Me asomo por la ventana mirando al cielo, observando las estrellas. Respiro profundamente y suelto el aire despacio. Cierro los ojos disfrutando del silencio. Disfruto de la calurosa noche de verano, tranquila, sola. Y después de tanto tiempo me siento bien. Feliz.
Abro los ojos y recuerdo todos los buenos momentos que he vivido estos últimos meses. Alejada de todos los problemas, sin preocupaciones, sin él. No puedo evitar recordar el último instante en el que le vi, y una lágrima traicionera baja lentamente por mi mejilla derecha.
Es un día de primavera en el que por la mañana hace sol y por la tarde el cielo está cubierto por nubes grises.
Estoy parada enfrente de su casa, a unos cuantos metros de la puerta. Ni siquiera sé por qué he venido. Supongo que tengo la curiosidad de que nueva mentira me va a contar. Como las que me ha contado esta mañana. Recuerdo los mensajes y una oleada de sentimientos contrarios azotan mi mente y a la vez mi corazón. Dejo atrás mis pensamientos y con pasos decididos cruzo el estrecho camino de piedras que me separa del jardín a la puerta.
Me doy unos segundos y tras suspirar, me armo de valor y llamo al timbre. Para mi sorpresa, tras unos minutos nadie abre. Maldigo entre dientes.
Justo cuando me doy la vuelta choco con algo, más bien con alguien.
- Yo... Lo siento... - empiezo a hablar cabizbaja. Ahora mis pies son mucho más interesantes que la persona con la que me he chocado. Levanto la mirada y me encuentro con él.
Le miro directamente a sus ojos, aquellos que en algún momento me cautivaron. Esos ojos, de un color chocolate intenso, que ahora me miran con un sentimiento que no puedo llegar a descifrar. Desde hace tiempo no consigo saber qué es lo que le pasa por la cabeza. Lo único que puedo vislumbrar es una mirada ausente, triste, perdida. Él se queda estático, manteniéndome la mirada. Sé que está tenso. Su cuerpo lo delata. Sus hombros están completamente tensos, igual que la mandíbula. Aparta su mirada de la mía, se sienta pesadamente en las escaleras de su casa, dándome la espalda y suspira. Intenta relajarse, soltar toda la presión que lleva dentro. Sus hombros están ahora caídos y puedo deducir que esta situación le supera.
- ¿No vas a decir nada? - le pregunto secamente.
- Creía que estaba todo dicho y bien claro, ¿no? - responde él.
- Sé que no. Te conozco lo suficiente como para saber que no es lo que piensas.
- Pues a lo mejor es que no me conoces tan bien como tú crees - responde bruscamente.
- Solo quiero que... - Empiezo a hablar, pero soy interrumpida por un susurro casi inaudible por parte suya.
- Por favor, quédate conmigo, sólo por esta última vez - dice.
- Lo siento, pero ya es demasiado tarde - contesto.
- ¿Tarde? ¿Dónde está la chica de la que me enamoré? ¿La que decía que nunca era tarde para perdonar? ¿Para amar?
- Esa chica desapareció hace unos cuantos meses - le contesto seria.- Los mismos que han pasado desde que me dejaste. - Mis palabras salen de mi boca como puñales, clavándose en los corazones de ambos.
- Yo... - intento hablar, pero ninguna palabra sale por mi boca. Mi mente está en blanco y tengo un nudo en la garganta que no me deja respirar y pensar con claridad.
- Bien, si eso es lo que piensas... - dice dolido. - se levanta y me mira. - Yo lo he intentado, he intentado arreglar lo nuestro, y sin embargo no eres capaz de decir o hacer algo - suelta.
Lo último que dice es lo que colma el vaso. Autocontrol, pienso. Respira hondo y piensa tus palabras. Puedo sentir la ola de calor que poco a poco se apodera de todo mi cuerpo. A la mierda el autocontrol.
Entonces exploto, ya no puedo más.
- ¿Y que quieres que te diga? - grito.- ¿Qué te he estado esperando todo este tiempo?¿Qué he estado bien?¿Qué cuando volverías estaría con los brazos abiertos? Pues te equivocas.
Me doy cuenta de que estamos cerca. Demasiado. Él puede notar mi respiración acelerada, por mi repentino cabreo y yo puedo notar su respiración, que al contrario de la mía, es lenta y profunda.
Mi cuerpo reacciona ante la cercanía de nuestros cuerpos y me separo bruscamente. Bajo corriendo los pocos escalones que me separan de él. Me doy la vuelta y digo:
- Te recuerdo que tú fuiste el que te largaste sin decir nada, así que ahora no intentes arreglar lo que desde hace tiempo está roto.
Él me mira a a la distancia.
Ahora intercambiamos los papeles. Él tiene la mirada vacía y el corazón roto. Yo, en cambio me vuelvo a girar y sigo mi camino, esta vez sin mirar atrás.
YOU ARE READING
Stand by me
Teen Fiction- Por favor, quédate conmigo, sólo por esta última vez.- dice. - Lo siento, pero ya es demasiado tarde - contesto. - ¿Tarde? ¿Dónde está la chica de la que me enamoré? ¿La que decía que nunca era tarde para perdonar? ¿Para amar? - Esa chica desapare...
