Club de los Solitarios.

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Entonces, tenía este fantástico club. El club de los solitarios. No podía haber un mejor club de los solitarios que un club de una sola persona, ¿cierto? Bueno, esa era yo, la única integrante del club de los solitarios oculta en el resguardo de mi habitación, comiendo helado hasta hacer posible una sobredosis de azúcar, y no podía ser más feliz en el mundo.

Bueno, en eso estaba mintiendo. Sería bueno cambiar el nombre del club a "club de los solitarios y mentirosos". Me quedaría como anillo al dedo. Lo cierto es que no era un club por diversión o alguna mierda. Solo era intensa y jodida envidia. Va, que había leído este libro llamado el club de los incomprendidos, que descubrí hace un tiempo y fui lo suficientemente idiota para compartirlo con mi mejor amigo. Mejor amigo que estaba en un curso distinto al mío, junto con el resto de mis amigos.

Un álbum en Facebook me hizo verlos a todos ellos posando sonrientes para la cámara, con "el club de los incomprendidos" como título. Sí, como poco, me sentí rechazada. Mucho más cuando fue fácil ver que yo no estaba incluida en su querido club.

Entonces pensé "jódanse", compré helado, y decidí ver orgullo y prejuicio a pesar de aún no haber tenido los ovarios para leer la novela. ¿Resumen? Mi club debería llamarse "club de los envidiosos y rechazados". Si seguía cambiando el nombre del club, pronto elegiría no ser parte ni de mi propia soledad.

Agh.

Pero como todo no puede ser de esa manera en la vida, y si seguía comiendo como hipopótamo me convertiría en uno —juro que es endemoniadamente difícil mantener una figura de yoga—, pues debería empezar a hacer algo con mi triste club.

¿Tal vez conseguir algún integrante aparte de ti, Naomi?

Erróneo, respuesta incorrecta.

Lo que debía empezar a hacer era encontrar nuevos amigos.

¿Crees que eso es tan fácil como parece?

Esnifé una chispa de chocolate por accidente, casi atragantándome con mi saliva.

¿Te das cuenta? No puedes ni lamentarte sin ser lamentable.

Cállate, cerebro. No puede ser tan difícil hacer nuevos amigos. Mis pseudoamigos lo hacen todo el tiempo, ¿por qué yo no? Claro, porque yo no estoy en su asqueroso club, pues adivina qué, yo tengo el mío propio.

Sí, del que nadie sabe.

—¡Shhh! Santos cielos, ni siquiera mi mente me apoya en lo que decido —me quejo.

Quizás porque es una idea condenadamente mala. Deberías aprender a escucharme.

—Como si fuera a empezar a hacerlo ahora.

De acuerdo, entonces, estábamos diciendo sobre buscar nuevos y mejores amigos. ¿Cómo se logra eso? Creo que mi plan tiene más huecos de los que pensaba. Tarareo los dedos pegajosos de helado por la barbilla, pensativa. No hay mucho que pueda hacer sin salir de casa, excepto perder mi tiempo en Pinterest y Tumblr.

Chasqueé los dedos. Esa es la solución. No Pinterest o algún usuario deprimido de Tumblr, claramente, sino redes sociales. Esa es la clave para hacer nuevos amigos. Después de todo, son para eso, ¿no? Podía hacer eso desde casa y no tendría que dar por terminada mi tarde de devastación y desconsuelo.

Ese era un buen nombre. Club de la devastación y el desconsuelo. Pensaré en ello antes de hacer un cambio de nombre oficial.

Sherlock, no me parece buena idea lo que intentas hacer.

Silencio, Watson.

Entonces, redes sociales. No era un mal inicio, si no pensaba que jamás había hecho un amigo por internet. Todos mis amigos venían conmigo desde prescolar, prácticamente y no había tenido necesidad de conocer gente nueva a lo largo de los años; si me dices que me hicieron falta conocidos en mi preadolescencia, mi respuesta inmediata será no. Porque obviamente, no fue así, mis cinco u ocho amigos fueron suficientes durante todo el tiempo en el que tuve memoria junto a ellos, hasta que me excluyeron con tanta frialdad de su club.

Tal vez eso fue lo que me hizo doler más. Después de todo, eran lo único que yo tenía, y ellos se tenían entre ellos, y era lógico que yo no hacía falta en la ecuación. Así que, por qué no tomar mi portátil y empezar a buscar gente de mi agrado en Facebook. De cualquier forma, no tengo nada mejor que hacer, aparte de lamer mis heridas abiertas, como lo había hecho durante las últimas tres horas mejor desperdiciadas de mi vida.

Ingreso correo y contraseña, ambos sueltos con típicas frases de lo que yo llamo mierdas al azar, que no es nada menos que un correo que abrí cuando estaba en quinto de primaria, y un puñado de teclas lastimadas por mi gata cuando estaba creando mi cuenta.

Tú dirás, cada loco con su tema.

Nadie dice eso, Naomi.

¡Silencio, cerebro entrometido!

La página carga con toda la lentitud que puede tener un sitio web, tipeando el lugar a medias. Debo reintentar tres veces antes que se presente la página de inicio, mostrando mi solitaria bandeja de mensajes, mi más que vacío buzón de solicitudes y mis cero notificaciones.

Pues claro, tienes trece amistades, y tres de ellas son tus profesores.

Ruedo los ojos. —Ellos me ayudan a encaminarme a la universidad, no es malo tenerlos en Facebook.

Lo es cuando están bien pasados la treintena.

Lo que sea. Voy al recuadro que dice encontrar amigos, un aviso que se supone que se desvanece cuando tienes suficientes agregados. Creo que Facebook ha estado tratando de decirme algo por mucho tiempo, y yo no estaba viendo. Ya, hasta las maquinas tienen procesos neurológicos mejor potenciados que los míos.

Se supone que lo más razonable sería empezar asocializar con la gente que se presume, estudio. Bueno, no es un mal plan paraser el primero que se me ocurre. Empiezo a enviar solicitudes de amistad a cadacara conocida que veo en fotos de perfil y nombres conocidos que pudiera haberescuchado en clases, en alguna conversación al azar. Sin embargo, estoy muysegura en ser rechazada en la mayoría de esas solicitudes de amistad, además deuna demanda de Facebook por hacer uso incorrecto de sus términos de seguridad yprivacidad.

Clubes en el Instituto.Where stories live. Discover now