Y entonces ella se dio cuenta que él no representa lo que alguna vez imagino para su vida, que sus planes no tatúan su nombre. Un día decidió tomar tranquilidad sobre pasión, eliminar juventud por experiencia y ahora lo tiene todo pero con manos vacías. Acompañada por sus mayores miedos que trato de evitar toda su vida. Se siente como un pájaro enjaulado. Lo lamenta.
Ella se prepara para cenar con su esposo. Viste elegante con un escotado vestido rojo hasta abajo de las rodillas que hace ver su marcada silueta, El cabello lo lleva suelto hacia atrás, oscuro y lacio con unos impresionantes zapatos de diseñador .Al llegar al exclusivo restaurante sucede todo como de costumbre, la pareja se sienta uno frente al otro, mientras cenan, se acercan unos compañeros de trabajo del importante señor de 42 años que les presenta a su hermosa y joven esposa de 23 años. Uno piensa en lo afortunado que es su jefe, gerente general de unas de las empresas más importantes del país, y esposo de esa bella dama, él otro piensa que debe ser muy excitante tener sexo con esa joven, y él último siente compasión por ella, ya que recuerda las innumerables veces en que el importante hombre se encierra en su oficina con su caliente asistente.
Una vez que los conocidos se despiden de la pareja, se invade un silencio notorio en la mesa. Estefanía nota como él no despega sus ojos en la pantalla de su celular, ella intuye que la está engañando inclusive recuerda haber contestado algunas llamadas en la línea convencional de algunas mujeres que preguntaban por su marido, para ser precisa, conoce a tres, la asistente, una compañera de atletismo y una vendedora de ropa. Lo más interesante es que ha llegado a cierto punto en donde ya no tiene celos solo decepción de sí misma, de no haber confiado en su intuición femenina ni en las advertencias de su familia.
Mientras ella se queda hundida en sus pensamientos. Humberto apaga su celular se lo guarda en uno de sus bolsillos y le sonríe. Hablan del hijo de ambos, que es él primogénito de Humberto ya que él antes de conocer a Estefanía nunca se había comprometido seriamente con ninguna mujer. Supo que Estefanía era la indicada cuando se negó acostarse con él en la primera cita y además, conquistar su corazón le llevó tres meses. Tanto sacrificio valió la pena, no se equivocó, considera, que la mujer que tiene de frente es y será él amor de su vida, ahora, es más elegante y seria que cuando la conoció.
Hablan de que "Bertito" hijo de ambos que está a punto de dar sus primeros pasos, tema que emociona a Estefanía.
Después en la mesa se invade un frío silencio. Estefanía piensa en como las cosas cambian, hace dieciocho meses esos tipos de salidas la invadían de emoción, trataba de ir contra la corriente por estar con ese hombre, ante los reclamos de su familia y sus propios complejos. Por Humberto lo dio todo desde su primer beso hasta su primera noche de pasión. Lo dejó todo también desde una brillante carrera profesional como ingeniera industrial para dedicarse por completo a su esposo, hogar y ahora su hijo. Y a pesar de gozar de una vida acomodada está allí esa noche incompleta.
Él rompe el silencio y le comienza a hablar de un viaje a Panamá que realizará en tres meses y piensa ir junto con ella. Sera como una segunda luna de miel y ya ha pensado dejar a Bertito con su abuela materna. Estefanía disimula con algo de emoción, pues últimamente desea menos a su esposo que antes y los viajes se convierten siempre en temas de negocios todo el tiempo.
Ella se levanta para ir al baño. En él camino se encuentra a un hombre joven de unos 21 años, delgado pero atlético a la vez, tez blanca, ojos cafés oscuros y de 1,68 metros de altura.
-Hola! Que hermosa dama nos acompaña en esta noche...
-A quiénes?
-A mí, por ejemplo! Por cierto, mucho gusto, mi nombre es Danilo.
-Igualmente, soy Estefanía.
-Eres muy bella tenía que decírtelo! Pero no me animaba a expresarlo frente a tu padre.
Estefanía se sonroja y se comienza a sentir incomoda, odiaba cuando las personas confundían su matrimonio con una relación paterna. Dé solo pensarlo se convertía en algo asqueroso pero nadie tenía culpa de pensar así, pues por otro lado iba arrastrar esos contras toda su vida.
-No es mi padre!
-Qué?, él no?
-Si…
-Bueno, que señor tan afortunado de tener a una esposa tan bella, elegante y sofisticada._ Danilo le guiña un ojo y le sonríe.
Sin darse cuenta comparten miradas por un minuto, hasta que Humberto interrumpe.
-Estefanía fuiste? Porque ya nos tenemos que ir! Tengo que terminar un…
-Humberto tienes que terminar un millón de cosas, ya se! Vámonos…
Estefanía ya estaba cansada de su matrimonio, de la vida ocupada de su marido entre trabajo y amantes. De que la tratara como un adorno más en casa o peor aun, a pesar de que sabía que ella había logrado comprometer a ese hombre, jamás sería suficiente ni para ella ni para él.
La pareja camina hacia la mesa, ella toma su abrigo sin decir ni una sola palabra, él enciende un cigarro.
Humberto le abre la puerta del auto y se queda afuera terminando de fumar. Lo invaden los celos, y del sólo hecho de recordar hace pocos segundos a su esposa con un hombre tan joven como ella, notar que ella ya no es la misma con él, y estar con temor de preguntarle sobre la causa de su frialdad y de su resentimiento. Pero él solo hecho de imaginar de que ella ponga punto y final al matrimonio, lo pondría sumamente triste e incompleto, en el fondo sabe que no tenerla significaría perderlo todo, su vida no tendría sentido sin Estefanía y es por eso que se ha acostumbrado al hecho de tenerla y no tenerla al mismo tiempo. Sus vidas se han reducido al diez por ciento de presencia y al noventa por ciento de subsistencia.
Mientras se termina el cigarrillo, recuerda que Estefanía odiaba que fumara, inclusive él padre de ella había fallecido a causa de cáncer de pulmón. Sin embargo el ignoraba esos pensamientos y todos los sentimientos de debilidad que lo invadían.
El amor es como un volcán que explota solo tarde que temprano. Primero, tan irreal, no esperas que suceda, en erupción te quema, y es rojo, pero un rojo irracional, tú decides si huir o dejarte llevar. Cualquiera de las dos opciones te envuelve y te destruye. Para Humberto, su joven esposa era como su droga y él antídoto. Su deseo por ella era algo surreal, cuando la conoció imaginó el momento y él lugar de hacerla suya. Vio delicadeza en su piel, tanta sensualidad acompañada con ese infantil y salvaje rostro, unos carnosos labios y grandes e intensos ojos. Ese instante fue hermoso, es como que si los ángeles y los demonios le tendiesen una trampa.
Humberto termina de fumar, y se sube al auto, al lado mira a Estefanía, hermosa, fría, pensativa y distante. Él siembra un ambiente de silencio para castigar a su esposa. Pero sus intentos son un fracaso total pues ella ni lo nota. Llegan a su hermosa casa después de un largo y silencioso camino. Estefanía baja primero y entra directamente a su habitación a tomar una ducha. Mientras Humberto despide a la niñera y le da las buenas noches a Bertito que duerme perdidamente. Al entrar a su cuarto, Estefanía se encuentra ya acostada sobre la cama. Él no sabía por qué pero cuando miraba a su esposa le entraban unas ganas salvajes de hacerla suya que por más mujeres que conociera no se comparaba al deseo de poseerla.
Recurre a tomar una ducha rápidamente, se tira a la cama sin decir ni una sola palabra, la toma con fuerza y salvajemente la hace suya una vez más.
Estefanía sólo puede pensar que tal acto cada día dura menos tiempo y que por ende ya no se siente satisfecha. Le da la espalda a un extremo de la cama. Piensa en lo que había ocurrido esa noche con Danilo, para su sorpresa se sintió atraída otro hombre que no era su esposo, además de un ridículo cosquilleo en el estómago y al mismo tiempo le preocupaba lo que Danilo llegara a pensar de ella. Lo bueno es que jamás lo volvería a ver.
Estefanía le da asco su esposo cada día que pasa, Humberto se siente viejo y bochornoso. Lo único que los acompaña es él frío y la oscuridad de la noche.
Se levanta por que no puede conciliar el sueño, recorre la cocina y se prepara un té para relajarse. En la mesa se encuentra el celular de su marido olvidado y ella accede ante su instinto de angustia en revisarlo.
No es de extrañar adivinar la contraseña del teléfono "Bertito", de pronto cuando entra, inmediatamente comienza a leer los mensajes nuevos y viejos en donde intercambia palabras sexuales con una ex novia. Cuando Estefanía comenzó a tratar a Humberto, sabia de la existencia de esa mujer, pues ellos asistían al mismo gimnasio. Su marido jamás formalizó una relación con ella por cuestiones protocolarias, esa mujer ya tenía un hijo contraído de una relación fugaz, no era profesional, era doce años mayor que Estefanía, y a comparación de ella, esa mujer no tenía la clase y elegancia de la actual esposa. Lamentablemente se había enamorado perdidamente de Humberto y esperaba que algún día, llegara a ser suficiente para él como para abandonar a Estefanía.
Había mensajes en donde ella se expresaba de Estefanía como una " niña” que a pesar de que tenía todo, incluso a Humberto no era capaz de valorar nada. Además le suplicaba que la eligiera y en otros solo trataba de ponerle punto y final a su clandestina relación.
Por otro lado lee versiones de Humberto citándola a moteles e inventando planes en otras ciudades con ella. Y mira al techo mientras pone ambas manos bajo su nariz, estaba molesta y asustada de como el hombre con el que se casó pudiera ser tan sucio y desconsiderado. Es verdad que ella desde hace mucho tiempo no lo amaba, y a veces el solo hecho de sentir su piel pálida y arrugada le daba asco.
Pero, aunque lo sospechaba jamás se imaginó viviendo un mundo de mentiras. De tener que compartirlo o por fin darse cuenta que había perdido todo incluso la dignidad por comodidad.
Sentía lastima de las amantes. Seguro sentían celos de su matrimonio que a ojos de cualquiera es excitante pero a puertas cerradas es un cementerio. Y sentía lastima de sí misma de aguantar, esperarlo y resignarse. Antes de él planeaba una vida distinta, viajar, ayudar a gente de escasos recursos, seguir estudiando, comprar un auto y casa propia pero todo cambió cuando creyó encontrar su escape. A veces escapar no es la mejor manera de ser feliz, a veces solo es una luz parpadeante que se pierde en el camino.
Estefanía apaga el teléfono de Humberto y lo deja en el mismo lugar donde lo encontró. Camina al cuarto y se acuesta en su lado correspondiente de la cama como si no hubiera visto absolutamente nada.
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El amor es un juego, cuando se entrega por completo no lo queremos, de repente sentimos que lo estamos perdiendo y que nos están sustituyendo. Entonces nos sentimos valientes por cortos momentos. Pasamos horas y horas cuidando nuestros movimientos y palabras. Nos perdemos de lo que somos para no ser reemplazados ya que irnos no es una salida valida. Perder el juego destroza nuestro ego y ganarlo es creer poder conquistar el mundo incluyendo el corazón. Y paradójica mente lo peor del amor es el borrón y cuenta nueva, es cuando duele, luchamos por un lugar, donde la miel se convierte en pequeñas dosis de droga que se incrementan con la soledad y la esperanza.
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En la ciudad de México nació Danilo, descendiente de un poderoso apellido de abogados por parte de madre y de atletas por parte de padre.
Siendo un año mayor que su hermano Félix, encontró en el a lo largo de su infancia un compañero y confidente más allá de una unión por parte de sangre.
Desde noches buenas escondiéndose de su padre disfrazado de santa Claus, bajo la cama hasta posando para la foto abriendo los regalos.
Danilo se caracterizó por compartir la misma afinidad con su padre de practicar atletismo desde muy pequeño salía a correr por la parte central de la ciudad mientras su padre le tomaba los tiempos.
Durante la adolescencia tenía un estilo muy peculiar era como Zac Efron pequeño, con un estilo peculiar, un poco más Delgado, pesaba 130 libras y medía 168 centímetros de altura, su acento era de un joven al que notoriamente jamás le había faltado nada, y no le apenaba mostrar interés por la moda.
No fue hasta los quince años que tuvo su primera novia de la misma edad, llamada Sonia, pequeña, morena, cabello rizado oscuro y ojos achinados con quien dio su primer beso y unas cuantas caricias.
Llego a quererla a como se quiere al primer amor, inocente e intenso. Cuando Sonia cumplió los quince años, y bailo con él en una pista pequeña con la melodiosa música, Danilo le dijo que la amaba.
Sin embargo tres meses después le pidió a Sonia la esperada prueba de amor, ella se negó y le dijo que quería llegar virgen al matrimonio. Danilo sintió que unos cuantos besos no lo llenaban por completo y que tampoco estaba listo para casarse.
En una página web encontró la posible solución de sus problemas a parte de la pornografía, le pediría a su novia algo que ella jamás le había dado a ningún hombre a parte de él, quería que fuera suya o de alguna manera sentirse especial.
Un día después de clases llevo a su novia a almorzar, entre pláticas de la escuela, Danilo toco el tema de la prueba de amor, y que para no hacer nada carnal que intercambiaran algunas fotos "sexuales". De tanto convencerla Sonia accedió pues tampoco lo quería perder.
Así estuvieron un mes, intercambiando fotos en ropa interior, hasta que Danilo sintió que aunque era placentero también era algo monótono y su novia era fría, solo le mandaba las fotos y no le decía nada en sentido sexual, algún indicio de deseo carnal o fantasía erótica. Es más sentía que ella se avergonzaba de solo el hecho de hablar con él.
Una mañana tomo el teléfono y llamo a Sonia para terminar con la relación. Con la excusa de darse un tiempo y de ponerse a prueba en otras circunstancias. Para Sonia era muy difícil verlo como si nada en la escuela todos los días después de que había compartido con las fotos tan íntimas. Por ello se tuvo que cambiar de escuela para no volverlo a ver.
Además de priorizar el atletismo, se preocupaba por su carrera y desde niño soñó con salvar vidas. Al salir de la escuela estudio por tres años una carrera técnica para ser bioanalista. Y a los diecisiete años estudiaría medicina en una universidad privada por no aplicar en el examen de la universidad autónoma de la ciudad, así que sus padres en apoyo del sueño de su hijo optaron por pagar casi trescientos dólares en mensualidad en otro estado. Esto implico mudarse a un departamento en donde viviría solo, y como obsequio por sus logros le regalaron un auto lujoso, tenía todo lo que podía desear. La medicina era su pasión y su vida. Estaba seguro que lo lograría.
A lo largo de ese tiempo se hizo amigo de un grupo de cuatro muchachos al igual que Danilo, bendecidos por la vida en el sentido de aplicar en la alta sociedad.
Salían desde Jueves hasta sábado en los mejores clubes, Danilo y sus amigos conocían jóvenes de preparatoria y las seducían entre besos y caricias hasta terminar fuera del club teniendo sexo.
