Parte 1

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Caleb no sabía cómo es que se había metido en esa situación, Rommel estaba frente suyo, pero no lo miraba y él tampoco, pero de haberlo hecho, seguramente habría visto una cara de horror en él. Frente a ellos, el enfurecido padre de Rommel había entrado a la casa justo en el momento exacto en que ellos por algún extraño impulso unieron sus labios en un beso. Fuera lo que fuera que ocurriría, no era para nada bueno...

De algo podía estar seguro y es que el destino estaba destapando una nueva jugada, tal como hacía tiempo cuando conoció a Rommel o todas las cosas que habían conllevado a conocerlo.

Había sido un día de otoño del 2014 cuando se habían mudado ahí, en esa fea vecindad en el centro, la zona vieja de la ciudad, donde las casas parecían caerse a pedazos de tan sólo mirarlas. En un segundo piso, tras una portezuela azul marcada con el número 11 se hallaba su nuevo hogar, el de su madre, su hermano mayor y un año más tarde el de su tía. Caleb tenía para aquel entonces 13 años, y no comprendía muy bien cómo de haber tenido una linda casa con varios metros de jardín al frente y atrás, habían terminado ahí. Pero había muchos hechos que se relacionaban, unos meses antes, su abuelo Faustino murió, y durante un tiempo sus padres no hablaban de otra cosa más que algo sobre la inversión del dinero de la herencia, su padre que era de Massachusetts, Estados Unidos, mencionaba muchas cosas sobre la inversión para comenzar una cadena de restaurantes en Arkansas con ayuda de un viejo amigo, y sobre la idea de que quería llevarlos a vivir allá, recordaba que semanas enteras pasaron empacando las cosas de la casa, clasificándolas de frágiles o sumamente frágiles, su padre también empacó sus cosas, y según el plan, él se fue primero para arreglar la compra de una casa en Arkansas y todo lo necesario para vivir allá, hasta ahí todo bien, sólo que jamás volvieron a verlo. Su madre lloraba muy a menudo después de eso, decía que estaba quebrada, que no tenía ni un cinco, que no tenía padres a quienes acudir, que aquel hombre con quien se había casado no era más que una rata. Bajo esas circunstancias y tras un embargo bancario por una gran deuda, cortesía de su padre, al poco tiempo después se mudaron ahí.

Ahora dos años más tarde, su madre todavía lloraba a veces, sola en su habitación, podían oírla porque la casa era tan pequeña y las paredes tan angostas que incluso escuchaban cuando los vecinos discutían, prendían o apagaban el televisor o encendían la radio. Su tía abuela Adela, el año pasado llegó a vivir con ellos, tal vez debido a que su esposo había muerto, y la casa le pertenecía ahora a los hijos de este, en fin, no tenía pensión alguna pues nunca trabajó, pero se dedicaba a cuidarlo como una abuela, era agradable tenerla cerca ya que su madre rara vez estaba en casa, y no decir de su hermano Aarón, el cual le llevaba casi tres años, quien según su tita Adelita parecía estarse metiendo en malos pasos. Cada vez era más grosero, muchas veces llegaba de madrugada, otras no llegaba, pero cuando lo hacía olía a cigarro y alcohol.

Pese a todo, Caleb no perdió el año en su secundaria y después de que su madre lo cambió del colegio la terminó en una escuela de gobierno, donde jamás se esforzó por hacer amigos, luego lo inscribió en la preparatoria técnica donde estudiaba el primer año y comenzaba a repetirse la misma historia.

Probablemente si un psicólogo hubiera estudiado a Caleb, habría determinado que tenía cierto grado de depresión, y debido a lo sucedido con su padre, un terrible miedo al abandono. Habría dicho que toda la familia tenía que ir a terapia tanto junta como por separado, poco a poco quizá las cosas habrían empezado a fluir, los sentimientos a desahogarse y el psicólogo a cobrar caro por sus servicios... Pero ese nunca fue el caso, y Caleb jamás había desahogado eso que sentía, era como una gran laja de piedra sobre su espalda, estaba pesada, pero era suya, terriblemente suya.

Cierta mañana antes de salir de su casa, decidió comer un emparedado que había en el refrigerador que se veía bastante bien, pero que le sentó bastante mal. Todo el día en la escuela, tuvo nauseas, y muchas ganas de vomitar, además de esa horrible sensación de tener el estómago revuelto y la presión baja.

Malos CaminosTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang