Fueron años muy interesantes, sí. Todo estaba bien. Ya sabes, ir a la escuela, hacer amigos, reir y llorar, si acaso.
Cinco veces me detuve, en todos esos años: dos en un charco, antes de cruzar el puente; una en el arco cóncavo de una cuchara, cuando ya me aproximaba al umbral; la siguiente fue en el espejo de los servicios del instituto, cuando la inamovible estructura me estaba clavando ya sus espinas... la última vez fue en la puerta de cristal del hospital, cuando franqueé finalmente el puente con mi piel hecha jirones (quién sabe cómo era mi aspecto entonces, cuando mi atención estaba necesariamente adentro).
No entendí a tiempo, parece, o mis heridas habrían sanado más temprano. Cinco veces, solo cinco momentos de reflexión en alrededor de veinte años. El resto del tiempo, todo él, fue nada. Quién guiaba mis movimientos entonces, lo desconozco: pero la responsable no fui yo. Yo gritaba y me afanaba en otras cuestiones, muy concentrada, muy adentro, muy silenciada.
Esta sociedad tan loca me reconoció como una persona exitosa, y como tal me enviaron a donde los de mi clase se reunían. Recuerdo que aquella fue una época de reflexiones profundas, conversaciones simbólicas cerca de la chimenea y, también, viajes. Siempre buscando comprender el mundo, siempre con sed de conocimiento y nunca un atisbo de saciedad. Qué agotamiento.
Como buen titiritero, mantuve los cabos bien atados y volvía a ellos mi atención si pretendían, alguna vez, moverse. No ocurrió, ¡no se atrevieron! Mi destreza al mover hilos era extraordinaria, y ese cuerpo que era mío se sometió a mis caprichos, sin entender. Tanto entendía la marioneta como la mente que la movía, por otra parte, y ambas se enfadaron tanto que se dañaron entre sí: afortunada mente, que perdió su soberanía. Ella nunca habría emprendido este viaje. Estaba sumida en una sombra tan oscura... Qué terror, qué temor tan profundo había en ella, cuánto miedo. Supongo que a veces la mente no sabe. Aquella marioneta, puro instinto, entendió que proyectar una sombra tan ingente solo podía ser obra de una luz mayor. Se rebeló, con todas sus fuerzas, y se forzó a un viaje incierto.
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Crónica de un ave candente
Short StoryHistoria en tres partes de cómo un títere se rompe para ser una persona.