Era algo clandestino pero excitante para su complicada vida universitaria, habían noches en que no dormía por leer casi sesenta páginas de un libro o memorizar cada parte de la anatomía del cuerpo humano.
En segundo lugar, estaba el atletismo, hacer carreras y asistir a prácticas los fines de semana con su mentor que era su padre un ex campeón olímpico.
A los veinte años Danilo opto por hacer sus servicios médicos en otro país. Una tarde mientras camina a su salón, un amigo lo detiene y le da la noticia de que las listas del servicio comunitario en el extranjero se encuentra en un papel pegado en las afuera del auditorio segundo, Danilo le agradece y corre emocionado por los amplios pasillos hacia el lugar, esquiva el grupo de compañeros, busca su nombre y al lado lee su destino por seis meses "Nicaragua".
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En Managua, Nicaragua un ocho de Junio del año 1975 nació Humberto Peralta hijo de un exitoso empresario y una dedicada ama de casa. Siendo el segundo de cuatro hermanos.
Desde niño mostró grandes dotes para negociar con los demás y mostrar un espirito altamente encantador.
Siempre fue muy protector con sus hermanas, a veces les enseñaba matemáticas ya que él tenía talento con los números.
El padre de Humberto era el macho alfa y único sustento del hogar, pasaba largas horas trabajando insaciablemente para mantener la lujosa vida característica de los Peraltas, con altas mensualidades en la escuela más costosa del país. Con pagos de clases extracurriculares de piano, guitarra y ajedrez para sus hijos, con la manutención de la casa de tres manzanas, el club de su esposa y los caprichos para sus muchas amantes. Lo habían convertido en una víctima de las deudas.
Creció viendo a su madre discutiendo con su padre por sus llegadas tardes, o por las llamadas Telefónicas a la casa de sus amantes, su recuerdo más claro fue un domingo por la noche que no podía dormir y bajo a la cocina por un trozo de pastel, y escucho a su madre hablando por teléfono tal vez con una amiga o Dios sabe con quién, el punto es que oyó cuando ella le contaba a esa persona que pillo a su marido con su secretaria en su oficina teniendo sexo, mientras sollozaba se quedó un minuto en silencio y continuó con la frase "no lo dejo porque sabes que no sé qué haría sin él".
Al principio le entristecía ver a su madre triste pero al crecer se acostumbró al estilo de vida de su padre y hasta llego a querer ser como él. Al crecer tener el dinero, familia y mujeres como su padre.
Él le decía "Humberto las mujeres siempre sufren incluso cuando no hay por qué estarlo, tú no te limites, si eres exitoso ellas te miran con otros ojos, cómprales algo y ellas ya no sufren, pero ten siempre los bolsillos llenos".
Era un día nublado un 16 de agosto de 1984 , Humberto regresa de la escuela con sus hermanas a mediodía como era normal, y encuentran a su abuela materna abrazando a su madre, acompañada como de diez personas más en la sala, al verlos, ella se suelta de sus brazos y abraza a las niñas llorando, cuando de sus labios salen las palabras más tristes que un adolescente de catorce años pudiera escuchar "hijos, su padre, su padre se nos fue, se nos murió de un infarto" su mundo se volvió gris de inmediato apenas lo vio anoche trabajando en la oficina de la casa y gritándole por Teléfono a su asistente. No podía ser que ese hombre tan fuerte se muriera así no más. Era una pesadilla.
Quizás eso lo marcó para siempre, pero lo que se venía seria aún peor.
Después de tres meses la familia Peralta se vio en un aprieto, recurrieron a vender todas las propiedades a excepción de la casa donde habitaban para alcanzar a pagar todos los préstamos de miles de dólares de su marido y ajustar con la indemnización para cancelar la hipoteca de la casa.
La familia estaba en banca rota y para empeorar la situación, la madre de Humberto estaba hundida en la depresión sin poder salir de la habitación la mayor parte del tiempo, su hermano mayor de dieciocho había comenzado a consumir drogas y para comprarlas vendía objetos de la casa, y sus hermanas trataban solo de desahogarse con Humberto y al regresar de la escuela realizar las tareas domésticas del hogar.
Humberto era la roca de la familia aunque por dentro estaba destruido y decepcionado por las acciones de su padre. En la nevera no quedaba casi nada, las mensualidades de la escuela de él y sus hermanas se iban acumulando y si no las cancelaban perderían el año. Y ni pensar en pedir ayuda a alguien más, pues un escándalo social acerca de la crisis económica de la familia peralta terminaría de matar a su madre.
Así que una mañana no entro a la escuela y comenzó a caminar y caminar, entro a una tienda de electrodomésticos pues le había llamado la atención el diseño de una nueva radio. Cuando de pronto escucha que un señor como de sesenta años le grita a una joven que se encuentra en caja. Al parecer el señor le exigía que realizara un balance para pagar en ese instante un cobro. La joven estaba pálida entre gritos y ansiedad no podía captar la idea. De pronto Humberto interrumpe al señor y se ofrece a realizarlo el si se lo permite. Ambos miran a ese joven de catorce años atónitos al captar su destreza con los números. Desde esa tarde por suerte o destino se quedó trabajando para el señor Ruiz quien le dio su primer empleo y salario. Aunque no era demasiado el pago, Humberto se sentía realizado y podía colaborar con los gastos del hogar y la mensualidad de sus hermanas. Se inscribió en turno nocturno en un colegio público para trabajar tiempo completo. Al salir del trabajo se iba caminando al colegio y de allí a la casa a estudiar.
Al bachillerarse conseguiría una beca para estudiar sabatino ingeniería industrial en una universidad prestigiosa del país. Logrando con los años llegar a ser la mano derecha del señor Ruiz. Y así la vida comenzó a sonreír le a Humberto. Cuando se graduó le apareció una gran oportunidad de trabajar en una industria tecnológica donde se quedaría por varios años consolidándose en el mundo laboral.
Por mucho tiempo priorizo el dinero antes que el amor .Claro que los amores fugaces no podían faltar con el poder y el dinero, Humberto atraía a todo tipo de mujer, cualquiera a decir verdad.
Días después de que cumpliera cuarenta años lo nombraron gerente general de una prestigiosa cadena de Hoteles.
Gozaba de un gran talento para atraer mujeres. No tenía restricciones con ninguna, a decir verdad el solo hecho de ser poderoso y rico era suficiente para llevarlas ese mismo día a la cama y con suerte para ellas ser invitadas a una cena.
Con los dos años que llevaba trabajando como autoridad máxima en esa empresa había tenido aventuras con un par de asistentes jóvenes que se habían ilusionado con su labia y con el hecho de lograr capturar a un hombre soltero y poderoso.
Había llegado al punto de disfrutar el conocer y tocar diversas pieles. Se había convertido en una costumbre decir lo que ellas querían escuchar.
Un lunes por la tarde, como cualquier otro mientras revisa unos inventarios. Entra el gerente de ventas con una jovencita de tez blanca, cabello largo y oscuro, ojos grandes, cejas gruesas, labios carnosos y delgados. Humberto quedo atónito cuando la miro, lo más raro era su intensa y fría mirada en ese rostro infantil sin embargo se dirige a su colega, cuando este le presenta a la joven llamada Estefanía, con la excusa de que necesitaba entregarle la hoja de vida de la joven y de una vez entrevistarla.
Humberto asiente encantado con la cabeza, estrecha su mano y al entrelazar la con sus dedos, siente su delicadeza y el solo mirarla le produce una exótica excitación sabía que no soportaría contenerse, la tenía que poseer esa tarde.
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En un modesto barrio de la capital Managua, Nicaragua yace una pequeña familia luchadora y de cómodo estatus económico. De padre trabajador y arquitecto de un prestigioso ingenio que quedaba a dos horas de la ciudad. Salía a tomar el autobús desde las cinco de la mañana y regresaba a las seis de la tarde con su porta plano en el hombro y su extenso maletín de cuero. A cargo del hogar quedaba la madre de dos niños pequeños, que se encargaba de realizar los que hacerles desde muy temprano, alistar a los niños para ir a la escuela, regresar, preparar el almuerzo, hacer quehaceres, traer a los niños y tener al menos dos horas para entretenerse en el gimnasio y por último terminar su rutina en el hogar.
Así pasaron con la misma rutina varios años. Estefanía, era cinco años menor que su hermano. Y se crio en una familia muy tranquila que procuro brindarle lo mejor a sus hijos para que ellos no carecieran lo que alguna vez les falto a sus padres.
Estudiaban en las mejores escuelas y Estefanía a diferencia de su hermano Brad podría un promedio inigualable y un talento muy peculiar para las artes. A pesar de ser una familia muy estable había cierto recelo en ambos hermanos. Quizás con el resentimiento marcado por parte de su hermano, Estefanía experimentaría su primera batalla social y el comprender que se confía en alguien hasta cierto punto independientemente de la unión de sangre.
Toda su infancia fue una lucha constante para sí misma, para ser la mejor en todo lo que se propusiera y lo que aún no sabía es que ella, era como una luz brillante, auténtica pero amenazadora.
Cuándo cumplió apenas seis años su vida estaría a punto de caer. Su padre quedo desempleado ya que el ingenio en donde trabajaba quebró y con sus pocos ahorros apenas alcanzo para solventar algunas mensualidades del colegio. Comenzó a buscar empleo en todos los lugares posibles pero los empleadores no lo contrataban con la excusa de que necesitaban a alguien más joven. Miro su mundo caer, sus amigos desaparecieron, la comida empezó a faltar y las probabilidades de algún cambio se alejaban cada día mas.
Entonces Estefanía llegaba de la escuela y comenzó a mirar algunos electrodomésticos faltar cada semana. A ver pan tostado estilo bolsillos colgados en grandes bolsas plásticas en la cocina. Un día pudo escuchar desde la puerta trasera una plática de su madre diciéndole a su padre que ella saldría a buscar empleo para ya no seguir en esa situación. Su padre sentado en una silla mientras mira hacia el cielo le recuerda que apenas ella término la secundaria y jamás permitiría que la menospreciara además que el siendo el jefe de la familia seria el único proveedor y arreglaría la carente situación.
A finales del año, el padre de Estefanía llegaba cada vez más tarde a veces se despertaba al escuchar los reclamos de su madre y solo trataba de evadir lo que no quería. Y entonces comenzaba a recordar lo que eran antes, las salidas a las tres de la mañana a mirar el amanecer comiendo pan con mantequilla y un café muy amargo. Las largas caminatas los fines de semana o las vacaciones en la playa donde su padre construía una terrible casa de campaña con plástico y que un día se cayó por los fuertes vientos. Solo recordaba lo que ya no era. Porque era mejor que el presente.
Mientras Brad su hermano jugaba con sus amigos de la colonia, Estefanía salió con su madre al mismo lugar donde antes miraban el amanecer. Se sientan en las orillas de un edificio. A pesar de todo nunca le gusto ese lugar a veces le parecía tan nostálgico habían muchos árboles con troncos gruesos que le llenaban la sensación de subirse y ser libre. Pero se limitaba a imaginar. Su madre mirando a la nada le dice que ha estado pensando en mudarse a León, la ciudad vecina de donde son procedentes, pero que su padre no ira con ellos. Recuerda que su madre le pidió que lo pensara y que eligiese con cuál de los dos se quedaría. Ese fue como un duro golpe y la primera señal que ambos se separarían.
Tal vez tenía seis años pero sabía muy bien que todo había cambiado desde las llegadas tardes hasta las discusiones nunca antes presenciadas. Y para colmo su padre nunca llego a un fin de año donde era habitual pasarla todos juntos. Vio a su madre sollozar en la cocina con la cena ya preparada eso le partió el alma. Y luego mirarla levantarse como si nada hacia ellos para divertirlos con fuegos artificiales para crear el famoso muñeco que se quemaría a media noche. Casi Estefanía recuerda que fue uno de los fines de años más divertidos donde todos los niños llegaron a armarlo con papeles, colores o cualquier tipo de material que encontraran en sus casas.
Al otro año la situación comenzaba a empeorar, el padre de Estefanía no había logrado reunir lo suficiente para la matrícula de ambos. Y también se negaba a ingresarlos a una escuela pública. Motivo por el cual Estefanía trataba de convencer a su madre para que la matriculara en la escuela del vecindario con tal de no perder el año mientras su hermano Brad no entendía ni tampoco le importaba lo que estaba pasando.
Su insistencia fue vana pues la última palabra la daba su padre. Esa misma semana toda se reunieron en el comedor para brindar la nueva noticia que era sobre la llegada de un nuevo hermano a su familia. Todos quedaron atónitos ante la noticia. El padre de Estefanía para brindar un poco de humor a la mesa, comenzó a contar anécdotas sobre como siempre había soñado en crear una familia con hijos colegas, Brad como ingeniero, Estefanía como arquitecta y el nuevo bebe seria el contador.
Después vio a su padre levantarse de la mesa, algo usual últimamente y salir al patio a hablar por Teléfono por horas y horas.
Por la noche se salieron a la calle sus padres y ella. Mientras conversaban sobre futuro, el padre de Estefanía comienza a toser fuertemente y en eso, desgarra al suelo cuando miran la flema observan sangre.
Al otro día, haciendo caso omiso a lo sucedido el día anterior salió a repartir hojas de vida, al poco tiempo regresa a casa se encierra en su cuarto y dice sentir que su brazo derecho dormido, además de fiebre alta y tos incesante. Minutos después su madre toma la decisión de llevarlo a la clínica.
Estefanía recuerda estar mirando la televisión en el cuarto de sus padres, y al lado tener a su padre con las manos en la cabeza, débil como nunca antes lo había visto, pálido y distante. Lo último que recuerda de ese día fue cuando su madre lo llamó desde la sala para irse con él y mirar cómo se mareo un poco al levantarse. Llevaba una camisa sema de vestir manga corta por fuera oscura y un pantalón azul oscuro tipo jeans. Estaba muy enfermo pero jamás mal presentado siempre elegante, optimista y obstinado. Tanto así que no recuerda haberse despedido de él, solo sintió un presentimiento de no hacerlo sentir vulnerable o débil y disimular que no sucedía nada. Quizás es de lo que más se arrepiente hasta ahora, de no abrazarlo o darle un beso, un último beso.
