UNO.

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—Me parece un poco excesivo, ¿no lo crees? —le pregunté a Janelle mientras intentaba anudarse la corbata.

—No lo sé, me parece lindo. Es como si fuésemos a una de esas escuelas caras —comentó, y luego volteó a mirarme—. ¿Por qué tu corbata es azul? Debía ser bordó.

Estiré la corbata delante de mis ojos y afirmativamente, era de un intenso azul. No entendía por qué ella la llevaba de otro color.

—Camisa blanca y corbata azul. ¿Lo olvidaste?

—Era bordó —volvió a decir, volteando a verme nuevamente. Ella llevaba unos vaqueros azules y unas converse que combinaban con el color de su corbata. La cuestión era, ¿cuál de las dos se había equivocado?

—Oíste lo mismo que yo, dijo azul —repliqué. No me gustaba perder las discusiones por más tontas que parecieran.

Ella sabiamente me ignoró y encendió la plancha de cabello hasta que la pequeña luz se puso roja. Amarró parte de su largo y oscuro cabello y comenzó a pasarsela por encima de la enredadera que había dejado suelta.

—Déjame, yo te ayudo —hablé, arrebatandole la plancha de sus manos. Simplemente me horrorizaba la forma en que lo hacía y realmente quería que mi mejor amiga luciera perfecta en su primer día. Mejor dicho, en nuestro primer día de secundaria.

Ella y yo habíamos ido juntas a la escuela de primaria, simplemente no podía imaginarme mi vida si no la tuviese conmigo. Solíamos pelear mucho cuando eramos pequeñas, y me refiero a esas peleas que implicaban jalones de cabello y arañazos. Yo siempre la tomaba de punto, pero ella jamás se dejó pisotear. Ahora estamos aquí, por dar este gran paso en nuestras vidas, juntas.

—¿Cómo crees que será? —inquirió, casi adivinando lo que pensaba.

Suspiré, quitando la liga de su pelo para poder planchar la parte que faltaba.

—Estoy asustada —le confesé luego de un rato—. Es que simplemente no me lo puedo ni imaginar y eso me aterra. Ni siquiera sé cómo actuar -suspiré, alejandome un poco para ver mi trabajo. Sí, lo había hecho bien.

—Yo la verdad sólo espero que los chicos estén buenos —dejó salir simplemente.

Solté una risotada y me apresuré en ponerme mi maquillaje que, básicamente consistía en máscara de pestañas y un rojo intenso en los labios. No decía nada acerca del uso maquillaje, así que me aproveché un poco. Me tomé varias fotos con nuestro disfraz y luego me tomé el tiempo de mirarlas una por una para escoger una que pudiese subir a facebook, pero ninguna me gustó. En todas mis ojos salían demasiado grandes —aunque generalmente lo eran— las fotos que subía debían ser casi perfectas. Eliminé todas y me quedé con una, una en la que se me podía ver la mitad del cuerpo. No me gustó, pero aún así me la quedé. De hecho, ni siquiera me gustaba mi cuerpo, era muy delgado a mi parecer, delgado de una manera exagerada.

—¿Qué te pasa? —preguntó, acercandose a mí. Se sentó a mi lado en la cama y me quitó el celular. Observó con detenimiento la misma foto que estaba mirando segundos atrás-. Me gusta esta.

—Salgo con los ojos demasiado saltones, además sale mi cuerpo y es muy... delgado —mastiqué la última palabra. Como odiaba decir aquello. Odiaba sentirme insegura de mi cuerpo porque tenía la idea de que todos podían notarlo. Así que desde que tuve uso de razón me dediqué a emanar una falsa seguridad en mí donde quiera que fuera. Ella me abrazó unos segundos y luego me miró apenada. Sentí que fue un abrazo de lástima, así que me enderecé. No permitía ni siquiera que mi mejor amiga me viera frágil—. Suéltame, soy la puta ama. Jan, te aseguro que este va a ser nuestro año.

Te amo, Romero.¡Lee esta historia GRATIS!