La noche del 20 de marzo iba a quedar en la historia de Bluebeard. No sólo por ser la fiesta de despedida de Catalina, la hija del comisario más antiguo y prestigioso del pueblo, sino porque Ana decidió por fin involucrarse socialmente y asistir a la primera fiesta, sin payasos y globos, desde que tengo uso de razón. El cielo tenía un tinte oscuro que advertía caos. El viento soplaba avecinando cambios. Muchos. Por empezar Catalina iba a dejar el pueblo que vio crecer y morir a generaciones y generaciones de su familia, y esto no era poco. Bluebeard era un pequeño pueblito pesquero, de esos en los que naces y al día siguiente ya tienes un sector con tu nombre en el cementerio. La gente no se iba de Bluebeard. Yo no me iba a ir de Bluebeard. Y Catalina tampoco. Pero algo sucedió, mucho antes del 20 de marzo que hizo que la madre de Catalina llenara el aire de gritos una noche de lluvia y decidiera hacer las valijas y llevarse a su hija del pueblo, pero no sin antes tener su fiesta de despedida. Una última fiesta a lo Catalina Martinez. Una última oportunidad para despedir el verano que se iba con ella. Sí, el cielo advertía caos pero también melancolía. Mi cuerpo lo sentía en los huesos. Algo iba a suceder esa noche pero no lo supe con certeza cuando caminaba hasta la casa de Felipe, ni cuando fuimos a comprar alcohol al pequeño mercado de Rosalinda. Tampoco lo supe cuando entre en la casa de quien había sido mi amiga desde que nací y vi a Estefanía del otro lado del comedor esperando un acercamiento mío. Estaba hermosa, pero ella no era quien mi cuerpo sentía esa noche.
-Boludo es Ana...- dijo Felipe mucho más alto de lo que debería haberlo dicho.
Era ella. Ana Fleming. Piel pálida, pecas por doquier y unos grandes ojos negros. No estaba hermosa. Estaba decidida.
-¿Vieron quién llegó? No lo puedo creer. ¿Quién la invitó?- la voz de Estefanía rompió en mis oídos pero no era lo suficientemente poderosa como para lograr que la mire enseguida. Al hacerlo, me decepcionó al verla parada con un vaso de Cuba Libre en la mano. Ella fue la primera en hablar, pero no de lo que deberíamos hablar.
Tenemos que hablar. Las palabras resuenan en mi cabeza.
-Nadie necesita una invitación para venir a lo de Cata y menos hoy.
-Sí, pero ella...
-¡RONDA DE TEQUILA!- chilló desde la cocina Catalina y todos gritaron. El flequillo rubio de Catalina, que sólo alcanzaba a cubrirle un cuarto de la frente, estaba totalmente despeinado. Sus ojos estaban vidriosos, y no sabía si era por el alcohol o porque estaba a punto de llorar. Necesitaba acércame a ella y hablar. ¿Qué estaba pasando en su casa? ¿Por qué se iba sin decirnos nada más que un "me voy pero no sin una última fiesta"? Tantas preguntas danzaban sobre cada uno de nosotros esa noche. Mis ojos iban desde Ana hasta Estefanía. La garganta me ardía.
-Está peor que hoy a la mañana. No pude sacarle ni una palabra de porque se iba- Estefanía intentó hablar por sobre la música que uno de los chicos había subido muy por encima del límite que permitía el padre de Catalina. Ese pensamiento me hizo reaccionar y pregunté.
-¿Dónde está el comisario?
Nadie lo llamaba por su nombre, si eras nuevo en Bluebeard (y no hay gente nueva, salvo recién nacidos), jamás conocerías el nombre del comisario del pueblo a menos que se lo preguntes directamente. El hombre inspiraba respeto. Todavía no entiendo porque se iría.
-Tengo entendido que se fue antes para la Capital a ordenar papeleo del departamento en donde van a vivir- respondió Estefanía con los ojos fijos en mí y una mueca en la boca. Le costaba mirarme tanto como me dolía verla a ella.
Tenemos que hablar.
-Bizarro- exclamó Felipe mientras tomaba su segundo vaso de cerveza. No recuerdo haberlo visto tomar el vaso. No recuerdo nada antes de la entrada de Ana.
-Esta noche no puede ser más rara- dije casi como un suspiro mientras intentaba encontrar a Ana. Pero alguien la había encontrado antes que yo. Catalina.