Desde ese día jamás lo volvería a ver, el primer golpe fue ver desbastada a su madre al darles la noticia que su padre tenía cáncer de pulmón lo más injusto era que el padre de Estefanía no tenía ningún tipo de vicio, no tomaba alcohol ni tampoco fumaba; el segundo golpe se dio cuando su prima de León la ciudad vecina se los llevo a vivir con su familia, debido a la falta de estabilidad en su casa era casi como un verdadero caos, en donde su madre embarazada pasaba todo el día cuidando de su padre, contándole historias, aseándolo y dándole fuerzas. El tercer golpe se dio al cambiar de ambiente, escuela, amigos, costumbres y familia. A diferencia de su hermano, Estefanía le iba extremadamente bien desde el primer día en la otra ciudad, la nueva maestra le vio grandes dotes a esa niña para escribir y calcular e inmediatamente resalto sus cualidades. Sin embargo todas las noches tenía pesadillas, la mayoría de ellas tenían que ver estando en un cementerio frente a una placa gris. Y los fines de semana se sentaban en la puerta mirando a la calle para esperar a sus padres. En tres meses no los vio hasta la noche del cuarto golpe cuando la familia de su prima les brindan la trágica noticia de que su padre se rindió ante la muerte a eso de las una por cáncer de pulmón. Le hizo falta el oxígeno y no aguanto más, estaba en la peor etapa. A sus 43 años ese padre fuerte, divertido, atento, firme e inteligente había perdido su dignidad en tres meses, todo por el maldito cáncer.
Después de esa horrible etapa fue todo un reto seguir, tres meses después nacería su hermana Vale que fue como una bendición ante tanto dolor. Se mudaron definitivamente a León su madre compro un terreno en un reparto seguro y mando a construir una pequeña casa que no era la más lujosa pero al menos era propia y sobre todo marcaba un nuevo comienzo.
Pese a la muerte de su padre a Estefanía le costó mucha sociabilidad con sus compañeras de escuela, pasó casi tres años sin poder tocar el tema, sin nombrarlo o recordarlo en conversaciones. Tenía que sintieran lastima por ella, y lo que más odiaba en este mundo era la compasión.
Durante su secundaria fue trasladada por decisión propia a un instituto público debido a las carencias económicas en su hogar. Tal problema percibido por su madre al exponer a su hija mayor en una escuela algo incontrolable fue desvaneciéndose, pese a que Estefanía al percibir y conocer serios problemas de pobreza, maltrato y supervivencia de otras familias, pudo nacer en ella su espíritu de compasión hacia los demás y el comparar que ayudar y ser ayudado va más allá del valor monetario. En esa escuela aprendió a que las mejores conversaciones no se dan necesariamente con un léxico perfecto y fluido si no con honestidad, perseverancia y fortaleza.
Cada persona edifica sus propias experiencias, y Estefanía conoció a una joven que más adelante llegaría a ser su amiga. Ella trabajaba en una casa de familia poderosa por la mañana haciendo el aseo y estudiaba por la tarde. Con lo poco que ganaba pagaba sus estudios y la mayor parte la brindaba a su familia que cabían en un pequeño cuarto de suelo, con su madre diabética, su hermana mayor madre soltera de dos niños pequeños que trabajaba en una industria textil de obrera, su abuelo alcohólico y ella. Las condiciones de su hogar eran precarias ya que ni contaban con agua potable y dormían en hamacas por la carencia de camas. Quizás esa fue la historia que más afecto a Estefanía sin embargo la hizo entender muchas cosas incluso valorar más los esfuerzos de su madre.
Al entrar a la Universidad, se decidió por estudiar ingeniería industrial en una universidad prestigiosa del país, fue una buena estudiante, becada y en cinco años se desempeñaría en cualquier industria.
Durante el transcurso de su carrera profesional trató de evitar cualquier tipo de distracción que afectara el proceso. Además de ello, no contaba con el dinero suficiente para salir con sus amigos, con costo le bastaba para solventar otros gastos como libros y materiales.
Tampoco contó con el último modelo en celular, ropa o zapatos pero sus ganas de salir adelante transformaban el color a verde.
Sin embargo, a pesar de que no poseía bienes materiales costosos contaba con algo que la convertían en alguien auténtica, era esa extraña belleza de una joven veinteañera natural de cabello oscuro, baja, tez blanca, delgada y una mirada, esa mirada podía cautivar a cualquier hombre, mujeres, niños. Sus ojos cafés poseían ese poder especial de hundirte en su mundo, de ser parte o ser una sola esencia.
A pesar de que los hombres se volvían locos, Estefanía se negaba ante tal hecho, ya que ningún hombre jamás la hizo sentir segura. Era como un placer el conocerlos pero después deshacerse de ellos. Jamás sintió celos, deseo o algún tipo de apego. Si reconocía que quizás su corazón era algo frío pero por otra parte no le importaba. Mientras tanto Estefanía quedaba en la memoria de sus pretendientes como una Diosa, pura, intocable y maravillosamente misteriosa.
Eso la hacía marcar la diferencia en todo lo que se proponía, a marcar la diferencia ante los demás aunque no tuviera dinero y tales cualidades le sirvieron en varias ocasiones para cambiar todo en una sola mirada.
Durante mucho tiempo descubrió en si misma algo que la asombraba y le parecía al mismo tiempo algo aterrador. Algunas veces tenía sueños en visiones sobre situaciones que podrían suceder y no era cualquier sueño que se pueden desechar, eran visiones poderosas sobre accidentes, muertes y algunos problemas a futuro. Sin embargo, siempre trato de evadir esos pensamientos.
Al salir de la carrera de ingeniería industrial recurrió a muchas empresas para pedir trabajo. Hasta que un amigo de su familia se ofreció a presentarla hacia el jefe de el para que la conociera y de paso la entrevistara.
Esa noche apenas durmió solo estaba en la oscuridad pensando y presintiendo muchas cosas con respecto a sus encantos que muchas veces la habían ayudado y pocas veces perjudicado.
Lo más extraño en Estefanía era que habían mujeres más atractivas que ella, con mejor posición social y más preparadas pero su presencia era luz, su mirada era como la luz de un faro tan lejano, esperanzador, y hermoso.
Al día siguiente llego muy temprano a la empresa, opto por vestirse muy casual debido a que la empresa era abierta y campestre opto por unos jeans azules, camiseta sport blanca, bolso cruzado café y botas militares cafés. Se maquillo sutilmente sin embargo sus mejillas daban un aspecto de juventud por su tono rosa y sus labios carnosos enrojecidos.
Cuando llego junto al señor Zepeda, amigo de la familia se encontraron con una semi reunión conformada como por cinco mujeres y un hombre en un almacén mientras inspeccionaban los juguetes de navidad para los hijos de los trabajadores. Estefanía sintió una mirada punzante por las mujeres y del círculo mirar a un hombre mayor muy apuesto y con aspecto de hombre adinerado quedarse impactado al verla y acercarse despacio mientras conecta su mirada hacia su cuerpo y su rostro. Reacción de la que ya estaba acostumbrada a presenciar y que naturalmente resaltaba sus encantos ante una peculiar forma de sonreír y de conectar sus ojos ante sus víctimas.
De inmediato el señor Zepeda le presenta al ingeniero Humberto Ferrer Gerente general de la empresa y a la vez accionista. Quien se ofreció a entrevistarla de inmediato en su oficina. Estefanía noto su interés pero la mirada de ese hombre la intimidaba y la confundía. Sabía que no le haría daño pero le daba pánico entrar a su oficina sola.
Al entrar, noto una oficina apacible y ordenada con cada cosa en su lugar, sus retratos en su escritorio eran de fotos del hombre que tenia de frente que hacia parecer que practicaba atletismo ya que se encontraba con trofeos y medallas como todo un campeón. Noto desde un principio que tal vez hacia algún tipo de ejercicio por su buen estado físico, la verdad era agradecida para su edad y se sintió un tanto nerviosa al conocerlo.
Humberto, se sienta frente a ella con una mirada intensa como cuando un León observa a su presa, para él, Estefanía era como una musa de carne fresca y que lo tentaba con cada palabra que salía de sus carnosos labios.
-Estefanía, de dónde eres? Con quien vives?- pregunta Humberto mientras observa la hoja de vida de la joven.
-Nací en Managua y desde los siete años vivos en León. Vivo con mi mama y mis hermanos.
Humberto no le prestaba atención solo fingía para estudiar su cuerpo con la mirada.
-Entiendo, estudiaste Ingeniería industrial, tienes veintiún añitos...
Estefanía sintió que tal expresión la decía por su falta de experiencia lo cual era cierto pero ella era muy perfeccionista y podía con cualquier reto. Así que respiro y se acomodó con seguridad en su asiento.
-Estas soltera, casada, tienes hijos?-pregunta Humberto seriamente.
-Yo, estoy soltera. -asiente con la cabeza inocentemente.
Humberto sonríe, de pronto le entra una llamada urgente, el brinda instrucciones pacientemente mientras la mira a los ojos directamente.
-Me disculpo Estefanía, lo que pasa es que hay un problema con la entrega de un pedido, según hemos perdido gran cantidad de producto.
-Entiendo, no se preocupe, en serio admiro su paciencia.
-Gracias! Es que soy atleta y en cierta medida le debo mi paz espiritual a dicho deporte. -Humberto le lanza una sonrisa atractiva a la joven.
-Yo también, fui atleta, desde los 9 a 11 años, vi su foto al entrar y me llamó mucho la atención porque yo también corro pero ahora por diversión y para mantenerme saludable.
Humberto la mira mientras habla y le comienza a llamar la atención sus historias y aficiones en común. Estaba disfrutando de sus anécdotas y a la vez observaba como sonreía al hablar y como se le marcaban hoyuelos al reír. Era tan joven, pensaba, y casi olvidaba la última vez que se sintió tan joven como en ese preciso momento. Podía ser su padre, pero al mirarla podía imaginar tocándola, quitándole cada prenda, dejándola desnuda, mientras el solo observa.
De pronto, suena el Teléfono, contesta y se da cuenta que tiene muchos problemas que resolver ya que ha pasado con ella en la oficina más de una hora.
-Estefanía, fue un verdadero placer, yo pediré que te llamen cuando tengamos libre una vacante. -Humberto se levanta y hace un gesto como de querer abrazarla.
-En serio gracias y… -ella se queda sin palabras ya que Humberto la abraza suavemente mientras le da un cálido beso en la mejía.
-Gracias por la oportunidad y por su tiempo continúa Estefanía mientras sale torpemente de la oficina.
La empresa es sumamente grande y de las oficinas hasta la salida tiene que caminar aproximadamente dos kilómetros. Mientras está hundida en sus pensamientos y trata de asimilar la situación. Se queda asombrada al ver un auto lujoso y dorado estacionarse frente a ella, mira que la ventanilla baja lentamente y se queda asombrada al mirar otra vez a Humberto.
-Voy a la ciudad por cuestión de trabajo, si quieres te llevo! - Le dice Humberto a la joven mientras sonríe gentilmente.
Estefanía estaba a un kilómetro de la salida y con suerte tomar un auto bus que la llevara a la ciudad, para colmo el cielo estaba nublado y aparentaba que iba a caer una llovizna. Aunque no lo creía conveniente se subió al auto. Minutos después comenzó a brisar y mientras viajaban por la carretera el ambiente tenía un aspecto de una postal.
La lluvia comienza a ponerse cada vez más fuerte, mientras Humberto casi no puede ver lo único que mira es la lluvia caer y el ambiente extremadamente húmedo que obstruyen el paso. Observa un restaurante campestre y se estaciona. Estefanía se preocupa, únicamente quiere llegar a su casa y que su familia no se encuentre preocupada por ella. Revisaba cada vez que podía su celular y notaba que no tenía señal.
-Nos bajamos? De paso comemos algo mientras pasa la tormenta.- le dice Humberto mientras la mira algo nerviosa.
Estefanía asiente con la cabeza algo preocupada y bajan del auto, mientras corren como niños a un estrecho pasillo de madera. Observan que el lugar es solitario, únicamente estaban ellos, cuando de pronto una señora le da la bienvenida, mira a Estefanía con algo de recelo y tristeza ya que antes había visto a Humberto llegar con diferentes mujeres, muchas de la misma empresa y entrar al hospedaje que también ofrecen. Esa señora miraba en la joven inocencia, pureza y una luz diferente, era tal vez su poderosa mirada, pero ella no podía quitar su atención en la preciosa joven.
Humberto le pide dos café y dos tortas. La señora se acerca a su marido mientras le comenta sobre el descaro de Humberto al presentarse ahora con una jovencita veinte años menor.
Estefanía acomoda sus manos dentro de las bolsas de su chaqueta.
-Me prestas tus manos? - mientras inclina su cabeza al reír.
-Para que necesitas mis manos? -Estefanía se muestra sorprendida.
-Desconfías de mí - el ríe, mientras se le hacen unos hermosos hoyuelos al sonreír.
Estefanía le estrecha sus manos y él las toma con suavidad mientras las calienta con las suyas que son extremadamente suaves. Ella siente que su corazón comienza a palpitar rápidamente, disfrutaba de su calidez, de su presencia y su sonrisa.
Mientras comen, Humberto escucha en silencio a Estefanía que se emociona al hablar de la yoga y de lo mucho que disfruta practicarla, de cuando tenía doce años y se calló brutalmente de una bicicleta para nunca más volverla a montar, también de su mayor miedo que son las agujas. Se da cuenta que no quería estar en otro lugar, con otra persona y esencia. El solo ella podía llenarlo de alegría y juventud. Humberto saca su celular y le muestra fotos de Grecia; la mira y le sonríe apenado mientras toma un sorbo de café.
-Mi sueño siempre ha sido visitar Grecia, sabes?
-Y por qué no se escapa en unas vacaciones? -ella sonríe.
-Porque quiero ir acompañado con alguien que comparta la experiencia conmigo y que al recordar el viaje ella se quede en mi memoria.
-Qué bonito sonó! Ira con su familia?
-Yo, no estoy casado, tampoco tengo hijos y mi familia son mis hermanas y yo.
Estefanía se queda en silencio mirando a la nada como siempre, pensando en que tal vez el hombre que tenía al lado tenía una vida oculta y desconocida.
-Deberías ir conmigo Estefanía!
- Donde?
-A Grecia, yo pago, quiero una buena compañía, nos vamos en barco, nos harían unos masajes, las habitaciones parecen de piedra y…
-Porque yo? -ella ríe disimulando.
-Tú te quedarías en mi memoria.
Y surge un silencio incómodo. Tal vez era el frío, la lluvia o el momento. Pero Humberto cuando la mira tan radiante y solitaria se pregunta por lo que piensa si es en el o el vacío. Quizás Humberto no acostumbraba a tratar con una mujer tan joven y a la vez interesante. En el fondo, no tenía ninguna intención de cambiar por nadie, y en los últimos ocho años había llegado a la conclusión de que todo tenía un precio. Tal vez el de Estefanía era "una vacante laboral en su empresa" porque o si no, porque estaría comiendo con un hombre que apenas conoce? Y entonces se decide a levantarse de la mesa, acercarse a la señora del restaurante y reservarle una habitación para ambos sin el consentimiento de Estefanía.
Al regresar a la mesa se muestra de lo más decidido a hacer suya esa misma noche a la joven. Al mirarla podía observar sus hermosas y tonificados piernas cruzadas.
-Creo que esta tormenta no terminara por hoy, quiero que conozcas un lugar, vamos?
-Qué lugar?
-Vamos, es una sorpresa acá misma.
