Uno punto.

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Clara se encendió el último cigarro. Estaba apoyada en la pared, con un pie sobre ella. Miraba a la gente pasar y se preguntaba cómo serían sus vidas. Cuando estaba dándole una calada al piti, lo vio girar la esquina. Después de tanto tiempo, ahí estaba él. Parecía que el tiempo no pasara por él, seguía con la misma cara de 18 años, aunque ya estuviera a punto de cumplir los 23. Llevaba el peinado de siempre y una sonrisa más apagada de lo que ella recordaba. Le dio un vuelco al corazón, pasaran tantas cosas aquel día. Recuerda la discusión, los reproches y las lágrimas de los siguientes días. Jamás pensó que pudiese encontrar a alguien como él, y mucho menos recuperarle. En cuanto empezaron la universidad, cada uno se fuera a una ciudad distinta, perdiendo todo el contacto que tenían. Ella borró su número de teléfono, quizá por miedo a llamarlo cuando estuviera borracha. Si algo la caracterizaba, era su orgullo y su cabezonería de llevar siempre la razón.

Se quedó paralizada durante un buen rato, recordando todos los momentos que pasaran juntos. Cuando el cigarro se consumió y le quemó, reaccionó. Como un impulso, buscó su nombre en google. Ahora era un famoso abogado, que volviera a su ciudad natal para ejercer allí su profesión, según él mismo relataba en una entrevista, porque siempre estuviera enamorado de esa ciudad y guardaba allí buenos recuerdos. Se preguntó si por casualidad él vendría intentando encontrarla, pero tampoco se quería hacer ilusiones. Se pasó una hora leyendo todo lo que encontró sobre él, todos los casos que consiguiera resolver a pesar de ser tan joven, historias de amor rotas, y en donde se encontraba su bufet.

No sabía qué hacer, ahora que volviera a la ciudad, lo echaba más de menos que nunca. Es cierto que nunca se olvidó de él, pero se acostumbró al vacío que su marcha le dejara. 

Y por una vez en su vida, decidió que él era más importante que su orgullo, y que pasara lo que hubiese pasado en el pasado, nada era lo suficientemente fuerte como para que no intentara recuperarle de nuevo. 

Estaba nerviosa, más incluso que el día que tuvo que exponer su tesis doctoral. Pero estaba decidida, se encaminó a la plaza del centro y subió hasta el cuarto piso. Cuando llamó a la puerta, le abrió una secretaria. En ese momento pensó que no fuera una buena idea ir hasta allí directamente, que tendría que haberlo llamado primero y concertar una cita. La mujer le sonrió, preguntándole si tenía cita. 'Mierda, he venido hasta aquí para nada'. 

-Perdone, soy una vieja amiga del abogado, acabo de enterarme de que ha vuelto a la ciudad y quería pasarme a saludar. Disculpe las molestias, lo llamaré y quedaré otro día que esté más libre con él.

-No se preocupe, en seguida lo aviso y saldrá encantado. Estos días los tiene prácticamente libres.

Le dedicó una sonrisa, la mandó pasar y llamó a su jefe. Él salió colocándose la corbata, y se quedó inmóvil cuando vio que era ella quien le reclamaba. Era la última persona que esperaba ver, aunque siempre deseó recuperarla. 

No dijeron nada durante un buen rato, se quedaron mirándose mútuamente, intentando descubrir en qué cambiaran y qué permanecía igual. Y de pronto, el brillo volvió a los ojos de los dos, y a ambos se les dibujó una sonrisa en la cara. Corrieron hasta fundirse en abrazo, como aquellos que se daban cuando a los quince años empezaron a sufrir sus primeros desamores. Él seguía oliendo tan bien como siempre, aún utilizaba la misma colonia que ella le regalara en el último cumpleaños que pasaran juntos. En seguida vinieron las preguntas. Tantos años resumidos en apenas diez minutos. Pero eran felices, y el pasado ya no importaba, ni todas las noches que se acostaron echándose de menos. Ahora era tiempo de volver a empezar de cero, de recuperar aquello que tenían.

Vuelve.Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang