capítulo I

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La oscuridad en la habitación no le molestaba, bajo las mil cobijas se encontraba en posición fetal.

¿Cuánto tiempo había pasado de aquello?, uno o dos años quizá, unas semanas, unos días, unas horas. El tiempo se había detenido desde que sus suaves labios murmuraron un lamento

Sollozo por, ya había perdido la cuenta. Y, es que su vida se había resumido a solo tres cosas; lamentarse, asearse y trabajar.
Se levanto arrastrando los pies, aún en pijama pese a ser más de medio día, tomo un vaso y vertió agua, se mantuvo mirándole por un tiempo. una nueva actividad se había sumado a su día

Se sentó en una de las sillas de madera y recostó su cabeza sobre la mesa, el líquido transparente le reflejaba.
Un patético tipo que no pudo retener a quien amaba por ser aburrido, a palabras de su ex

aún recordaba aquél momento, como si su alma hubiese salido de su cuerpo y se sumaba como espectador.
Verse ahí, arrodillado frente al rubio le dolía, quemaba. sus manos deteniendole y murmurando —no hagas esto, otabek .—

sentir la caja en su bolsillo era como si empuñara una navaja por el lado filoso, recordaba como su cerebro pausó y el como llegó a casa había sido un extraño misterio que poco importo
El timbre a lo lejos le hizo parpadear, aún con la mirada en el vaso espero que a este le salieran piernas y brazos, que atendiera la puerta. Que le gritara a quien fuera que se largara lejos, que nunca vuelva

Aquéllas palabras que deseaba gritarle a los recuerdos, volver a ser el mismo

— ¡buen día! — una voz alegre y acento marcado, le saludaron desde la sala —otabek, tu casa es...apesta a humedad

No se molesto en responder, se levantó con suma lentitud y caminó hasta la sala, el hombre peliplateado sonrió aun más

— Víctor, ¿que haces aquí? —pregunto en un murmullo, que más bien parecía un sollozo

—necesito un favor .— sonrió —y, tu necesitas salir de la depresión así que...—

se encogió de hombros y otabek creyó ver una delgada línea rojiza pasar por esas pálidas mejillas

—cuidaras del pequeño hamoru .—

—¿que?, pero si yo nosé nada de ni...—

y antes de que pudiera justificarse el teléfono del ruso sonó

— ¡ah!, yuuri, si otabek aceptó. Ya voy para el aeropuerto, adiós cerdito .— suspiró tras terminar la llamada y observó al kazajo con una sonrisa — solo será por un par de semanas.

Desvío la mirada al bulto que intento ignorar envuelto en una frazada azúl, su amigo cargaba una mochila blanca llena de conejos y osos felices

—victor, no creo que sea buena idea .—murmuró

—otabek .— respondió con reproche, el nombrado tomó al niño en brazos. Quizá en algún momento su padre se lanzaría al suelo a hacer una rabieta

El pequeño le miraba con seriedad, otabek creyó que podía ver su alma y lloraría en cualquier momento.
Más grata fue su sorpresa cuando el pequeño río mostrando una pequeña linea blanca saliendo de sus encías, sus labios se curvearon levemente

—si llora sólo, muestra le una imagen de yuuri, babeara tu celular...prometo comprarte uno.—

Sonrió —nos vemos en dos semanas bebé .—pellizco la mejilla de su hijo y observó al pelinegro con seriedad —si le ocurre algo te quedarás sin descendencia.

Tras amenazarle, suspiró

—yuuri dejo unas indicaciones en la pañalera, recuerda que aún no come cosas solidas, apenas tiene un año. Adiós — salió con una sonrisa, alegre de poder ayudar a su amigo 

Otabek observo al pequeño en sus brazos, quizá no era tan malo como pensaba

Otabek + Bebé = DesastreHistórias para pegar e não largar. Descubra agora