Mientras Humberto camina con paso seguro por el restaurante, entra por un pasillo estrecho que conduce a una lujosa cuartería, Estefanía sospecha lo que sucede y se queda fría como el hielo. Él abre la puerta de uno de ellos. Observa a lo lejos una cama matrimonial, que tiene extendido un camisón rojo de encajes muy ordinario, una botella de vino y lo peor de todo, espejos en techos y paredes. Él sonríe nerviosamente.
-Te haré unos masajes. Quieres?
Estefanía se queda quieta como una estatua, pálida y sin decir ni una sola palabra da la vuelta hacia la salida. Afuera la lluvia es incontrolable y Humberto la sigue rápidamente.
-Yo no quería…
-No sé qué tipo de mujer cree que soy o a qué tipo de mujeres acostumbra tratar pero yo no soy de las que tratan como unas simples muñecas desechables. Yo sé cuál es mi valor y si se ofende pues le diré que si me cuestione a mí misma de salir con un hombre mayor y con tantos fantasmas.
-Lo siento Estefanía! Lo que pasa es que esta tormenta no pasa y me imagine que querías descansar.
-Pues imagino mal! No aquí ni con usted, entiende?
-Perdóname! Fue un error, yo no quiero que pienses lo peor de mí, es más ahora que te conozco mejor y me demostraste lo segura que eres te respeto y valoro más.
Estefanía moría de frío afuera pero se negaba a entrar porque se sentía avergonzada después de la escena que presenciaron los dueños del lugar.
-Entramos al auto? Miro que mueres de frío Estefanía.
-Entraré pero porque no quiero que esos señores me sigan viendo el rostro, solo deseo que se olviden de mí.
Ambos entran al auto, y se sientan viendo a la nada.
-Perdóname Estefanía! Yo sé que me equivoqué, yo sé que no eres así, es más note que nunca habías entrado a ese tipo de lugares. Te negaste y me enamoré más.
La joven se queda en silencio, detrás del vidrio de la ventana empañada solo observa la carretera, la lluvia que cae con fuerza y Segura. No siente frío tampoco calor. Quizás decepcionada pero decidida.
- Mi padre murió cuando yo tenía catorce años, éramos una familia muy acomodada sin embargo solo cuando el murió nos dimos cuenta que estábamos en bancarrota. -Humberto respira lentamente y prosigue.
-Tuve que ponerme a trabajar, y el salario era poco pero para mí era demasiado, era mío y con él ayudar en los gastos de la casa.- Sonríe mirando a la nada.
-No es necesario que me cuente sobre su vida porque...
-Mi vida se ha basado en trabajar y trabajar. Ahora mis hermanas son grandes profesionales. Mi mamá tiene su casa propia. Porque aunque con mi padre vivíamos bien. Al morir nos dimos cuenta que la casa estaba hipotecada. Eh ahorrado bastante porque sueño con tener mi propia empresa. No soy un mal hombre aunque toda mi vida lo he aparentado para alejar a las personas. No quiero que te alejes, basta un día, una hora, un minuto o un segundo para darme cuenta con quien quiero compartir todo lo que tengo.-En la mira y se queda como por dos minutos en silencio, no era una mirada poderosa e intimidante como de costumbre era tierna y sincera.
-Yo quiero conocerte Estefanía. Perdóname! Fui un idiota por pensar que todas las mujeres son iguales. O al menos una puede hacer la diferencia. Puedes cambiar todo en un instante y convertirlo en azul cielo. Y aquí y ahora no quiero decirte adiós. - Humberto se queda en silencio mirando otra vez a la nada.
Mientras Estefanía lo mira de re ojo puede sentir un cambio en el ambiente, sin tención, miedo o algún tipo de apariencias. Era la versión pura de él. Y eso la confundía pero a la vez la complacía. Humberto toma suavemente su mano y entrelazan sus dedos con plena confianza y calidez. En ese momento Estefanía olvido sus diferencias de edad y personalidad. Por primera sentía su agradable aroma, sus grandes manos, sus palmas suaves, sus brazos con bellos gruesos y oscuros. Quizás solo bastaba un instante para conocer el lado oscuro de una persona es decir, sus temores, su pasado y sus logros. Se acostaron cada quien en su respectivo asiento mientras estaban tomados de las manos. Tal vez para Humberto era lo más decente y sincero que había hecho por una mujer, al tenerla de frente sabía que sus planes cambiarían, en segundos imagino tenerla para siempre a su lado. Estefanía al verlo se sentía segura y disfrutaba la compañía de ese hombre tan elegante con su cabello oscuro, cejas pobladas, tez blanca y sonrisa amena. Sentía que podía salvarlo de su pasado, de su vida. Y así se quedaron poco a poco dormidos, tomados de las manos mientras la lluvia caía.
Al despertar Estefanía observa que la lluvia había pasado y que Humberto se dirigía a la ciudad. Él sonríe mientras conduce.
-Te mirabas tan tierna durmiendo.
-Qué hora es?
-Las 4:40 am!
-Mi mamá me matará.
-Si quieres yo le explico.
-A quién!? -Estefanía se asombra de la propuesta.
-A tu mamá!- Humberto le responde seriamente.
-No gracias.
-Las mamás me adoran. - Humberto ríe.
-Pues no la mía! Como le explicaría que no dormí en casa porque estuve con el hombre que me entrevisto, que es el jefe supremo de la empresa, veinte años mayor que yo y que nos quedamos dormidos mientras veía la lluvia pasar.
-Eso! Y también que ese hombre es atractivo, estable, no está casado, no tiene hijos y que está dispuesto a hacer cualquier cosa por su hija.- En la mira seriamente.
-No confunda nuestra relación.- Estefanía se acuesta al asiento seriamente.
-Te demostrare una versión distinta de mí.
Mientras Estefanía le indica la dirección de su casa, Humberto trata de memorizarla silenciosamente para no perderse nunca. Su sorpresa es cuando mira que la joven vive en una zona no tan cómoda como él esperaba. Sin embargo eso le añade más valor a la hermosa Estefanía por no negociar sus principios a pesar de sus circunstancias.
-Sé que no tengo derecho de pedírtelo pero me gustaría un abrazo tuyo Estefanía.
La joven detrás del vidrio trata de entrever si su madre se encuentra afuera. Se acerca a Humberto y se dan un cálido y largo abrazo.
-Me da miedo no volver a verte. -Humberto se acuesta a su asiento frunciendo el ceño.
Estefanía lo observa y sale del auto. Preocupada, al entrar a su casa puede escuchar el auto marcharse. Su madre como era de esperar se muestra preocupada, entonces la joven se inventa que paso la noche en las oficinas, ya que se le hizo imposible salir y en ese lugar no había señal además que aprovecho el transporte de la empresa para llegar lo antes posible.
Como era de esperar su familia le creyó todo, ya que Estefanía siempre se había caracterizado por su honestidad y madurez. La joven se fue a su cuarto, se acostó mientras recordaba todo lo sucedido, se sentía culpable por no odiarlo, por no tener asco ante la diferencia de edad y hasta sentir agrado por su cálido trato. Era obvio que una relación con Humberto sería una completa locura empezando porque su familia jamás lo permitiría y también por sus fantasmas.
Humberto llego a su casa, se acostó en el sofá y comenzó a ver por primera vez su casa más grande de lo normal, y se cuestionó de no tener con quien compartir sus pertenencias. El tenia aproximadamente cinco años de conocer a una mujer buena, independiente, alegre y madre soltera, que se había ilusionado más de lo normal, llorado por él, atenta cada momento y a pesar que solo eran amigos tenían sexo cuando le apeteciera, claro sin antes llenarle de palabras hermosas. Esa mujer siempre le pidió ser parte de su vida pero por un extraño motivo jamás la creyó capaz de ocupar ese lugar excusando de que necesitaban más tiempo para conocerse o que él no era ese tipo de hombre. Sin embargo en esos precisos momentos quería tener al lado a Estefanía acariciándole esa larga y suave cabellera. Ya hasta soñaba despierto con presentarla a sus amigos, cocinando en su casa, comer mientras miran una película, haciendo el amor en un lugar frio, presumirla ante su familia, ser su primer y único hombre. Con ella imaginaba casándose, teniendo hijos y llevándola a cada reunión importante para más nunca estar solo. No sabía cómo cambio tan rápido solo entendía que la amaba con tan solo unas horas. Y es que el amor no se explica, ni se busca solo se encuentra en el momento indicado.
Humberto no consolida el sueño, y a eso de las nueve de la mañana se va a la empresa. Mientras maneja solo piensa en Estefanía, se la imagina a su lado como ayer, solo quería volver a mirar su sonrisa, tomar sus manos. Literalmente, imagina una serie de planes para volverla a ver, como salir a correr al mismo parque donde ella le mencionó que asistía a las seis de la mañana, rentar una casa cerca de su vecindario, llamarla e invitarla a cenar. Opta por la última, se estaciona en la carretera y piensa un par de veces en marcarle. Pero para él era algo muy humillante, el prestigioso empresario de productos lácteos perdidamente enamorado de una jovencita veinte años menor, en el peor de los casos si ella no le respondía su ego quedaría doblemente dañado y en el mejor de los casos encontraría a la indicada. Pensaba una y otra vez como las circunstancias cambian, amaba la pasión, esa emoción de invitarlas a tomar una copa, y luego terminar en el cuarto de un lujoso motel. Gozaba sentirse deseado y como al día siguiente ellas lo llamaban mientras él buscaba otra presa. Era como un juego en el cual siempre salía victorioso con ayuda claro del poder y dinero. Sin embargo recordaba como una de sus antiguos amores le había gritado por teléfono que algún día pagaría todo sus daños causados a cada una de ellas.
Enciende un cigarrillo mientras llama a Estefanía, el teléfono suena y nadie contesta. Se inventa miles de excusas incluidas: tal vez esté dormida, en el baño, comiendo o con un hombre más joven que yo. Prefiere pensar en las primeras dos opciones pero recuerda que esa chica revisaba su celular cada cinco segundos. Cuando llega a su oficina, no logra concentrarse, entonces toma otra vez su celular y le marca unas quince veces sin obtener ninguna respuesta positiva. Por la noche le envía unos cuatro mensajes de "Buenas noches", "te llamaba para contarte algo que me paso", "quiero saber cómo estuvo tu día" y el último "Buenas noches amor".
**
Por otro lado Estefanía estaba atemorizada de la reacción de Humberto hacia ella, era como una situación confusa, por un lado quería conocerlo más porque lo admiraba a gran escala, y por otro lado temía que todo fuera un juego. Él representaba todo lo que soñó encontrar con respecto a una pareja sentimental, no creía en el amor, pero si creía en poder construir una familia estable, con tener hijos y brindarle un padre preparado al mismo tiempo complementarse y crecer al lado de alguien. Pero ese día decidió no arriesgar su estabilidad ni la de su familia. Olvidar de una vez lo que paso y confiar en que Humberto se cansaría de insistir y la olvidaría también.
Por la mañana salió a correr como todos los días por calles de Zaragoza hasta llegar a Sativa, mientras hace una corta pausa para tomar agua.
-Que dedicada! Ven, sube! - Humberto sonríe.
Estefania se asombra, se acuerda de que le mencionó que salia a correr por las mañanas a ese lugar. Ahora lo miraba a Humberto tan elegante como siempre y en ese hermoso auto. Parecía salido de una película.
-No, por que no he terminado, me falta bastante. - Estefania le responde cansada y con sus mejillas enrojecidas.
-Bien, te espero.
-Pero, no tiene que llegar temprano a la empresa?
-Soy el Jefe recuerdas? - el ríe.
Estefania no quiere hacerse la importante, asi que detiene su entrenamiento y se sube al auto de Humberto.
-Te he llamado y no me respondes.
Estefania se queda en silencio. Humberto continua.
-Yo, yo se que me comporte horrible, y quiero remediarlo, salgamos hoy, que dices?
-Hoy no puedo.
- Porque?
-Saldre a celebrar el cumpleaños de mi mamá. Por eso no puedo.
Humberto se queda pensando silenciosamente.
-Y si las llevo a comer?
-Que? A quienes? -Estefania se asombra.
-A tu familia, y celebramos todos su cumpleaños.
-No quiero parecer mal educada pero no es una buena idea.
-Piensas que es prematuro que tu familia me conozca?
-Antes que conozca a mi familia primero debo conocerlo a usted.
-No me trates de usted porfavor.
-Bien, como lo llamo? - ella sonríe
-Es mas! Tengo una idea.
-Dígame.
-Me presento, mucho gusto Humberto. -El estrecha su mano.
Estefanía ríe y le sigue el juego.
-Yo te aviso cuando pueda.
Humberto contempla como esa bella joven se baja de su auto. Sigue su camino sin mirar atrás. Tan segura y auténtica. Al llegar a su casa Estefanía no deja de analizar cada palabra dicha por ese Hombre. Andaba des concentrada pero feliz, había leído en un blog que era producto a la elevación de la dopamina, que indica cuando alguien está enamorado. Pero, eso significaba que se "estaba enamorando"? Eso no podía ser porque si se enamoraba de Humberto era como suicidarse. Qué pensarían su familia, amigos o conocidos cuando la vieran en el cine, en un restaurante o simplemente de la mano con un hombre que podría ser su padre? O quizás cuantos años de ventaja tenía ese hombre con respecto al sexo a comparación con ella? Quizás veinte, veinticinco? Valdría la pena darlo todo por él, incluso su virginidad? Esos pensamientos la mortificaban.
Por otro lado, Humberto no dejaba de pensar en Estefanía y ya no sabía que le gustaba más de ella, si sus ojos, su voz, su cuerpo sensual o esa forma de ser frían y caliente en ocasiones. Sus ganas de poseerla eran insaciables por ello invitaba a su amiga Gabriela a su casa. Al mirarla se imaginaba a Estefanía, la tomaba con fuerza y la embestía una y otra vez. A Gabriela le encantaba ese nuevo Humberto más vivo y rudo. Aunque después del sexo nunca amanecía en casa de él, ya que Humberto se encargaba de ello. Es más, nunca había amanecido acompañado, cuestión quizás de tiempo y espacio.
A respuesta que no pudo conciliar el sueño, Humberto se decide a despertar a las cinco de la mañana, vestirse con su mejor atuendo deportivo, claro no sin antes tomar una ducha. La sorpresa de la joven es cuando encuentra a Humberto corriendo, fue tal el asombro que de no le salían las palabras. Mientras corrían fueron tomando más confianza y comenzaron a hablar de lugares del país, Humberto trataba de omitir temas con respecto a sus ingresos ya que esos tipos de pláticas no le llamaban la atención a Estefanía. Al terminar el entrenamiento caminaron por la famosa calle real despacio.
Estefanía no podía evitar sentirse avergonzada de que alguien la pudiera ver con ese hombre. Ya que Humberto no perdía tiempo en intentar tomar su mano "sin querer" o acercarse más de lo normal.
-Estefanía, salgamos hoy al cine por la noche!