-¡NO! ¿QUIEN INVITÓ A ANA FLEMING? CHICOS, CHICOS, ¿QUIÉN CARAJO INVITÓ A LA HIJA DEL INTENDENTE A MI CASA? ¿PUEDE TOMAR ALCOHOL O SU PAPI DE MIERDA NOS VA A VENIR A ROMPER LAS PELOTAS? ¿QUIÉN TE INVITÓ ANA?-Catalina escupía las palabras como veneno de serpiente. Quienes estaban tomando dejaron de hacerlo sólo para mirar la escena. Yo estaba apretando tan fuerte las manos que podía sentir como mis uñas hacían surcos sobre mi piel.
-Nadie- respondió Ana con tanta tranquilidad y frialdad que dejó helada toda la casa de una sola palabra. La música seguía sonando, pero si en ese momento Ana hubiera sido como Carrie de Stephen King, el estéreo estallaría con sólo su voz, para dejar la habitación en completo silencio.
-Me muero- susurró Felipe mientras tomaba con fuerza mi brazo. Estaba emocionado, como si estuviera viendo un gran espectáculo.
-¡AFUERA!- chilló nuevamente Catalina y esta vez Estefanía ya no estaba junto a mí. Como una flecha fue en dirección de su amiga. Sus intentos por calmarla eran inútiles.- No, no, no. Vos no. Ella no. Necesito que se... fuera.
La tensión se apoderó de todo nosotros en ese momento. Ana no emitía palabra sólo la miraba con sus grandes ojos. Esa noche parecían aún más negros. Irreales. Y Catalina parecía desquiciada. Mis pies cedieron al fin ante el pedido de la parte razonable de mi cerebro, y se acercaron corriendo a Catalina. Al pasar junto a Ana pude sentir su perfume alrededor de ella como un halo de olor dulce. Ella no me miro. Nunca lo había hecho realmente.
-Cata basta, estás muy mal amiga. Se termina todo- le dije mientras intentaba calmarla del otro lado opuesto al de Estefanía. Nuestras miradas se cruzaron inundadas de preocupación y preguntas. ¿Cuántas cosas no sabíamos sobre nuestra propia amiga?
-Sí, que se vayan todos. Todos. Perdón... yo...-la voz de Catalina se quebró en mil pedazos como un vidrio que rompe contra el suelo de forma salvaje. Ni siquiera sonaba a la voz de ella, parecía un chirrido más propio de un gato moribundo y lastimado. ¿Qué le sucede? Y ¿Qué tiene que ver Ana en todo esto?
Estefanía empezó a gritar junto a otras chicas que la fiesta se había terminado y que el comisario estaba por llegar pronto. Mentira, pero sólo así iba a lograr que todos se fueran rápidamente. Cada persona que pasaba por el umbral de la puerta lo hacía mientras emitían comentarios sobre el espectáculo que brindó Catalina. Estaba seguro que nadie mencionaba el nombre de Ana en voz alta debido a su presencia. Toda la clase pasaba alrededor de ella como si fuera un obstáculo en el camino, sin hablarle, pero mirándola disimuladamente.
Ella no se iba. ¿Por qué?
-Me vas a decir que te pasa, que está pasando entre vos y ella- Estefanía tampoco mencionaba su nombre. Tal vez porque Ana estaba muy cerca y podría oír lo que decía o porque no sabía cómo tratar a Ana. Nadie lo sabía.
Sentí el halo de olor dulce aún más cerca. Sin darme cuenta tenía a Ana Fleming a tan sólo metros de distancia, como la había tenido millones de veces en el Instituto. Sin embargo esta vez era diferente. Toda la noche era diferente.
-Tenemos que hablar- exclamó Ana con una serenidad propia de un muerto. Ni un solo músculo facial movió a la hora de hablar. Pero por otro lado sus ojos gritaban desesperación. El primer signo vital que veo en ella hace mucho tiempo. Esa noche por fin parecía una persona con preocupaciones y sangre en el cuerpo. Había dicho las tres palabras que yo no podía pronunciar. Tenemos que hablar.
Y ni siquiera eran para mí.
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La Silenciosa Ana (NUEVO)
Misterio / Suspenso¿Cuántos secretos puede guardar una persona? Imagina todos los secretos que hay en un solo pueblo. Y todos comienzan a salir a la luz con una fiesta que no terminó como todos esperaban. El pueblo de Bluebeard se encuentra en unos de los sitios más...
