[My first feelings of love]

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En un día caluroso de verano, cuando los rayos del sol tocaban el agua de la playa.

Se veía en el fondo de la caverna a una niña morena con cabellos ondulados celestes, de unos trece años.

—Maldita Mal— estaba tratando de sacar el olor de su cabello una vez más. El olor se había ido, pero todavía quedaba un poco.

La marea estaba desbordando, traía algunos caracoles y maleza. Cuando el agua chocó contra las piedras mojo gran parte de la vestimenta de la chica. Vio como la marea traía un sombrero pirata, tenía el símbolo de la tripulación del Jolly Roger.

Lo sostuvo y comenzó a limpiarlo, tenía una caracola atorada por su funda, al sacarla se dio cuenta que la tela estaba rota y desprendía un poco de sangre. Fue en busca de su bolso, ahí traía algunos cachivaches que podrían ser útiles para repararlo.

—Está demasiado manchado— coloco parches y la pluma blanca que tenía estaba rota, la parte que seguía pegada tenía lodo. No podía ser salvado, lo arrancó.

Terminó de limpiarlo y guardo el sombrero pirata en su bolsa. Sus pantorrillas estaban cubiertas de lodo, la tela que cubría sus piernas estaba totalmente desgastada.

—Tendré que hacerlo— saco unas tijeras comenzando a cortar su pantalón, ver sus piernas le traía un gran complejo tal vez más de lo que todos la llamaban Uma camarón. Ella no tenía tentáculos como su madre, siempre creyó que era culpa de su padre que era un simple humano que murió.

No podía hacer hechizos por la tonta barrera que cubría la isla, aunque quisiera no podría controlarlo porque nunca pudo hacerlo. Como todos los que nacimos en este lugar donde la comida escasea, no hay agua limpia ni wi-fi. Siempre la pequeña bruja se preguntó si en Auradon estaban los buenos y porque dejaban que ellos vivieran en una situación tan deplorable, si era para mantener el equilibrio entre villanos y ellos era una razón injusta.

Camino hacía la luz donde se podía ver el mar y una parte de las tierras de Auradon. Pero algo distrajo su vista y era nada más que el hermano de Harriet, Harry, ambos hijos de Garfio. El chico que siempre estaba sólo, sin ningún secuaz como otros villanos. Estaba tirado sobre la maleza, su sangre que se desprendía de su cabeza pintaba gran parte de la arena y el lodo que estaba a su alrededor. Lo dejaría para que se lo coman las gaviotas o algún cocodrilo que estuviera por ahí, no cargaría con la muerte de alguien, aún no.

—Ayúdame— escucho una voz débil provenir del pirata, ella lo miro extrañada, desde cuando un villano pedía ayuda y peor aún, dejarse ver miserable por otros. Siguió su paso para ir a Dragon Hall, donde ya llegaría tarde por distraerse con un sombrero pirata y sus piernas que no son tentáculos.

Sintió una fuerza agarrando su pierna jalándola hacía abajo, hizo que se cayera, su cabello limpio se manchó del lodo y su ropa también había sufrido el mismo destino. Se había golpeado la espalda un poco no podía moverse mucho, en su pierna seguía sintiendo un peso, pero ya no era una mano que la sujetaba si no una pierna con muchos moretones y una cicatriz que cubría la parte trasera. Sentía un peso encima suyo, al voltear vio unos ojos celestes que la miraban con curiosidad. La sangre bajando por la frente del chico cayendo en el cabello de la pequeña bruja no había sido una distracción para que se observaran con curiosidad. Él comenzó a acercar su mano al pelo de ella, pero antes de hacerlo dudo un poco, pero logró tomar un mechón y lo acercó a su nariz. Comenzó a oler y sonrió.

—No hueles a camarón— un gran silencio se formó

La pequeña bruja estaba desentendida no lograba comprender porque le olía el cabello y había llegado a esa situación donde se sentía acorralada por el pirata.

El día que nos volvimos amigos [Descendientes] | One-shot |Des histoires addictives. Découvrez maintenant