En éste momento les voy a contar una historia sobre un pianista, y como toda historia hay que empezar por el principio.
Era un chico de 16 años, pelo color negro como la noche y muy simpático. Como cualquier chico a su edad buscaba un amor sincero, era de esos chicos que se encontraba uno en un millón, que miraban el interior antes que el exterior, que actuaban según su corazón. Eventualmente, sintió atracción a una que otra chica que llegaba a su vida, se guadaba muchas palabras que demostraban que amaba como ningún otro, yo no podría decir todo el dolor que soportó al darse cuenta que la chica a la que amaba no buscaba nada de amor, solo diversión. Entonces pensó, ¿De que sirve un buen corazón si nadie quiere su amor?, se partió en dos al darse cuenta que aquellas chicas de su edad siempre se enamoraban de los populares, de aquellos que tenían a todas las chicas enamoradas. Entonces dijo al cielo "Maldito mundo que no albergas mi ideal del amor, basta de sentir dolor...por siempre" y así fue como su corazón se apagó, pasó de ser una braza ardiente a solo una roca dura, de color negro, frío y sin sentimientos. Con el corazón partido de forma irreversible buscó refugio en algo más que en las paredes de su casa y fue en ese momento en el que recordó el piano de su sala, era hermoso para un verdadero amante de los piano de cola, era de color negro marfil con molduras que simulaban al oro, solo bastó con tocar una nota para darse cuenta que esto era lo que quería.
Después de mucho tiempo se convirtió en un pianista muy reconocido, tocaba el piano como si fuera una deidad y tenía a todas esas chicas enamoradas ahora con él. Rió, sabía que no estaban enamoradas de él, si no de su fama. Podía tener cualquier chica que él quisiera, pero ya era tarde, su corazón ya no latía más allá de una frecuencia normal, su corazón había dejado de arder y ya no sentía empatia por nadie.
Era una noche oscura y fría, estaba caminando por las calles de la ciudad donde vivía y se cruzó un gato negro de ojos celestes que lo quedó mirando, él rió levemente y lo único que se vio fueron dos luces y su cuerpo tirado en el suelo con los huesos rotos, parece que por fin había llegado su hora, la hora de desvanecerse de ese mundo que hizo un vacío en su pecho y solo le había causado dolor. Al día siguiente fue su funeral, lo colocaron en el ataúd con el frac que utilizaba en sus audiciones, el cadáver tenía una sonrisa y pensaron que se había ido sin arrepentimientos, pero nada más lejos de la realidad, colocaron él ataúd en el fondo de una zanja, lo taparon de tierra y pusieron una lápida que decía su nombre, fecha y su epitafio, "Dedos de oro, corazón de carbón".
YOU ARE READING
Dedos De Oro, Corazón De Carbón
Short Story"El carbón es más que un mineral. Es un corazón que debe ser presionado por el amor hasta convertirse en un diamante"
