No soy una chica de las que te encuentra en los parques o cines cualquier fin de semana, no, soy de las que se quedan en su casa los fines de semana inventando y creando cosas. Progresando a fin de cuentas. No soy superdotada pero tengo talento para ciertas cosas como: experimentos, repostería y costura.
Pero claro, había algo que se me daba mejor que todo... doblar papel. Suena gracioso, lo sé, me refiero al origami, tonta de mi. He hecho cisnes, dragones, carteras, pelotas, etc... pero mis favoritas son las adivinas de papel. Las tengo de todos los tamaños y colores, con profesiones, colores de la suerte, gemas de la suerte, le gustas o no y cosas así.
Pero aunque tengo tantas nunca dejo de hacer más, por lo menos tres a la semana, y esta misma semana he hecho cinco, aunque apenas llegara a casa haría la sexta.
-¡Ya llegué! -grito sonoramente corriendo a mi cuarto.
"cierto, mujer, no hay nadie en casa" pienso mientras saco un cuadro de cartulina blanca y enciendo mi mp3 con la canción "paradise city" de Guns 'n' roses. Me siento frente a mi escritorio y comienzo a doblar por aquí y por allá dejando una adivina casi perfecta. Dibujé los números del 1 al 8 con extrema pulcritud en los espacios que correspondía y dejé los espacios de adentro en blanco para luego decidir que poner.
Me puse de pie y fui corriendo hacia el baño y a los pocos minutos salí más fresca. Miré la adivina y comencé a moverla con mis dedos para probar si funcionaba bien.
-Escojo el cinco - murmuró hacia mí mientras pensaba si mi hermana menor y mis padres tardarían en llegar.
Abrí la adivina en el número correspondiente y me sorprendí al ver una frase escrita con letra pulcra y tinta color rubí muy brillante:
"Tu familia no tarda en llegar. Aguarda una sorpresa"
-Que ... extraño- Murmuró mirando la pequeña alianza de pliegues en mi mano. Oí la puerta abrirse y cerrarse seguido de unas risas.
-¡Ya estamos en casa!- gritó mamá en el piso inferior. Miré a la adivina con el ceño fruncido y ladeando la cabeza.
-¡ya bajo!- grité poniéndome de pie y saliendo de mi habitación con el corazón palpitando al extremo. Bajé las escaleras rápido y me encontré con mi familia reunida al pie de la escalera con una linda bolsa pequeña en manos de mi hermana menor.
-¿Qué es eso? preguntó con curiosidad pero aun pensando en lo que había pasado hace un rato en la habitación.
-Ábrelo, Hannah.- Dijo Christa, mi hermana menor con entusiasmo. Abrí la pequeña bolsa que aun seguía en sus manos y encontré una llave de lo que parecía ser un auto.
-¿me compraron un auto?- dije con dificultad mirando la llave con una sonrisa inmensa en el rostro.
Todos asintieron y caminamos a la entrada de la casa. No era un auto de moda pero por lo menos era nuevo y hermoso, con un lindo color plata y ventanas un poco oscuras. me giré para verlos y los abracé con algunas lagrimas cayendo.
-¿puedo ir a dar vuelta con él?-pregunté separándome de ellos.
Mamá y papá se miraron haciendo preguntas el uno al otro con los ojos. Al final papá asintió y yo salté de la emoción.
-ya vuelvo voy a ir a buscar mi chaqueta. - dicho esto y sin esperar respuesta corro a mi cuarto y tomo la linda chaqueta color rosa crema de la cama. Miro al escritorio y al final tomo también la adivina y bajo las escaleras rápido mientras me coloco la prenda encima.
Ya todos habían entrado a la casa y cada un se ocupaba de lo suyo. grité una despedida y entré al auto. encendí el motor, que ronroneó de inmediato y pisé el acelerador directo a la tienda de comestibles más cercana.
Necesitaba un dulce, creo que ya había sobrepasado el limite de emociones por hoy. la adivina todavía seguía en mi bolsillo y yo trataba de no romperla ni maltratarla por alguna razón. Conduje varios minutos hasta llegar a la tienda y parqueé el vehículo en la entra del lugar. Saqué la pequeña adivina y la revisé buscando la frase que me había mantenido pensando los últimos minutos.
Nada, absolutamente todo estaba limpio. pensé en algo que preguntarle, de verdad que ya estaba enloqueciendo, hablarle a un pedazo de papel. que estupidez.
-¿compro chocolate blanco o chocolate oscuro?- murmuré a la adivina haciendo la pregunta más estúpida de la historia de la humanidad.
La adivina no mostró ninguna frase hasta que moví las pestañas un numero de veces:
"¿Realmente quieres saberlo o solo estas bromeando?"
reí involuntariamente.
-eres un pedazo de papel y pareces ser más inteligente que yo. -pronuncié riendo.
volví a mover sus pestañas y otra frase apareció:
"si tu lo dices... ¿no quieres preguntar otra cosa?"
hice una mueca tratando de pensar que podría preguntar.
-¿vienes del más allá?-pregunté temiendo las respuesta.
moví de nuevo sus pestañas y esperé la respuesta.
"Totalmente"
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Limbo
Short StoryHannah Masen es una chica cualquiera con una vida normal hasta que llego un chico que viene a destruir todo como lo ha conocido siempre, mostrandole que todo lo que ha vivido es simplemente una ilusión... mostrandole que no existe