- No lo creo, a mi familia no le agradaría la idea de que yo salga con alguien que apenas conozco. - ella frunce el ceño.
-Bueno, entonces ahorita por la mañana?
-Tu no trabajas? -ella ríe.
-Sí, pero no entiendes que yo haría cualquier cosa por ti.
-Está bien, salgamos!
Humberto sonríe, cancela todas sus reuniones por la mañana y alquila un restaurante para los dos, ya que notaba que Estefanía se sentía incomoda rodeada de personas. Le pide a su hermana menor que lo aconseje, que regalarle, que hacer y qué no. Por cierto su hermana se asombra ya que nunca había visto a Humberto tan enamorado de una mujer y menos que fuera capaz de prepararle una cita.
Por otro lado Estefanía siempre estuvo segura de sus encantos y la reacción que era capaz de causarle a cualquier hombre. Sin embargo no sabía por qué algo la alejaba de él, en vez de estar agradecida con el destino al encontrar al hombre codiciado por cualquier mujer. Entonces llama a una amiga Gabriela que en pocos meses contraería matrimonio con su novio de hace cinco años, mayor que ella y que sobre todo la conocía demasiado.
-Hola Gabriela! Como estas?
-Hola Estefanía! Bien, ayer hablamos, me extraña que tú me marques a esta hora. Que fue lo que paso?
-Pasó algo grave Gabriela.
-Me asustas.
-Es que no sé qué siento por un hombre. No lo quiero perder porque yo sé que ninguna mujer en sus cinco sentidos lo dejaría.
-Entonces lo quieres por interés?
-No Gabriela, y sabes que yo no soy así. Pero ya son veintiún años y nunca he tenido una relación formal. A veces creo que no puedo esperar más.
-Yo se Estefanía, a ti te basta conocer a alguien dos meses y ya. Y eso que te han salido buenos hombres. Date y dale una oportunidad.
-Pero me siento confundida. Cuando estoy con el no soy yo. Pero cuando estoy sin el ciento que pierdo una oportunidad que el destino me da.
-El amor no son oportunidades, es ser auténtico, uno mismo, ser feliz cuando esta y extrañarlo cuando no.
-Yo lo admiro, tiene una gran carrera, es un luchador de la vida pero no sé.
-No lo amas!
-Como lo voy amar sin apenas lo conozco?
-Simplemente lo sabes Estefanía desde que lo conoces.
-Tú sabes que no creo en el amor porque el encanto se pierde con la monotonía.
-No es el indicado para ti.
-Creo que me he acostumbrado a la soledad.
-No lo creo Estefanía, cuando ames, no tendrás que explicarte por qué lo amas, simplemente no sabrás porqué! Y amiga, sufrirías su ausencia si no está. Jamás querrías volver a estar sola. Sentirías celos muchos celos – Gabriela ríe.
-Los celos son signo de inseguridad e inferioridad.
-Eso dice la literatura! Pero cuando el corazón siente, no conoce libros solo su propio lenguaje. Lo que te digo es que esperes porque aún no conoces al indicado.
-Como sea hoy lo veré y le daré una oportunidad. Gracias.
-Como quieras! Un día me darás la razón. Suerte.
Estefanía se la pasó esperando que llegaran las 11:00 am para salir con Humberto, durante ese tiempo se la paso sin poder decidir que atuendo podría ser el más acertado. Primero opto por un vestido de coctel floreado, pero entonces recordó que se quería ver mayor. Opto por unos jeans azules sencillos, una camisa formal roja oscura ajustada y unas sandalias de plataforma café del mismo color de su bolso. Solo faltaban cinco minutos para la hora de la cita, cuando Humberto la llama informándole que está afuera, su puntualidad sumo puntos a su favor.
Cuando entra a su auto mira que él viste una elegante camisa formal rosada que le asentaba muy bien con su tez blanca, mas unos jeans azules finos y unos zapatos cafés claros elegantes. Su perfume era tan delicioso que Estefanía comenzó a sentirse demasiado casual. Al voltear al asiento trasero mira un gran ramo de rosas rojas. Ella lo mira con asombro y Humberto asiente y sonríe con sus perfectos hoyuelos.
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La primera página.
Mientras Estefanía toma un café a eso de las cuatro de la tarde en la quinta "Santa Catalina" en San Rafael del Norte disfruta ver el hermoso paisaje con detenimiento los inmensos árboles, la laguna, la neblina y el canto de las aves; Era un lugar paradisiaco.
Recibe un abrazo por detrás de Humberto mientras le da un tierno beso. Para estar junto al recuerda que tuvo que pasar por muchos obstáculos, desde el primer beso, la primera discusión de muchas que vinieron después con su familia, la vez que llegó Humberto a hablar con su madre, la tristeza y decepción de ella, al resignarse de su decisión, acostumbrarse a que la gente los criticara en la calle. Aunque todo había valido la pena, en tres meses Humberto la había llenado de amor, seguridad y respeto.
Estar con Humberto había sido la primera de muchas decisiones que la separaron de lo que ella algún día soñó ser. Con él ya se había resignado a cumplir con un compromiso que va más allá de la edad y la experiencia. Recuerda que cuando le contó a su madre sobre su relación con Humberto, lo único que le dijo fue que "si tu Estefanía estas preparada para un noviazgo en donde te criticaran de por vida por estar con tu novio viejo y cuarentón, adelante! " sin embargo trato de ignorar esas hirientes palabras y racionalizar que si podía soportar ese vergonzoso momento, podría con cualquier otro.
Hasta ahora, no había tenido sexo con Humberto, él trataba de demostrarle
Que su amor llegaba más allá del deseo carnal y que lo harían cuando Estefanía estuviera preparada. Lo más irónico es que en ocasiones Humberto comenzaba excitándola y acariciándole sus partes íntimas con sus manos pero paraba de la nada cuando empezaba a subir la temperatura.
Esa tarde mientras toman café, Estefanía observa que Humberto esta algo inquieto.
-Estas nervioso? Que pasa?
- Si, me conoces bien amor. -El ríe.
-Sabes que puedes confiar en mí.
Humberto se levanta de su asiento, se arrodilla en el piso de madera y de sus bolsillos saca una pequeña caja.
-Cielos! Es, es…
-Te quieres casar conmigo?
Ella se queda en silencio, quizás no esperaba esa propuesta tan rápido.
-Estefanía, eres el amor de mi vida lo supe desde el día en que te conocí, cuando el destino se encargó de juntarnos, soy adicto a tus caricias y a tus besos. Y francamente, jamás había apostado tanto por una relación. Estefanía solo asintió con la cabeza, Humberto le coloco esa hermosa piedra en sus delicadas manos y un tierno beso en la frente.
Como era de esperar la familia de Estefanía se reusaba ante la decisión de la joven, es más hasta ella misma se sentía confundida, culpable y avergonzada. Era como entrar a una cueva sin resguardo, lista para enfrentarlo todo pero sin conseguir nada.
Es más estaba consciente de que nunca había amado a Humberto, jamás lo había llamado para preguntar de como iba su día, y pocas veces era cariñosa a excepción de cuando él se lo pedía. Había llegado a tal punto de considerar esa simplicidad y frialdad como parte de su naturaleza. Y si Humberto le garantizaba pertenecer a la alta sociedad, ser cuidada como un trofeo, y conocer nuevos mundos entonces estaría dispuesta a contraer matrimonio.
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El matrimonio fue realizado en un lujoso hotel cinco estrellas de la ciudad, la novia parecía una princesa con su hermoso vestido blanco de encajes y bordados hecho a mano. Los invitados disfrutaban de la delicadeza del diseño y así mismo podían observar la tristeza de la novia que seguía sentada en la mesa principal con su marido. En ese momento por la cabeza de Estefanía pasan recuerdos cuando soñaba con algún futuro diferente, tal vez mejor.
Aun no conocía la felicidad y no sabía por qué no podía demostrarle a Humberto sus sentimientos de una forma u otra. Era su boda pero sentía tanta vergüenza y tantas ganas de desaparecer.
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Dame tu amor y te daré mi vida
Y si me das tu luz yo alejaré mi oscuridad
Yo te sigo esperando a las 11:00 pm
Pero tu lejanía es como un duro golpe gris
Como el azul oscuro de un cielo agitado
Así está mi corazón abandonado.
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Danilo llega a Nicaragua observa con quietud muchas zonas carentes donde podría ayudar. Su emoción es tanta que olvida llamar a su familia de lo asombrado que estaba al conocer detrás de las ventanillas del auto el País.
Al llegar a la casa donde se hospedaría junto a cinco médicos más, se da cuenta que la misma cuenta con una infraestructura impresionante superando sus expectativas. Contaba con una sala, dos baños, ocho habitaciones, una amplia cocina, el ambiente era exquisito con un tono Verde primavera.
Se acomoda en un cuarto propio donde observa el lujoso vecindario. Tan solo tenía 21 años y no puede contenerse al ver a un grupo de jóvenes de aproximadamente diecisiete años cargar a una jovencita de manera brusca mientras Ella pedía auxilio.
Danilo se baja para mirar mejor lo que sucede. Desde la esquina tira un fuerte grito.
-Suelten a la señorita! Por qué no se meten con alguien de su tamaño?
-La "señorita" solo jugaba. -ellos la empujan bruscamente al suelo mientras Danilo la toma del brazo.
-Gracias! Ellos son mis amigos, solo que a veces suelen pasarse conmigo. Dicen que soy como un chico más… - ella sonríe de manera infantil.
-Tus amigos? Disculpa pero no deberías dejar que te traten así. Podías haber tenido un accidente.
-Lo sé! Y te agradezco es más cuando me defendiste me pareciste como un superhéroe de historieta a todo dar! -ella lo toma con delicadeza del brazo.
Podía ser que esa jovencita no fuera una top modelo, es mas era baja, de cabello corto rizado, castaño esponjado, con delgados labios, algo recia, con notables pechos pero con una gruesa nariz. Sin embargo era hombre y podía notar como ella le acariciaba el brazo y con la mirada le daba a entender muchas cosas. Ya hacía una semana que no tenía sexo y la verdad estaba un poco desesperado.
-Por cierto, me llamo Karla y tú?
-Soy Danilo, mexicano y estudio medicina.
-Eso está a todo dar, ya lo notaba por tu forma de hablar. Yo estoy en el colegio aún, este año termino.
-Seremos vecinos o algo así?
-Yo vivo como a 1 kilómetro acá, vengo porque me gusta el lugar, cuando vaya al colé me puedes llevar y hablamos mejor.
Esa joven tenía un espíritu tan relajado, desde su estilo para vestir con sudaderas, shorts, botas militares, y un choker en el cuello. Su forma de hablar era parecida al de un chico. No tenía la cortesía de una "dama" pero sus ojos le brillaban desde que lo conoció y aparte Danilo había notado como ella se humedecía los labios al hablar.
-Me parece bien Karla, cuando tenga tiempo, nos ponemos de acuerdo y me presentas la ciudad. -él sonríe.
-Yo, es decir, a mí, bueno que me encantaría. -ella se ruboriza.
A Danilo le gustaba jugar, ver las expresiones de jovencitas ingenuas menores que él, se sentía supremo, claro que jamás se había comprometido de verdad, solo cuando tenía quince años y se enamoró de su primer amor de catorce con la que duro dos años y desde ese entonces se había acostumbrado a la clandestinidad.
-Tienes bonitos labios Karla. -el sonríe atractivamente.
Karla no sabe qué hacer, ni que decir, ese joven estaba fuera de su alcance, él es tan elegante, adinerado y futuro médico. Era como nadar en aguas desconocidas. Y lo peor del caso es que le hizo un alago a sus delgados labios.
-Gracias! Yo soy buena besadora, quiero decir que ya sabes, beso bien -de nuevo se ruboriza.
-Así? -el ríe.
-Quise decir no creas que soy un Ángel, me gusta portarme mal.
-Bueno Karla, fue un gusto conocerte, espero verte más seguido, adiós! -él se despide con un beso en la mejía.
Ella se queda muda sin decir una palabra, al ver que él se marcha, ella camina hacia su casa pensando en lo perfecto que es Danilo, en su voz que llegaba a su mente como flashes , entra a su casa que no es lujosa pero cómoda, en el cuarto de su madre abre un cajón y se roba un labial rosa para la próxima vez que mirara a Danilo, toma su celular y lo busca en todas sus redes, le envía a todas solicitudes, siempre se había considerado "la gordita" pero él la hizo sentir atractiva. Se acuesta en la cama y abraza uno de sus peluches y comienza a soñar despierta.
Por otro lado Danilo asiste al lugar donde ofrecería sus servicios, era una clínica para la alta sociedad. La noticia de que llegarían médicos extranjeros le añadía mayor prestigio a la misma.
No llenaba sus expectativas pues en el fondo de su carácter exhibicionista había dentro un joven con muchas ganas de servir a los que de verdad necesitaban. Quería servir a comunidades con epidemias o virus. Niños indefensos sin sustento. Simplemente quería adentrarse en ese lugar oscuro donde todos necesitan un refugio.
Sin embargo estaba en un edificio con paredes de cristal, ascensores, un aroma totalmente exquisito para ser una clínica y en un subvenir de personas adineradas.
Era como estar en un hotel cinco estrellas claro que nada superior a lo que podría encontrar en México, sin embargo superaba sus expectativas. Lo mejor del caso era ver como las personas que asistían a la clínica le tenían tanto respeto. Por las noches se pasaba leyendo diversos casos clínicos para poder rendir a fin de cuentas al día siguiente. Su área predilecta era la de pediatría. Amaba ver la inocencia de los niños y como los mismos podían llegar a tener más fuerza de voluntad en sanación que los mismos adultos.
Cada día se convertía en el practicante predilecto para la famosa clínica, los médicos lo llamaban para que el apoyara en complicadas operaciones.
Cada día llegaba más cansado a su departamento. Sin embargo ya había conocido una que otra vecina de la zona residencial. La que más le llamo la atención fue una joven de aproximadamente veinte años, de piel tostada, cabello castaño hasta la cintura, ojos cafés oscuros, una bonita cintura y algo menudita pero atlética. La conoció mientras él salía a correr por el vecindario y ella paseaba a tres perros que según eran adoptados.
La joven le agradó instantáneamente, al conversar con ella se dio cuenta que tenía muchos buenos argumentos para mantener una interesante conversación desde política hasta como es presidenta de un grupo de jóvenes que se dedican a solidarizarse con escuelas de escasos recursos. Su nombre era Ximena y seria futura periodista.
Las pláticas con la joven se volvían cada vez más largas, de ella podía admirar sus opiniones, no le llamaba la atención en el sentido físico aunque era bonita. Lo que le llamaba la atención era su exótico sentido de ver la vida para muchos algo forzada pero para otro algo admirable.
Sin embargo se veía los domingos con Karla, él le daba un paseo en el auto alquilado mientras podía ver desde el retrovisor como ella lo miraba con tanta singularidad.
