Me levanté cansada, con los rayos del sol incidiendo en mi rostro. Hoy era el día, el día que de nuevo me mudaría, me preguntaba cómo irían las cosas por la isla, cómo estaría mi padre, si tendría pareja... Me hacía ilusión regresar a Tenerife, pero, ¿era de verdad lo que quería? Solo estaba segura de cuánto echaría de menos a mis amigos y a mi madre.
- ¡Natalia, despierta que llegaremos tarde! -vociferó mi madre sacándome de mis pensamientos.
- Voy mama.- dije levantándome con pereza de la cama.
No podía perder el vuelo, mi madre me mataría. Tarde o temprano me tocaría asimilar que mi vida cambiaba así que me metí en la ducha sin pensarlo mucho y cuando salí me puse un pantalón corto de color negro y una camiseta de tirantes sencilla ya que estábamos a finales de verano y allí haría más calor que aquí y por último unas zapatillas blancas las cuales tenía desde hace bastantes años. Me peiné y me sequé mis 77 cm de pelo cobrizo y cuando estuve lista baje a ver cómo iba mi madre.
-Ya estoy mamá.- dije observando a mi madre y como preparaba los últimos detalles para el viaje.
Notaba en su expresión como disimulaba su tristeza, sabía que me echaría de menos, igual que yo a ella, pero no había otra solución.
Ya está todo listo.- dijo con tristeza ella.- ¿Segura de que no te olvidas nada?.- dijo, a lo que yo sonreí con tristeza cogiendo mi maleta y llevándola al coche.
Una vez dentro, encendí la radio, no le presté demasiada atención a la canción que sonaba puesto que solo podía pensar en mi madre. Ella estaba incómoda, no nos quedaba demasiado tiempo juntas y era difícil... Todo sería difícil una temporada, hasta que me acostumbrase a vivir en la isla y con mi padre. Me puse a mirar el paisaje tras la ventanilla, recordando la última vez que me mudé. Tenía unos nueve años...
Vivíamos los tres en Tenerife, al principio todo estaba bien pero era innegable como con el paso de los amos mis padres se volvían más fríos e infelices. Yo notaba las discusiones, como mi madre lloraba por las noches y mi padre perdía la ilusión, y dormía en el sofá. Mi madre decidió que no aguantaba más en esa casa y se marchó conmigo, separándome de mi padre. No juzgo a mi madre y no culpo a mi padre, pero llevo muchos años sin verle a la cara y ahora que soy más mayor me gustaría entenderle mejor.
Llegamos al aeropuerto, ahí me encontré a mis mejores amigas las cuales corrieron a abrazarme con entusiasmo pero también con tristeza. Cuando me dejaron algo de espacio, pude fijarme que en la distancia, apoyado contra la pared y las manos en los bolsillos, me esperaba Jake, mi novio. En cuanto lo vi mis ojos se iluminaron y salí corriendo hacia él. Llevaba una sudadera roja, unos vaqueros que le llegaban hasta las rodillas y unas zapatillas blancas ya desgastadas. Él siempre vestía tan bien, yo le envidiaba por ello, vestía mejor que yo en ocasiones.
Me separé de él y le besé la mejilla, su rostro me decía que había estado llorando.
- Hola.- saludó Jake.
- Hey... -conteste yo arrastrando mis palabras.
Escuché mientras a la encargada llamando a los pasajeros para que comenzasen a entrar en el avión.
- Te voy a echar tanto de menos...- dijo con melancolía en su tono de voz.
- Y yo...- dije con lágrimas empezando a brotar de mis ojos.- te quiero Jake.- le mire forzando una sonrisa y le abrace por lo que parecieron horas. Esto iba a ser muy duro.
Sabía que le echaría de menos, más que a nadie, supongo que era porque siempre había estado ahí para mí.
- Adiós hija, cuídate. -susurró mi madre, empujándome para que entrase al avión.
- Hablaremos todos los días, te lo prometo, las cosas no serán igual pero seguiré cuidándote, y pronto iré a visitarte...
Cuando mi mano se separó de la de Jake y me alejé de su lado, me sentí algo mas vacía. Sujete con fuerza mi colgante, siempre lo hacía cuando me ponía nerviosa, era ya costumbre, me tranquilizaba saber que lo llevaba conmigo.
Todos los pasajeros embarcamos y cuando me encontré sola en el avión... Intenté recordar la isla, pero solo me venía a la cabeza aquel chico.
Recordé la última vez que me despedí de él...Tenía nueve años, había quedado con él en la playa, mis padres me acababan de decir que me tendría que mudar... Todos los días quedabamos a las diez junto al embarcadero en la playa, ya que ambos vivíamos cerca. Cuando llegué a la playa, no le veía por ningún lado, entonces me senté al lado de una pequeña barca que descansaba sobre la arena. Derrepente sentí unos brazos que me abrazaban por detrás, reconocí su olor al instante, era él.
- Hola. -me dijo entusiasmado.
- Hola... -respondí con tristeza.
- ¿Que te ocurre? -preguntó preocupado al notar que estaba a punto de llorar.
Le conté todo lo que había hablado con mis padres, él se quedó impactado, su sonrisa se apagó, y no le culpo, todo fue tan repentino.
Pese a que no me acuerdo con detalle del resto de la conversación... Sé que tras despedirme, él se quedó pensativo, no quería dejarme ir aún. Se quitó el colgante que siempre llevaba consigo, lo observó en la palma de su mano.
- Este colgante... Es lo único que conservo de mi madre... Y quiero que te lo quedes tú, y cada vez que lo mires, que me recuerdes y sepas que sigo contigo estés dónde estés.
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Ahogándome en tus instantes
RomanceCuánto más intento olvidar... Más imágenes aparecen en mi mente, de esas noches frente a la orilla del mar, de una cálida brisa agitando mi pelo... Pero sobre todo, de sus ojos. El tiempo pasa, mas yo sigo aquí, recordando esos instantes en los qu...
