual en su mayoría de veces parecía más un nido que una cabeza. Aún así a ella le quedaba bien, no era exactamente guapa de hecho creo que es en lo que menos te fijarías en cuanto la conocieras, es un desastre detrás de sus bonitas pecas y sus ojos miel que le endulzan la tarde a cualquiera. Yo era un fiel seguidor de todos los movimientos que hacía su cuerpo independientemente de si se daba cuenta o no, no podía dejarla, aunque ella no supiera que yo hacía lo que hacía. Era un bonito laberinto, con las puertas más fuertes que sigo intentando romper, con las contraseñas más indescifrables que te has podido tomar. Ella sabía que quién entraba no salía, podía atrapar a quien quisiese y a quien no lo dejaba hecho pedazos en la puerta, tú podías saber si has entrado con solo una mirada. Chica de pocas palabras pero miradas que leían en braille.
Yo no era más que un explorador sin ganas de encontrar el tesoro y con el entusiasmo de conocerme el camino de memoria. Ella lo sabía, lo sabía todo, podías verla de lejos como analizaba las situaciones sin hacerle falta mirar más de una vez. Lo tenía todo bajo control, sabía todos los movimientos que su entorno hacía y aún así no se asustaba, no movía ni el dedo meñique.
Ella piensa que no pero es de las chicas que miran por la ventana con ganas de escapar, que se mira al espejo con esperanzas de que alguien la abrace por detrás y de que cierra los ojos cuando tiene el viento en contra. No era exactamente valiente, más bien un poco cobarde aunque a palabras y a retos no había quien la ganase, no hacía falta terminar la frase para que lo hiciese y te dejase con la boca abierta y la baba colgando, porque así era ella. No precisamente guapa, pero si un bonito desastre.
Alguien dijo que la vio pasar aquella noche, no parecía que se fuese, iba sin nada, como según cuentan con el corazón en la mano. Se la veía feliz, o yo quería verla feliz, cada semana con una persona distinta que llenaba su cuarto de diferente perfume y así montar una mezcla de recuerdos todas las noches cuando no podía dormir. Ella llevaba un cartel siempre en la frente que ponía insomnio, o al menos yo sé lo veía, las ojeras y los ojos rojos hablaban por si solos. Suena triste pero yo me hubiera pasado todas las madrugadas sin dormir recordándole lo guapa que estaba los domingos con un moño deshecho en su nuca, el maquillaje sin quitar del sábado y los pijamas que nunca combinaba, hasta en eso se le notaba que no le importaba nada, llegaba a casa y escogía uno cuál sea de la parte que fuese y así también con la que faltaba. Cuánto hubiera deseado que conmigo no hubiera sido así, que me hubiera dicho que le importaba cuando enfadaba o que me hiciese mimos cuando no miraba. Supongo que eso es lo que queremos todos no?, en eso me han enseñado que es en lo que se basa la vida, aunque a día de hoy más que cariños recibo latigazos, no de nadie, si no de mi mismo. Más de una vez me han preguntado que a que le tengo miedo y bueno, no suelo responder que a las arañas o las alturas, si no de mi mismo. Nadie te conoce mejor que tú mismo, y aunque te lo hayan dicho mucho siento darle la razón a un dicho popular. No se por qué no pensé en los bichos que podían atacarme más que en mi, quizás sea porque ellos no me conocen y yo si, ellos no saben a que más le tengo miedo pero yo si y puedo empezar a atacarme por eso, por ella, por sus ojos miel y sus paredes indestructibles.
