Era lunes por la mañana. Me encontraba fatal. Hoy sería el último día de mi mejor amigo en este país. Me levanté y me arreglé, quería lucir bien para poder ir a despedirme.
Estaba preparándome un poco de café cuando de repente me entró un ataque de nostalgia. Recordé cada momento que pasé con mi mejor amigo. Mis ojos querían largarse a llorar, pero no se los permití.
Bebí mi café tratando de distraerme al pensar en lo que me pondría esa tarde.
-El vestido violeta... No. Lo usé la otra vez para ir a la fiesta del hijo de Patricia. Eh... ¡Ya sé! El short de la otra vez con la camiseta amarilla y... ¡Sí! Ya tengo lista la ropa.- Me decía a mi misma. Aunque aún pensaba en todo.
Fui a mi cuarto, estaba aún desordenado. Me tiré en mi cama y abracé mi almohada. La miré, y me trajo más recuerdos que me querían hacer llorar.
Tomé la almohada y la lancé hacia mi mesa de descanso. Decidí incorporarme y fui hacia el armario, donde abrí los cajones en busca de la ropa que me pondría esa tarde.
Una vez que la alisté, me preparé para tomar una ducha. Necesitaba relajarme. Abrí la regadera y llené la tina con agua para luego recostarme en ella. Estuve allí durante un largo rato que al parecer me había dormido. Me desperté a eso de las 12 del mediodía y me paré para terminar de bañarme y vestirme para ir al aeropuerto.
Terminé de cambiarme y cuando me estaba maquillando, sonó el timbre de mi casa. Salí a abrir. No esperaba visitas en este momento. Puse mi mano en el picaporte y traté de poner mi mejor cara. Al abrir la puerta, mis ojos se abrieron como platos. Ahí estaba él, mi mejor amigo. Puse una gran sonrisa y le di un enorme abrazo.
-¡Sorpresa!- Dijo él mostrando todos los dientes en una sonrisa.
-¡Germán! ¿Qué haces aquí? No esperaba verte hasta las 18 en el aeropuerto.-
-¿Acaso no puedo pasar a visitar a mi mejor amiga antes de ir a prepararme para partir?.- "Mejor amiga..."
-¡Claro que puedes! Pasa.-
-Permiso. ¿Qué hacías?-
-Pues, nada. Estaba preparando todo y justamente recordaba los momentos por los que pasamos antes de ser mejores amigos.- Dije poniéndome seria.
Él dejó de sonreír y se puso a pensar.
-¿Recuerdas cuando nos conocimos?- Me preguntó dejando su saco en la silla.
-¡Cómo olvidarlo! Era en séptimo grado. El profesor de dibujo nos había castigado por estar peleando en su hora y no nos dejó salir al recreo. Me acuerdo que nos pusimos a discutir, pero luego empezamos a hacernos bromas y a reír. Me encantó estar ahí.-
-¡Y a mí! ¿Recuerdas la fiesta de preparatoria?-
-Jajajaja, fue de lo mejor. Tú habías ido vestido de un mozo y al final terminaste sirviendo con ellos.- Se reía.
-¿Y recuerdas cuando hicimos nuestro primer viaje juntos?-
-¡Cierto! Me estaba olvidando de eso. Fue a Chile, y estábamos muy emocionados.- Dije con cierto entusiasmo, pero luego cambié mi expresión.- Ahí también fue cuando comenzó todo aquello.- Él me miró sintiéndose culpable.
-Cuánto lo siento. La verdad no tenía idea de que iba a terminar así. Pero míranos ahora.- Dijo tratando de poner una sonrisa. Mis ojos empezaron a humedecerse.
-Era nuestro segundo día en esa ciudad. Fuimos a cenar, y yo te había confesado lo que sentía por tí...-
-Sí... Y...- su voz se quebró.- Luego creí haber tomado la decisión correcta y te correspondí tus sentimientos. Ojalá nunca lo hubiese hecho.
-Está bien, tú sólo pensabas que estabas en lo cierto.-
-Pero no fue así. No sabes cuánto lamento haberte mentido ese día. Te hice pasar por tanto en vano. Nunca había sentido nada en realidad.- Desvió su mirada tratando de no llorar.
-Exacto. Pero ya es pasado. Luego vino Paula.- Sonrió sin querer.
-Sí. Fue cuando comencé a sentir algo por ella y...-
-Terminamos.-
-Correcto.-
-Esos días me sentí mal. Sólo deseaba que te pasase algo terrible. Pero luego decidimos arreglar las cosas en esa fiesta de secundaria.-
-Sí. De no haber sido por nuestros ex compañeros que organizaron todo, nunca nos hubiésemos reconciliado.- Volvió a mirarme con una sonrisa. Yo no podía hacerlo.
Se levantó de su asiento y se acercó a mí.
-Voy a casarme.- Dijo emocionado.
-Lo sé.- Dije ásperamente.- Aún no he podido olvidarte.- Dije cerrando los ojos, dejando escapar algunas lágrimas.
-¿Cómo?- Me respondió preocupado.- Perdóname, no tenía idea. Lamento haber venido a herir tus sentimientos.-
-No. Está bien.-
-No. Eso no está bien.- Se acercó a mí, pero yo lo detuve.
Él simplemente suspiró, me tomó de los brazos y me dio un beso. Fue mágico e inolvidable, el último. Aunque sabía que lo hizo siguiendo sus impulsos, traté de disfrutarlo.
-Lo siento, no debí hacerlo.- Dijo tomando su abrigo.
-Sólo vete.- Le respondí para ver como luego abría la puerta para irse y dejarme allí, arrodillada frente a la mesa con mis ojos llenos de lágrimas y sin poder hacer nada.
-Es muy difícil despedirme de tí. Ojalá encuentre a alguien como tú.- Dije para luego volver a mi cama y no salir hasta que fuese la hora.
El reloj marcaba las 17:30 me levanté rápido y fui directo al aeropuerto. Ahí estaban ellos, Germán y Paula, listos para tomar su vuelo. Los saludé y les deseé suerte en su nuevo hogar. Traté de no llorar pero se me hizo imposible. Ver irse al amor de tu vida en manos de otra persona no es algo fácil. Pero debía continuar adelante. Vi como abordaban el avión que volaba a su destino y me marché. No quería estar allí.
Al día siguiente, mientras almorzaba, aún deprimida. Vi por las noticias algo que me hizo temblar. El avión había caído y no quedaron sobrevivientes. Sentí como mi corazón se partía nuevamente y dejé de comer. Nunca más iba a amar a nadie más. Él lo era todo. Y se fue, para siempre. Lo más triste es que mi último recuerdo con él fue verlo salir por la puerta luego de besarme impulsivamente. No lo soportaba, decidí ir a la farmacia y compré unos antidepresivos. Me introduje nuevamente en la bañera y tomé las pastillas. Mandé unos mensajes a mis amigos y seres más queridos diciéndoles que los quería mucho e ingerí una gran cantidad de pastillas que me nublaron la vista. Poco a poco fui cerrando los ojos hasta quedarme en completa oscuridad. No veía nada, no sentía nada, no sufría. Todo se volvió inexplicablemente tranquilo. Fue el fin de mí misma.
YOU ARE READING
Alguien como tú
Short StoryElla lo miró con los ojos llenos de lágrimas. El simplemente suspiró y le dio un beso, el último. Era el adiós para siempre
