-No estés nervioso, no estés nervioso...- Canturreaba mientras daba vueltas a la estancia en la que me encontraba. No era muy grande, ni estaba bien amueblada. De hecho, no tenía muebles excepto una mesa pequeña que se localizaba en el centro de la estancia. Parecía una celda, más que el vestuario que se suponía que era. Una habitación de ladrillos de piedra, cuadrada, y, lo único que destacaba en las paredes era una puerta de rejas, que ocupa toda la pared este. Dentro de poco esa puerta se abriría y la estúpida espera acabaría.-Lo has hecho muchas veces. sales, peleas, ganas y te vas. Sencillo.
Ah, se me olvidaba. Soy John Ertuer, hijo de Tremel, un héroe nacional. Yo era más bien lo contrario que mi padre,era uno de los delincuentes más buscados de la historia de Morann. También es cierto que en Morann no hay ni ha habido muchos delincuentes, por lo que no es difícil llegar a los 10 más buscados.
El caso es que estaba yo a punto de salir a la arena de batalla más famosa del país, para luchar contra el otro finalista del torneo anual llamado Uno menos. Me imagino que ya habréis adivinado de que va el torneo. Batallas uno contra uno, en el que uno gana venciendo al otro, normalmente matándolo. Pero también está la opción de perdonar la vida al adversario, pero es un método más complicado para ganar, porque el contrincante muerto se resiste menos, os lo puedo asegurar. Yo prefiero no quitar vidas, pero a veces es inevitable.
Por supuesto, estos enfrentamientos son completamente ilegales. No tengo más que decirte que el dinero que te dan por ganar el torneo (100.000 entradas(la moneda de La Tierra Verde) ricas) es robado. Hace dos años los guardias de la ciudad entraron en la arena y se liaron a detener gente. Esos guardias tampoco es que duraran mucho en la arena, todo hay que decirlo.
En ese momento, se abrió la puerta. la multitud vitoreó, gritando los nombres de los dos competidores
-Jooooooohn
-Eeeeeeeerd
Erd es probablemente el tío más corpulento que hayas visto en tu vida. Esto ya lo sabía yo, puesto que no es nuestro primer encuentro. Hemos tenido ya varias peleas, puesto que vivimos los dos en la ciudad de Morann y a él no le gusta que robe en su barrio. Normal, a mi no me gusta que roben en el mío, pero no puedo evitarlo. En su barrio mola más, porque además de evitar a los guardias, hay que evadir a Erd. Eso le da su puntillo de emoción
Entonces sonó la señal. El combate había comenzado oficialmente, y debía luchar. Había ganado este torneo más veces, pero a pesar de ello estaba temblando. Nunca había luchado contra Erd en un lugar sin vías de escape, sin edificios o paredes a las que subirse para esquivar sus golpes, certeros y letales. Pero es cierto que yo era más rápido que él, lo que me otorgaba cierta ventaja sobre mi contrincante.
Él venía a la carga, con un hacha de doble filo levantada sobre su cabeza. Iba gritando algo sobre cabezas que ruedan, un tema realmente curioso, pero no le presté mucha atención, puesto que en ese preciso instante tuve que esquivar un hachazo. Contraataqué con un mandoble de mi espada, corta pero ligera, en el que alcancé su brazo derecho, que empezó a sangrar. Aulló de rabia y dolor, e intentó golpearme con su pesada hacha. Por suerte, su arma era demasiado pesada y tardó en golpear el tiempo justo para que pudiese apartarme de su trayectoria. Volví a aprovecharme de la inercia del golpe de Erd para asestar otro golpe. Por desgracia, esta vez se me adelantó y desvió mi espada con la empuñadura de su hacha, golpeándome a su vez con uno de sus filos. Grité, en parte de dolor y en parte por la frustración de haber perdido mi arma al soltarla a causa del dolor. Ahora si que la había piciado. El público quedó mudo por uns instantes, mientras Erd se reía malvadamente.
-Jajajajaja, sin tu espadita no eres nadie, ¿verdad?-Dijo en tono burlón.-¿Qué vas a hacer ahora, Johnnie? Jajajaja.
Estas palabras me proporcionaron el tiempo justo para pensar en un plan que me permitiese recuperar mi espada.
-Oye, Erdie, ¿sabes cómo te llaman entre los ladrones?
-¿Ehhhhh?
-La bola Erdie, es un buen nombre, ¿verdad?
Entonces fue cuando gritó y atacó. Su hacha se clavó en el suelo de arena, hundiéndose más de lo que Erd pretendía. Por esta razón es por lo que no conseguía levantarla de nuevo. Aproveché para saltar y darle una patada en el codo, doblándoselo en un ángulo extraño. Gritó de dolor. Corrí hacia mi espada
-Morirás, hijo del averno, ¡MORIRÁS!, como muchos antes que tu.
-Verás bolita...
-¡No me llames bolita!- Bramó
-...Mañana me toca robar en tu barrio, así que procura no matarme. Me fastidiaría mucho perderme esa sesión de robo, es una de mis favoritas. Además, ¿a quién vas a intentar matar sin éxito todas las semanas si yo ya no estoy?
-¡Aaaaaarg!
Me atacó, dejando su hacha de lado. Aunque no contaba con eso, no me venía mal del todo. Yo tenía espada y el iba desarmado, por lo que yo tenía ventaja. Salté para caer en su espalda. Si te digo la verdad, era más épico en mi cabeza, pero funcionó, que es lo importante. Le di una patada en la nuca y cayó al suelo, aturdido. Le apunté al pecho con la espada.
-¿Te vas a rendir ya? Pensé que serías un reto mas a mi nivel. Me has decepcionado.- Intenté sonar calmado, seguro de mí mismo, a pesar del cansancio y del miedo que había pasado.
- Y tenemos un nuevo ganador, ¡¡¡John Ertuer!!!- La multitud vitoreó y gritó mi nombre. La euforia me inundó, dejándome renovado y aliviándome el dolor. Cuando fui a recoger el premio, todo el mundo vino a felicitarme por mi victoria, y algunos a decirme que por mi culpa habían perdido sus apuestas, y que lo pagaría. Una vez recogido el premio, me marché de la arena, camino a casa. Entonces me crucé con un vagabundo. Me miró y se me acercó, sin decir nada. Manteniéndose en silencio, me agarró del brazo y me apartó de la vista de los demás. Debajo de sus greñas y de su larga barba, reconocí un rostro vagamente familiar.
-Necesito tu ayuda. A cambio, te ayudaré yo a ti.
-¿Qué puede querer de mi un vagabundo, si puede saberse?
-Hospedaje. Necesito que me permitas quedarme en tu casa a cambio de enseñarte y pulir tus técnicas de lucha.
-¿Y cómo se supone que vas a enseñarme a luchar?
-No subestimes el poder de la experiencia muchacho...
-Bueno, accedo, pero si no me ayudas, te largas.
-Trato hecho- En cuanto lo hubo dicho, supe que había gato encerrado, pero no me amedrenté. Nos fuimos en silencio, de camino a mi casa. Ojalá hubiese sabido entonces lo mucho que cambiaría mi vida este vagabundo...
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John Ertuer: La Guerra Del Norte
ActionJohn es el hijo de un gran luchador, admirado por todo Morann. Pero él no es admirado, ni mucho menos. Su padre murió cuando él era pequeño, y se crió solo, en su casa. Se dedica a la delincuencia, ganando dinero de formas ilegales. Pero eso va a ca...