Al terminar el paseo él se acerca lentamente a la joven, mientras ella se avalancha con fuerza hacia él, es inevitable sus cráneos chocan, pero el dolor a Karla no le importa. Por qué lo besa de manera salvaje como en las películas. Fue un largo beso como de tres minutos dejándolo tocar uno de sus pechos y el abdomen.
Ella sale del auto y él puede apreciar de lejos cuando ella voltea disimuladamente guiñándole un ojo.
Él le regala una sonrisa coqueta y arranca pensando en que las cosas no habían cambiado tanto desde que piso Nicaragua es más sus encantos se habían intensificados. Los viernes en los clubs no salía sin números telefónicos en los bolsillos o al despertar en cualquier hotel clandestino, y para el mejor de los casos tenía la capacidad de encender hasta la mujer más decente.
Su ego estaba por las nubes. Mientras le comentaba a dos de sus amigos como había empañado los vidrios de su auto con la joven más decente y seria del lugar. Una dama esbelta, de cabello lacio oscuro por los hombros, cejas espesas, labios insoportablemente gruesos y tentadores, de tez blanca, y mejillas sonrojadas adornadas con unas pecas exquisitas. Su estilo de vestir la hacía ver sensual pero elegante. La observa que entra sola a uno de los consultorios. Ella no lo ve, va segura como si ya ha visitado muchas veces el lugar. Lo más extraño es que, Danilo había conocido muchas mujeres hermosas antes, y en esa clínica habían hasta más bellas que ella. Pero la mirada de esa joven, o su presencia lo deslumbraban era como, no saber el porqué estaba nervioso con solo hecho de mirarla aunque ella no lo notase. Midió el tiempo y el joven paso como una hora dentro, hasta que salió, ella se queda de pie buscando algo dentro de su bolso, parecía que buscaba su celular y se va.
Danilo no duda en entrar al consultorio de la doctora Gabriela que tenía la fama de involucrarse sentimentalmente con todos los doctores de la clínica.
-Hola! Puedo pasar doctora? -Danilo sonríe.
-Claro! Tú debes ser el doctor mexicano, Danilo, no?
-Gracias! Es un honor que usted sepa mi nombre.
El observa que la doctora Gabriela tiene unos 25 años, entonces supone que tal vez esa chica tiene la misma edad aunque se veía menor.
-Acá todos nos conocemos. Esta clínica es muy fraternal, y no me digas Doctora, mejor llámame por mi nombre si somos compañeros.
-Sí, me parece que todos son muy solidarios aquí.
-Que es lo que más te gusta de Nicaragua?
-Su comida, es sabrosa.
Ella lo mira, entre un incómodo silencio, mientras se mese levemente en su silla giratoria.
-Pero que te trae por aquí Danilo?
-Como así?
-No lo sé, haz estado aquí por casi dos semanas y de pronto quieres socializar con la odontóloga de la clínica!
-Bueno, quería conocerte, pero te quería hacer una pregunta.
-Dime?
-Hace casi dos horas entró a tu consultorio una joven cabello negro lacio, tez blanca...
-Estefanía? - ella lo interrumpe mientras lo observa fijamente.
-No sabía que se llamaba así. Y no sé si hablamos de la misma persona.
-Ella vestía jeans azules y una camisa blanca con tacones cafés y la cartera del mismo color no?
-Exactamente la misma.
-Porque tu interés en ella? Digo, se que Estefania llama mucho la atención pero tomarte el tiempo de preguntar por ella?
Danilo siente una mirada cambiante de Gabriela dirigida a una parte estricta, algo confuso.
-Es que me llamo la atención porque la note algo confundida con la ubicación de tu consultorio.
Gabriela apoya una y otra vez el lapicero con una expresión poco amistosa.
-Lo siento Gabriela no debí… mejor me voy -Danilo da la vuelta.
-Espera! -Gabriela se queda un rato en silencio mirando hacia el piso.
-Dime.
-Es que no te creí eso de que Estefanía estuviera perdida ya que ella viene a mi consultorio desde hace dos años. Ella es mi mejor amiga Danilo y se tus intenciones y yo…
-Gabriela, lo siento, si, te mentí quizás esa tonta excusa fue lo primero que se me vino a la cabeza porque...
-Ahora escucha tú! Estefanía es una mujer hermosa que puede llamar mucho la atención, ella tiene una presencia inexplicable pero está casada y tiene un hijo de ese matrimonio. Mejor no te acerques a ella.
-Lo siento Gabriela tal vez me di a entender mal. No era mi intención hacerte pensar eso. Con permiso.
Al salir de ese consultorio inclusive cuando llegó a su apartamento no podía dejar de pensar en cómo esa mujer le había causado tal impacto de la nada. Le parecía tan irreal que algunos sentimientos afloraran con alguien que está casada y con la que no intercambio palabras. Se hizo a la idea de no volver a pensar en ello. Que tal vez el estar lejos de su familia o la presión que el mismo se imponía lo estaba llevando a concentrarse en otras cosas. No dudo ni un segundo esa noche fue a buscar a Karla.
Entre besos y caricias casi culmina la noche con sexo con la joven pero luego recordó que era menor de edad y que se confirmaría con lo que ella le había brindado.
Escucharla era como ver a su mascota siempre tan imperativa, parlanchina y vivaz. Definitivamente no se comprometería pero al menos era divertida.
Al día siguiente en el cafetín de la clínica , mientras Danilo toma una soda mira entrar a Estefanía, que estaba preciosa, andaba un enterizo azul oscuro y unas altas sandalias de plataforma, su rostro era perfectamente misterioso y desde donde él estaba pudo apreciar la sonrisa que ella le regalaba a los empleados. No solo se notaba bella si no que también sencilla de esas pocas personas que no tratan de lucirse ni de exhibirse ante los demás.
Mientras Estefanía tomaba su café, él pudo notar su mirada perdida e intensa. En ese momento quería levantarse y hacerle compañía pero no pudo. La voz de Gabriela le rondaba por la cabeza que esa mujer era prohibida. Casada pero feliz?
Al terminar de tomar su caer, ella se levanta y camina con seguridad al estacionamiento sin mirar a nada ni a nadie. Mientras Danilo la persigue. Se esconde detrás de un auto y mira que un hombre elegante pero mayor se le ha cerca a la joven mientras la saluda con un beso en los labios, le abre la Puerta del auto y se marchan.
Ahora no podía creer que Estefanía estuviera casada con un hombre de la edad de su padre. Con alguien que ni siquiera la satisfacerla como él lo haría.
Durante toda la tarde se la paso atendiendo a varios pacientes a los cuales les prestaba la mitad de su atención. Al llegar a su departamento no podía centrar su atención más que en Estefanía, esa mujer tenía una sensualidad tan peculiar, que la imaginaba desvestida haciéndole el amor. De solo pensarlo se entusiasmaba. Esa noche llamó a Ximena, ella lo invito a su departamento vieron una película y después ella comenzó a alardear de lo mucho que sabía de política, esas pláticas ya no le parecían interesantes sino aburridas hasta algo forzadas.
Esa noche decidió irse a dormir a su departamento.
Pasó casi una semana desde el día en que la vio tomando un café, para él cada día era una tortura, sufría inexplicablemente su ausencia. Solo sabía que quería conocerla cada día más.
Rosalba era una asistente en el área de odontología que se caracterizaba por tener una estrecha relación con Gabriela. Lastimosamente Rosalba estaba pasando por unos de sus peores momentos debido a que su esposo estaba pasando por un problema legal sobre fraude. Sus gastos cada vez eran mayores y más para la vida lujosa que en los mejores momentos le ofreció su esposo y que ahora se negaba a abandonar.
Quizás para Danilo la idea que le pasaba por su mente era una de las ideas más descabelladas que había tenido. Sin embargo algo que había aprendido desde pequeño era a comprar la confianza de la gente para conseguir cualquier objetivo.
Una tarde al salir de la clínica observa a Rosalba disimular esperar un taxi aunque días antes Danilo la había estado estudiando y sabía que ella solo aparentaba esperar uno y que después de cierto tiempo de espera se iba a esperar el autobús situación que era humillante para ella.
Él le ofrece llevarla a su casa. La mujer no duda en montarse. Mientras conversan de diferentes temas principalmente de como lo había recibido Nicaragua, Danilo se llena de valor.
-Rosalba, como te llevas con Gabriela?
-Gabriela es muy buena jefa y es como mi hermana.
-Rosalba te quiero proponer algo, como un negocio, algo que te conviene a ti y a mí.
-Sobre Estefanía?
-Como lo sabes?
-Gabriela me lo dice todo.
-No te molestaría contarme algunos detalles sobre ella porque…
-Estefanía no significa nada para mí, no somos amigas y no pretendo ser lo. No me importa lo que descubras de ella porque cuando lo hagas sabrás que no vale la pena.
-Quiero correr ese riesgo.
-A que te refieres?
Humberto se estaciona en una zona residencial estrecha pero lujosa. Mientras se acomoda al asiento y toma un respiro la mira fijamente.
-Yo quiero que tú ganes porque sé que no tienes ninguna responsabilidad en confiarme lo que sabes. Por eso quiero ofrecerte una pequeña ayuda porque sé que eres una mujer luchadora que tiene un amor tan grande por su marido que está dispuesta a darlo todo. - Él le ofrece un sobre amarillo.
-No puedo tomarlo es algo humillante.
-No lo es, tú me ayudas y yo te ayudo.
-No puedo. -ella trata de bajar del auto.
-Ella me encanta.
-Quien? - Rosalba voltea.
-Estefanía me gusta demasiado. Jamás había hecho tanto por una mujer pero en sí hay algo en ella que me hace falta a mí. La miro y no me explico pero me paralizo soy torpemente predecible.
-Pero lo que sientes por ella no es real, nunca le has hablado o tocado. No sabes cómo será contigo.
-No lo entiendes porque no sabes lo que yo siento por esa mujer.
Rosalba lo mira por un minuto a los ojos, y toma el sobre mientras lo guarda desesperadamente en su cartera.
-No lo sé a qué juegas, pero te diré lo que se, Estefanía es mayor que tú, ella tiene veintitrés años, estudio ingeniería industrial, no ejerce, se dedica a administrar su boutique en los Robles, tiene un hijo de casi dos años, está casada con Humberto Peralta, gerente de una de las industrias más poderosas del país, es mayor le lleva más de veinte años de diferencia y…
-Ella lo ama?
Rosalba se queda en silencio, dudaba si el dinero podía comprar lo que Gabriela le había contado en silencio.
-Solo te puedo decir que el Señor Humberto la engaña constantemente, que incluso Gabriela me ha contado que su matrimonio es pura fachada.
Danilo respira profundamente y puede sentir un aire de esperanza.
-No lo sé, digo, como me acerco a ella?
-Estefanía visita constantemente el restaurante "Cali" los días jueves o incluso hoy viernes. Quizás la encuentres con su esposo aunque él casi siempre está de viaje. Si tienes suerte estará con algunas amigas.
Esa tarde después de dejar a Rosalba en su casa, regresa a su departamento busca en su closet algo elegante pero casual para acudir al restaurante. Se decide por una camisa de vestir blanca y unos pantalones y zapatos negros. Era innegable que ese estilo lo favorecía demasiado.
Al llegar al restaurante se sienta en una de las mesas del fondo y pide una soda. Al pasar una hora pide una orden de lasaña.
Para su sorpresa mira entrar a Estefanía
Con un sensual vestido rojo que la hacía ver fascinante sin embargo se decepciona cuando la mira acompañada del esposo.
Desde donde él estaba podía mirar a la joven triste y aunque estuviera acompañada la notaba aburrida. Pudo notar como Humberto trataba de lucirse frente a ella con sus amistades. Como la tenía en la mesa como un adorno más. Después de cierto tiempo la mira levantarse dirigiéndose al baño de mujeres, cuando él decide cambiar el rumbo de la situación interponiéndose en su camino.
El instante en que se quedó frente a Estefanía fue extraño era como que ella ya estaba acostumbrada a momentos tan impulsivos como ese. Al principio la noto fría pero luego sus caparazones se iban cayendo poco a poco ya que lo notó al no poder contener su sonrisa. Para su desgracia se sintió incomodo cuando Humberto llego a la, y pudo notar que era un hombre controlador sin embargo Estefanía no mostraba ningún sentimiento en ese momento.
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"No escribas tu propia historia de amor con tinta roja pensando que escribirás un precedente de rebelión recuerda que tus propios fantasmas pueden aparecer cuando y con quien menos te lo esperas…"
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Estefanía sigue acostada cuando siente que Humberto se sienta en la cama y antes de levantarse le da un tierno beso en la mejía. Entra a la ducha y no dura ni quince minutos para prepararse e irse al trabajo.
Cuando escucha que se va en el auto. Ella se levanta. Pide su desayuno a Nancy una joven de veintidós años que es ama de llaves y también la cuidadora de Humbertito.
Lleva el desayuno al jardín. Toma su café pensando en muchas cosas. Antes de conocer a Humberto se sentía libre. Sin embargo la noche anterior se sintió como un plato más en la lujosa mesa de negocios. Además su intuición no se equivocaba y sentía que su esposo tenía muchas vidas fuera del matrimonio. Era innegablemente hermosa y no era feliz. Era rica y no estaba completa. Estaba adornada por un importante apellido pero la soledad la asechaba.
No duda en prepararse para no sentirse tan vacía en el frío jardín y se decide por ir a visitar a Gabriela a la clínica que tal vez no era la mejor compañía pero sus historias y el mantener una percepción madura con ella la hacía sentir menos agobiada.
Cuando va de salida, llega su madre, situación que la sorprende ya que su relación no era muy cercana desde que se casó con Humberto.
-Mamá! Que sorpresa no te esperaba.
-Parece que no estas feliz al verme Estefanía.
-No, para nada estoy feliz que vengas a ver a Humbertito.
-Así veo, es un niño hermoso. Se parece a sus padres. -la mira apaciblemente mientras carga a su nieto.
-Gracias! Dicen que se parece más a Humberto que a mí.
La madre de Estefanía hace caso omiso al último comentario, ya que era evidente que no se llevaba bien con Humberto.
-Tienes la casa que siempre soñaste. Cuando la vi de lejos pensé que era una mansión.
-Sí, Es linda. - Estefanía trata de mostrarse lo más sencilla posible.
-Te diré la verdad, quiero demostrarte que estoy interesada en ti, en que a pesar de la distancia y nuestras diferencias tienes una familia que te apoya.
-Mamá tu misma has creado un abismo entre nosotras. No aceptas mis elecciones. Si me aceptas a mí también tienes que aceptar a mi familia.
Estefanía desde pequeña nunca le confió su vida privada a su madre. Siempre pensó que hacerlo la volvería vulnerable. Entonces cuando se comprometió con Humberto fue un duro golpe para toda la familia.
-Estefanía, me he equivocado al juzgarte, y te confieso que hasta el día de hoy no acepto que te casaras con un hombre que te dobla la edad.
-Y vuelves con lo mismo.
