la de rosa

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Y hay estaba yo, mirándola enbobado, su cabello, teñido de rosado, cautivaba mis ojos, tanto como hací su pequeña nariz, sus pecas, parecía que una lluvia delicada caía sobre sus pómulos rosados, su piel, que parecía porcelana, suave y blanca, nada me impedía ir ha su encuentro, mas bien, si, un fuerza invisible me sostenía hay, sentado, con mi libreta marrón y mi lápiz color ceniza, que se movía con vida propia sobre la hoja del cuaderno, dibujando con finos trazos (y a grandes rasgos) a la muchacha, "la de rosa" con una sonrisa en el rostro, la cual, era de esperarse, no se dirigía (ni se dirigiría) hacia mi.

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