Salieron a las 4 de la tarde un sábado, ambos habían hecho sus maletas sin decir una sola palabra, sin mirarse si quiera; subieron algunas cosas al auto y partieron de aquella vieja casa.
Ninguno de los dos dijo nada durante el camino, el silencio resultaba reconfortante para la extraña pareja; parecía que no había necesidad de hablar, porque aunque ella no entendiera muy bien lo que sucedía o lo que pasaría una vez que llegarán a destino confiaba en él más que suficiente para estar segura que nada malo pasaría.