-Pero, veo que te ha dado todo lo que mereces. Vives la vida que cualquier mujer sueña que algún día le pase. Un día lo mire en una entrevista y hablo muy bien de ti y de Humbertito.
-Él es una gran persona.
-Es el amor de tu vida? - la madre de Estefanía le preguntó lo mismo hace tres años cuando lo presentó como su prometido ante la familia y no supo que responder.
-Mamá sabes que yo no creo en esas terminologías románticas!
-Y todavía pienso que no es el amor de tu vida. No lo amas, ni sabes cómo y que se siente.
-Solo a eso vienes? Para cuestionar mis sentimientos?
-La vida no es un negocio. Sin embargo te pido disculpas por mantenerme tan obstinada contigo. Quien soy yo para juzgarte? Si solo el tiempo podrá demostrar tu amor Estefanía.
Estefanía convenció a su madre de que pasara la noche en su casa. Cuando llegó Humberto se sorprendió al ver a su suegra y se mostró muy caballeroso. Durante la cena comenzó a alardear del trabajo y las vacaciones en República Dominicana. Estefanía solo deseaba que la conversación acabara. Lo más extraño es que antes esas platicas la llenaban de orgullo y ahora la a penaban. Cuando la cena al fin acabó Estefanía sintió un gran alivio. Humberto se fue a la oficina a terminar algunos trabajos. Mientras Estefanía disfrutó de una charla amena con su madre sobre la familia, amigos y conocidos. Se asombraba de como las cosas habían cambiado para muchos, incluyéndose.
Al día siguiente despide a su madre, y le da una gran nostalgia verla partir. La noche anterior se había sentido acompañada y volver a recordar a esa joven alegre, intensa e independiente que algún día fue la hacía cuestionarse en muchos aspectos.
Ese día estaría sola, ya que Humberto supuestamente tenía una reunión de negocios en la empresa aunque fuera Domingo. Lo más extraño es que verlo marchar la llenaban de emoción. Estaba en el punto de su matrimonio que mantenerlo lejos la llenaba de satisfacción. Se la pasó dos horas jugando con Humbertito, luego se fue con el de compras, regreso a su casa se durmió junto a su hijo y después miro películas en pijamas.
Esa noche Humberto no llego a dormir a casa. Estefanía se tiro a la cama, extendió sus brazos y piernas con libertad mientras puso un disco instrumental de los que Humberto odia y se quedó dormida.
Al día siguiente hace una sesión de yoga en el jardín. El clima estaba muy frío y apenas amanecía. Esa era su hora favorita del día, cuando el silencio era incomparable, los pájaros con sus cantos le brindaban paz, el sereno de la mañana le recordaba cuando corría en los campos de León a las cinco de la mañana.
Al terminar, toma una ducha y opta por desayunar con Gabriela en la clínica, así que se decide en usar un vestido de coctel color coral ya que por la tarde también tendría que ir a inspeccionar su boutique que la administraba una de las hermanas de Humberto. Su relación con sus cuñadas era buena, sin embargo por las mismas instrucciones de Humberto, Estefanía tenía que resguardar distancias, mantener su estilo y elegancia para provocar respeto y superioridad.
Estefanía llega a la clínica, espera afuera a Gabriela que atendía a unos pacientes. Estefanía estaba con su celular cuando de pronto alguien le toca la espalda, ella voltea y mira a Danilo. Su expresión fue de confusión , lo observa de pies a cabeza vestido con una pijama de medico como él mismo dijo, inevitablemente piensa en que se ve extremadamente guapo, su piel era tan perfecta, podía notar que ese chico nunca había pasado alguna necesidad en su vida.
-Hola! No pensé volverte a ver Estefanía.
-Ni yo! Estoy, estoy asombrada. Es tan extraño encontrar al galán de Cáfila vestido de doctor en esta clínica a la que siempre vengo.
-Gracias por lo de galán! -él sonríe.
-En serio es muy extraño que en una ciudad tan grande las personas se reencuentre en los lugares menos indicados.
-Todo pasa por alguna razón. Infortunadamente no pudimos hablar bien. Y la vida nos da una segunda oportunidad.
-Estoy casada. -Estefanía sonríe burlescamente.
-Lo sé! Podemos hablar y quizás llegar a tener una bonita amistad.
-Suena bien.
-Tienes cita con la doctora Gabriela?
-No, es mi amiga y quería desayunar con ella pero ya se ha demorado casi una hora.
- Desayuna conmigo! Estas citas de los lunes demoran demasiado.
Estefanía sabia en el fondo que crear una amistad con un hombre que apenas conocía y que la miraba de la forma en que Danilo lo hacía era algo peligroso; Sin embargo no podía contenerse ya que sus ganas de conocer lo desconocido era como respirar nuevos aires que solo se pueden encontrar en otro lado del mundo. Además, la mirada de Danilo era tan ardiente como un volcán a punto de explotar. No podía contenerse así que acepto desayunar con él en un restaurante de comida típica que quedaba en una zona muy silenciosa y natural. Tenía cuadros pintorescos en las paredes. Las meseras vestían de trajes típicos. Y hacían tortillas en el mismo sitio, por lo tanto optaron por quedarse en el jardín que tenía todas sus paredes pintadas con grafitis y que a la vez estaban impregnadas con frases de artistas nicaragüenses y otros anónimos.
-Este lugar es asombroso Estefanía. El otro día andábamos un grupo de doctores mexicanos y nicaragüenses nos llevaron a comer a un restaurante que queda ubicado en la avenida central y no me gusto. No era como este…
-No sentiste la esencia.
-Correcto! Esa es la palabra.- Danilo observa a Estefanía tan relajada e intensa, a pesar del silencio se sentía acompañado.
-Sabes? Cuando era pequeña siempre le decía a mi mamá que cuando fuera mayor yo tendría un restaurante de comida típica, con meseros que vistieran con trajes folkloricos, dándole espacio a cantautores nicaragüenses de mostrar su talento los días viernes - Estefanía sonríe?
-Así que este lugar es tuyo?
-No, pero si me parece interesante que alguien tuviera la misma idea y que ahora sea uno de mis lugares favoritos.
Danilo no quería tocar temas sobre la vida personal de Estefanía. Solo quería que ella se sintiera bien de estar con una persona que no la presionara y que simplemente disfrutara de su compañía. Por otro lado Estefanía disfrutaba ser ella misma. De no estar con alguien que no le preguntara de su pasado y que no la juzgara por sus cicatrices. Sus conversaciones no eran comunes de dos personas que apenas se conocían era como, si fueran dos amigos que no se veían desde hace muchos años.
-Danilo, yo he visto en televisión, casos especiales de médicos atractivos que conquistan a sus propias pacientes. Ya ha sido tu caso?
-Gracias por lo de atractivo. - Danilo ríe y se sonroja.
-De nada, pero volviendo al tema, ese ha sido tu caso?
-Cual caso? - el ríe.
-Si has tenido alguna experiencia sentimental o pasional con tus pacientes!?
-En qué serie o película más enferma viste eso!?
-Bueno, dime si es la realidad.- Estefanía sonríe.
-Obvio no, sabes porque?
-Por ética.
-Exactamente señorita.
-Otra pregunta, y entre colegas?
-Tampoco. Ese no ha sido mi caso.
-No te creo! - ella ríe.
-Es la verdad, nunca me ha pasado!
-Estas aquí conmigo y me conociste en la clínica.
-Pero yo no soy tu doctor. -él se acerca lentamente.
Estefanía se pone nerviosa ya que lo que había comenzado como un juego se había convertido en un coqueteo constante y lo peor del caso es que en el fondo le gustaba jugar con fuego. Ni en un pequeño instante pensó en Humberto fue como, que por primera vez era ella misma sin máscaras, preocupaciones, solo estaba ahí en un hermoso lugar y acompañada de un apuesto hombre.
Danilo no era el común hombre apuesto que siempre sabe que decir. Ella sabía que a parte de sus problemas. Danilo había construido muros que no le permitían abrirse por completo. Sin embargo disfrutaron esa mañana como nunca, entre risas, coqueteos y algunas miradas cómplices.
Danilo se sube al auto de Estefanía en el asiento del copiloto.
-Eres una gran compañía Danilo, disfrute mucho el desayuno y el poder conocerte mejor.
-Tú eres, eres asombrosa Estefanía.
-Gracias! Te paso dejando a la clínica?
-No, me gustaría pasar por mi departamento primero.
-Para qué?
-Olvide unos instrumentos que necesito usar por la tarde.
-Bien vamos, de paso quiero conocer donde te estas quedando.
Danilo sonríe al mirar a esa hermosa joven contándole entusiasmada sus anécdotas, en su mirada podía notar fuego y ese fuego era como un incendio entre los dos.
Al llegar al edificio mira a Karla que lo espera afuera con su perro, vestida con shorts de mezclilla, camisa a cuadros, tenis blanco y por lo general era un look bastante infantil, en ese preciso instante se cuestiona si bajar del auto era la mejor opción.
-Y ahora? Por qué no bajas?
- Creo que no necesitare de los instrumentos hoy.
-Danilo me hiciste conducir hasta acá para nada?
Él se queda en silencio, sabía que Karla se emocionaba demasiado al verlo tal vez lo abrazaría o hasta lo besaría. Sin embargo, bajo sin decir ni una palabra cuando de pronto Gloria grita emocionada mente su nombre y lo abraza con una fuerza impresionante.
Estefanía solo lo observa fríamente desde el auto. Por su mente pasaban mil preguntas instantáneamente pero sabía que era mejor que esa jovencita. Estaba confiada de sus encantos quizás era el aspecto en si misma que podía controlar con destreza y frialdad.
Danilo convenció a Karla que se marchara con la excusa de que su jefa estaba vigilándolo desde el auto. Y que si llegaba a tener una mala percepción de él lo enviarían de nuevo a México, posibilidad que mortificaba la tranquilidad de la jovencita.
Danilo entra de nuevo al coche preparado para contestar las preguntas de Estefanía sobre Karla, para su sorpresa Estefanía estaba tranquila, no le pidió ningún tipo de explicación ni por curiosidad, lo cual lo confundía de manera positiva. Por otro lado Estefanía aplicaba su vieja estrategia de mostrarse indiferente ante cualquier provocación.
Condujo hasta la clínica, mientras Estefanía sentía una intensa mirada sobre ella, era algo como una ola de emociones que la inmovilizaban, y su deseo de provocarlo en esa trayectoria era incalculable.
-Danilo, quiero pedirte un favor! - ella mira a la nada.
-Dime?
-No le cuentes a nadie que salimos hoy. Ni a tus amigos, tu jefe o incluso Gabriela.
- Bien! - Danilo tenía muchas ganas de preguntarle por qué? Sin embargo recordaba que esa chica era casada y que mantener el secreto le permitiría volverla a ver, aunque sus respuestas tuvieran que ser en monosílabos.
-Seguro? - Estefanía se sorprendía al ver la simplicidad con la que Danilo se tomaba la situación, se cuestionaba sobre la importancia que le ameritaba a todo. Y en el fondo habían sentimientos que no conocía y que, comenzaban a aflorar como el aspirar a que Danilo le importaran sus limitaciones.
-Sí, entiendo lo importante es que hoy la pasamos bien. Punto! - Danilo sonríe.
Antes de salir del auto intercambian números de teléfonos y se despiden con un tierno beso en la Mejía. Momento en el cual Estefanía siente la fragancia y esa piel tersa y suave de Danilo que la tentaban a repetir la ocasión.
Ese día Estefanía estaba radiante y contenta. Llego a casa con una sonrisa dibujada en sus labios. Al caer la noche sus propios fantasmas la atormentaron, comenzó a auto analizarse, todo el día había pasado pensando en Danilo, en su rostro, cuerpo, estilo y su risa. Lo más preocupante es que cada cinco minutos revisaba el celular para encontrarse con algún mensaje de él. Peor aún se había llenado de emoción cada vez que escuchaba el sonido de su celular, al abrir el mensaje su entusiasmo se desvaneció ya que era Humberto diciendo que no llegaría a dormir. Al menos solo quería un mensaje de "me gusto estar contigo" o un "buenas noches" y entonces comenzó a imaginarse a Danilo en la cama con esa jovencita que vio por la mañana. Pensó que a pesar de que esa chica no fuera muy agraciada físicamente tenía lo que ella ya no poseía desde hace tiempo "libertad". Esa noche se sintió más sola que nunca el insomnio el asecho como un torbellino de comparaciones banales. Jamás en la vida se había sentido tan desdichada.
Pasaron dos días y no recibió ninguna llamada de Danilo, era como si se lo hubiese tragado la tierra y peor aún, no podía lograr aceptar que no era suficiente como para que ese hombre no se enamorara de ella. Cuando ha sido tan dichosa en controla a cualquier hombre que se le pusiera en su camino. Era demasiado ofensivo el solo hecho de no recibir una llamada o mensaje de: buenos días, buenas noches o un cómo estás? Y cada día que pasaba su orgullo se hería como un pequeño alfiler que rasga una tela de seda. Quizás era su ego herido que buscaba mil excusas para desvanecer cualquier posibilidad que tuviera que ver con su falta de talento para mantener a un hombre a su lado. Situación que la asustaba ya que jamás se habían comportado tan distantes con ella.
Esa misma tarde se arregla impactante mente, se miraba hermosa con unos jeans blancos, una camisa de seda rosa, que resaltaban sus leves curvas con un toque de delicadeza, con sus zapatos altos demostraba su peculiar estilo de caminar y un cabello liso hasta la cintura que podía despertar la fantasía de cualquier hombre. Al llegar a la clínica. Entra al cafetín a comprar un jugo. Para su sorpresa mira a Humberto conversando entre risas con tres señoritas que aparentemente también eran estudiantes de medicina y más jóvenes que ella. En ese instante, se quedó quieta como el hielo y lo miro fijamente. Sentía desprecio, pero también fuertes golpes en el corazón, nudos en la garganta y un sin fin de pensamientos comparativos. Quizás fue cuestión de segundos pero basto para que Danilo leyera en la mirada de Estefanía su va y ven de tormentas.
Estefanía dio la vuelta, y camino rápidamente hacia su auto, quizás eran sus propios demonios que tripulaban en nuevos senderos de la mente y corazón que no conocía. Entra a su auto, y se queda sentada fría e inmóvil. De pronto golpean la ventanilla de su auto, voltea y es Danilo. Sus sentimientos se convirtieron rápidamente de odio y desesperación a tranquilidad infinita. El simple acto de que dejara en la mesa a esas tres jóvenes hermosas por ella, la reiniciaban por completo. Estefanía le abre la puerta del copiloto.
-Entraste en crisis Estefanía!
-No sé a qué te refieres, olvide el dinero en el auto, eso es todo!
-Tu mirada me dijo otra cosa.
-De veras? Que te dijo? - ella ríe sarcásticamente.
-Note que estabas celosa. -el sonríe.
-Yo? Yo, yo nunca eh estado celosa. Nunca!
-Segura?
-Lo que pasa es que me molesto que tuvieras tiempo para tomar un café con tus amigas y que no encontraras tiempo para enviarme un simple mensaje aunque sea por cortesía.
-Lo siento! Yo también espere tu mensaje.
-Ni modo!
-Te puedo preguntar algo? pero necesito que me respondas con toda sinceridad.
-Aja? Dime?
-Yo te gusto?
Estefanía ríe, se sonroja, parpadea incesantemente y se nota que está muy nerviosa.
-Que Danilo? - ella ríe.
-Solo respóndeme "Si" o "no" y ya. -Danilo se nota muy serio.
-La verdad si.- Estefanía le responde como si no tuviera nada que perder. Danilo se emociona, y suspira profundamente como que si las palabras de la joven fueran música para sus oídos. Ambos estaban frente a frente cuando de pronto Danilo no se puede resistir y se le abalanza a la joven con un deseo infernal. Entre besos y caricias no se pueden resistir y acuden al departamento. Danilo estaba totalmente excitado. Ambos se dejaron llevar por ese momento de pasión.
Al inicio Estefanía se quitó la ropa a excepción de la ropa interior. La joven poseía una seguridad impresionante para provocarlo, se hinco frente al joven, le bajo el pantalón y el bóxer, le saco su miembro bien dotado y lo puso en su boca haciéndole sexo oral. Luego el acto se comenzó a poner más salvaje cuando Danilo toma a la joven del cabello y la comienza a ahogar con su miembro. Estefanía jamás se había sentido tan excitada en su vida. Cada acto hacia que realizara cosas que nunca había imaginado. Luego Danilo se tira a la cama, y le pide que se des vista totalmente para él, pero que se deje puestos los zapatos altos. Cuando la observa desnuda se muerde los labios con pasión. Ella se sube y comienza a cabalgar sobre él, viniendo se pocos minutos después, los gemidos se convirtieron en gritos de placer. Danilo concreto esa tarde sus fantasías más recónditas entre rusas y un 69.
Tal vez perdieron la noción del tiempo, eran solo dos jóvenes de veintitantos años dejándose llevar por la pasión, quemándose y ahogándose con locura en un futuro incierto.
Danilo termina sobre ella, disfruta ver como su semen recorre espesamente las mejillas rosadas y las suaves pecas de la joven. Posteriormente la ayuda a levantarse y la lleva de la mano al baño para ducharse, comienzan a besarse tiernamente mientras Danilo acaricia sus senos y sus nalgas firmes. Estefanía le acaricia la espalda y lo araña suavemente con sus largas uñas. Él no se puede resistir y comienza a excitarse nuevamente. Carga a Estefanía y la apoya en las paredes húmedas mientras la penetra suavemente hasta embestirla con fuerza. La joven lo miraba a los ojos mientras gritaba de placer. Lo más asombroso fue cuando logro de nuevo un orgasmo inmediato.
Agotados se tiran a la cama y se quedan dormidos. Mientras Danilo la abraza mientras ella mantiene una posición fetal. Él se despierta primero y puede sentir la suave piel de Estefanía mientras la acaricia suavemente. Logra contar cinco lunares, el primero en la parte superior de sus labios, otro debajo de la oreja derecha, otro por la parte superior de la espalda, otro por la curva izquierda de su cintura y el último, su preferido que quedaba debajo de su pecho izquierdo.
Y ahora él estaba allí, admirándola, tocándola y sintiéndose dueño de una parte importante de Estefanía, su fuego. Quería más y no sabía el por qué pero deseaba retenerla, que se quedara con él intercambiando sus vidas como la claridad de la luna sobre el mar, matices fríos, nublados pero infinito. Cuando menos te lo esperas la vida te genera cambios inesperados, como encontrar al amor de tu vida al otro lado del mundo y cultivar la fe en el amor a primera vista.
La parte favorita del cuerpo de Estefanía eran sus senos. No se cansaba de acariciarlos, eran de tamaño promedio y firmes. Juntos se duerme hasta caer la noche. Danilo se despierta cuando su celular suena por la llegada de un mensaje. Lee el mensaje de uno de sus compañeros que le avisa que la llegada a la clínica será dos horas antes. Apoya nuevamente el celular a la mesita. Voltea la cara mientras sonríe al admirar nuevamente el cuerpo de Estefanía. No puede contenerse y comienza a besarla con ternura.
-Danilo! Qué hora es? - ella se muestra preocupada y trata de levantarse.
-Las 11:30 pm.- él sigue besándole la espalda.
-Ya me voy. - ella se levanta.
-Estefanía, es muy tarde! No puedes conducir a esta hora de la noche. Duerme aquí!
-No puedo! - ella se comienza a vestir.
-Lo de hoy no significo nada para ti?
-Olvídalo! Fue un error Danilo.
-Un error?
-Sí, un error me deje llevar!
-Pues no pareció que solo fuera un desliz .
-Danilo, estoy casada con otro hombre y…
-Pues déjalo!
-Me acabas de conocer y tú quieres que deje a mi esposo!
-Déjalo! O me vas a negar que hoy no te hice sentir más mujer de lo que ese viejo puede excitarte?
Danilo se acerca poco a poco a Estefanía mientras ella cruza sus brazos con resistencia y evita verlo a los ojos. Danilo le toma la barbilla y la dirige hacia sus ojos.
Estefanía abraza a Danilo. Mientras él apoya sus labios con los suyos con suavidad y se besan nuevamente con intensidad.
-Danilo , sería mejor olvidarlo.
-Te prometo que lo olvidaré todo mañana. Pero esta noche, quédate conmigo.
Esa misma noche hicieron el amor más de cinco veces. Estefanía tuvo los orgasmos que jamás había experimentado en su vida. Por un extraño motivo ella quería más de su cuerpo y su fuego. Jamás imagino que alguien podría provocar tal incendio en ella. La última vez que se quedaron dormidos, Danilo estaba de frente. Estefanía lo acariciaba suavemente el rostro mientras sonreía y siempre que lo miraba perdido en sus sueños lo besaba con ternura. Espero que cayera la madrugada, mientras se levantó de puntillas de la cama, se vistió, tomo sus cosas y salió del departamento. Mientras conducía por las calles desiertas recordaba a Danilo como flashes que le provocaban un raro hormigueo en el estómago, punzadas en el corazón y una inevitable sonrisa en su cara.
Al llegar a su casa se queda por cinco minutos en su auto sin saber si entrar sería la mejor opción, toma fuerzas y entra silenciosamente cuando de pronto alguien le enciende las luces. Es Humberto, está de pie, de short y camiseta blanca.
-Humberto! - ella se muestra sorprendida.
-Que son estas horas de venir Estefanía?
-Estaba donde Gabriela.
-Llame a Gabriela!
-La llamaste? - Estefanía automáticamente perdió el color en su rostro.
-Sí, la llame y me pareció increíble que le dijeras que no querías hablar conmigo!
-Que no quería hablar contigo?
-Estefanía pensé que me había casado con una mujer no con una niña que hace berrinches en casa de su mejor amiga.
-Pero yo…
-Pero nada! Pensé que comprendías como era mi trabajo! Tú sabes que soy el gerente general de una empresa que genera billones al año, tengo una gran responsabilidad sobre mis hombros.
-No pensé que te molestara tanto!
-No, ya es muy tarde para arrepentimientos. Quiero que sepas que yo me enamore de ti por tu seguridad. Desde cuando te convertiste en una de esas mujeres controladoras?
-Lo siento Humberto, me equivoque!
-No vuelvas a dejar a Humbertito solo por nuestros problemas. Podemos discutirlos y arreglarlo amor. - Humberto la besa en la frente.
Estefanía acude directamente al cuarto, toma una ducha, siente que Humberto la comienza a tocar, sus caricias le causan asco y ansiedad.
-Humberto, te pido un favor?
-Si amor - él le besa la espalda.
-No me toques.
-Porque? Soy tu esposo.
-Sí, pero no quiero que me toques!
-Sigues molesta?
-Quizás si, quizás no! - y se da vuelta mientras se cubre con una sábana.
-Como que quizás si o quizás no? - Humberto le hala la sabana con enfado.
-Qué te pasa a ti Humberto! Te desapareces por una semana, los últimos tres días ni si quiera recibí una sola llamada de tu parte, si bien es cierto que nunca nos falta nada, también deberías respetar cuando yo no estoy dispuesta a complacerte y para ser sincera me parece increíble que me consideres como un objeto que lo puedas usar cuando se te apetezca.
Estefanía se expresó como nunca lo había hechos, sus ojos grandes parpadeaban incesantemente cuando estaba nerviosa o enojada, de pronto le hala la sabana a su marido, se vuelve a acostar dándole la espalda.
Humberto se quedó sentado atónito, jamás había visto a Estefanía molesta, usualmente era una persona demasiado paciente y comprensiva respecto a sus horarios. No comprendía desde cuando le había comenzado a importar su presencia. En sus ojos vio un torbellino de emociones que nunca antes había vivido con ella. Estefanía que seguía pérdida mente dormida en la habitación. Cuando de pronto siente un largo beso húmedo en sus mejillas, al voltear mira a Humberto con una bandeja que acompañaba un desayuno que el mismo mando a preparar desde muy temprano. Estefanía sin ninguna emoción se sienta y comienza a degustar la comida. Humberto solo la observa sonriente.
- Te quedaras allí sentado? No vas a comer?
- Estoy a dieta amor, desayune un batido de naranja con piña y otras especias que me recetó un médico naturista en Panamá.
- Estefanía se queda en silencio como si por su mente no pasara absolutamente nada. Quizás solo trataba de ignorarlo ya que le bastaba solo la presencia de su marido para sentirse herida.
-Sigues molesta conmigo Estefanía? - el deja caer el tenedor en el plato intencionalmente.
-Me dan pena tus dramas Humberto.- Estefanía se levanta de la silla.
- Un momento! Te comprendo que te molestes por estar ausente algunos días, pero también me parece increíble que me castigues con tu silencio.
- Y ahora mi silencio te disgusta?
-Sí, me disgusta, me tiene harto y cansado.
-No era un problema cuando apenas me conocías.
-Lo mismo digo.
-Bien, con permiso.
-No eres perfecta.
Estefanía voltea con un resentimiento impresionante ante su esposo.
-Repítelo!
-Si no eres feliz para que sigues conmigo? Puedo notar que te molesta todo de mí. Tampoco eres esa madre ejemplar que todo hijo desea tener.
-Si no te gusta nuestro matrimonio, te puedes ir.
Se invade un silencio notorio. El personal de la casa jamás habían presenciado una discusión entre la pareja.
-Yo, no podría.
-Que?
-Amor, me demore quince años en encontrar a la indicada, solo necesito que esto funcione.
-Me Hieres Humberto!
-Lo siento amor! No debí decirlo. Quiero que otra vez funcione. Sería de gran ayuda si vamos a terapia de parejas.
-No quiero Humberto! Solo dame mi espacio y listo.
-Está bien amor. Pero perdóname.
Estefanía asiente con la cabeza y puede observar una mirada fría y sombría en Humberto, a la vez, él la tomaba del hombro fuertemente e indudablemente sintió miedo.
-Salgamos hoy Estefanía, a conocer un bonito lugar, como hacíamos antes, nosotros y Humbertito…
-No puedo, tengo otros compromisos.
-Cuales?
-Vas a empezar?
Humberto le intenta dar un beso y ella lo esquiva con frialdad. La mira fijamente, puede notar en el rostro de la joven ninguna expresión facial, solo un ambiente cortante y tenso.
Estefanía opta por ir a desayunar con Gabriela que se muestra algo sorprendida al escuchar su voz, después de lo de anoche.
Quedaron en un restaurante llamado "verdeadas" con todas las especies de comida vegetariana que podían existir. Gabriela tomaba un jugo de naranja. Al ver a Estefanía entrar se levanta y la saluda con un abrazo y un beso en la mejía. Estefanía le pide al mesero una ensalada verde con maíz y un jugo de naranja. Cuando el mesero se marcha observa a Gabriela algo apenada.
-No sé cómo explicarte lo que está sucediendo, pero quería agradecerte por encubrirme con Humberto anoche.
-Es lo menos que podía hacer. Ese hombre se escuchaba molesto.
-Lo sé. -Estefanía juega con la pajilla del vaso.
-Donde estabas anoche Estefanía?
-Yo no sé cómo explicarlo…
-Es Danilo?
Estefanía se asombra al escuchar ese nombre salir de los labios de su amiga.
-Como lo sabes?
-Maritza una pasante de enfermería te vio salir enfadada al ver a Danilo con ella en la cafetería. Y juró verlo ir detrás de ti. Rosalba lo vio entrar a tu auto.
-No sé qué decir.
-No me extraña!
-Digo, yo no soy así, y me conoces.
-No por ti, por él. Es muy astuto, antes de que lo conocieras investigo mucho sobre ti, es un cazador y todas caen. - Gabriela toma un sorbo.
-Sale con otras?
-Estefanía, te aconsejo que te alejes de él, sale cada fin de semana con sus amigos a clubs, conoce a cualquier mujer, se acuesta con ellas, tiene cientos de amigas en sus redes sociales, en la clínica habla con muchas y no creo que sea tu prototipo de hombre.
-Ya es muy tarde- Estefanía se seca las lágrimas que salen sin querer de sus ojos.
-Porque Estefanía? No me digas que?
-Gabriela, ayer me acosté con Danilo, y de cierto modo ahora no sé cómo sacármelo de la mente, es horrible, mi corazón me palpita fuertemente es incontrolable, mi cerebro se imagina mil cosas cuando me dices que sale con otras, me siento herida pero necesito más de él. Es la primera vez que me pasa esto! Y siento que ni Dios me puede salvar.
Gabriela se queda pasmada, jamás había visto a su amiga tan destruida. Miraba a Estefanía secarse las lágrimas con un pañuelo gris. No puede contenerse y se sienta al lado de ella para abrazarla. Estefanía odiaba no tener las situaciones bajo control, pero de cierta manera el afecto de su amiga la reconstruía nuevamente.
-Estefanía, cualquiera comete un error! Salvaras tu matrimonio ya lo veras, nadie se dará cuenta, solo no lo vuelvas a ver.
-Créeme que mi matrimonio en estos momentos es lo menos que me importa. Las cosas nunca funcionaron y ahora la vida se encarga de demostrarlo. Siento asco y repudio ante Humberto. Ya no lo puedo fingir más. Pero no te preocupes cuando venía para acá le envíe un mensaje a Danilo citándolo mañana para aclarar las cosas de una sola vez. Debo ser realista.
-Y Humberto? Si te sigue?
-No, escuche una llamada telefónica, parece que se ira otra vez de viaje. Aprovechare en arreglar mis errores.
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OCASO
Teen FictionUn día decidió tomar tranquilidad sobre pasión, eliminar juventud por experiencia y ahora lo tiene todo pero con manos vacías. Acompañada por sus mayores miedos que trato de evitar toda su vida. Se siente como un pájaro enjaulado. Lo lamenta.
