Mi vecino Fabián

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Fue un 13 de noviembre cuando todo en casa comenzó a estar muy tenso, pues una noche antes papá había peleado con el vecino Fabián, un chico de 27 años, de larga y desalineada cabellera, y una mirada intimidadora. Al parecer él sufre de sus facultades mentales; ya que por las noches se le han escuchado gritos desgarradores, como si estuvieran asesinando a una persona, tanto, que los vecinos han llamado al departamento de policía para que manden una patrulla a ver qué es lo que sucede, lo único que había podido observar desde la ventana de mi habitación era a su madre Gloria, una señora de 50 años, quien conversaba por un buen tiempo con los oficiales, y después de una larga platica se marchan en sus patrullas como si nada ocurriera. Muchos de los vecinos han comentado que Fabián estuvo internado en un hospital psiquiátrico por sufrir de un síndrome llamado Cotard, dicen que él piensa que es zombi o algo por el estilo, pero no creo que esto sea verdad por dos simples razones: ¿Cómo pueden saber todo esto si doña Gloria prefiere no conversar con los del vecindario?; además, si él creyera que es un zombi, pienso que entre su locura ya hubiera tratado de comerse a su madre ¿no?

Nosotros nunca habíamos tenido problemas en el vecindario, bueno, ninguno en el que él no estuviera involucrado. Hace cuatro semanas, una tarde de sábado, regresando a casa en compañía de mi madre Claudia, Fabián, estando desnudo, desde su ventana le gritaba a mi madre que la violaría y que robaría su corazón. «¿Robar su corazón?» Después de la manera tan única en la que mi padre había conquistado a mi madre, nunca había escuchado alguna otra forma tan peculiar de tirarle la onda a una mujer, en fin, ¿qué podíamos esperar del loco de mi vecino? Lo que volvía aun más incomoda la situación, era que Fabián, tenía la decencia de describir a detalle lo que pensaba hacer con ella.

"Lindas piernas mujer, espero y se encuentren limpias y listas para mi, hoy te voy a domar, te haré mi perra y haré que tu cachorrito observe mientras te como de los pies a la cabeza".

Realmente quería tumbar la puerta de su casa, bajarlo de ese segundo piso en donde se encontraba, sacarlo de su casa, y golpear su cabeza contra el pavimentó una y otra vez, tal vez y así sus "problemas mentales", que para mi no eran más que falta de atención, se solucionaban; sin embargo, mi poco razonamiento me hizo entender que él era ya casi un adulto y yo tan sólo estaba por cumplir 14 años. Esto siguió aconteciendo durante cuatro semanas, cada sábado que pasábamos por su patio con olor a cientos de gatos en putrefacción y lo mas probable, es que de igual manera molestara a mi madre todos los días mientras salía por las mañanas al mercado. Ella me dijo que no había de que preocuparse, pues Fabián había tenido una infancia muy complicada, que bastaba con pasar de largo sin hacerle caso y que su madre se haría cargo de él. Mi padre se entero de lo estaba pasando y en un arranque de ira tomo el martillo con el que estaba haciendo la cuna para mi futuro hermano y se dirigió a la casa de Fabián, al llegar a la puerta del vecino, comenzó a golpear la puerta de manera descontrolada con el martillo.

"Sal de ahí pedazo de mierda, voy abrir tus piernas y meterte este martillo por el trasero, sólo así se te quitaran las ganas de molestar a las demás personas, hijo de perra" — Gritaba mi padre a voz de cuello.

Un cubetazo de agua sucia que cayó desde la ventana de la habitación de Fabián empapo a mi padre por completo; todo se mantuvo en silencio por tres largos segundos.

"¡Hijo de perra!"­ — Grito mi padre mientras buscaba en el suelo algo para arrojar a la ventana.

Fabián en su locura comenzó a quitar los vidrios de su habitación para así poderse aventar, de no ser por la herrería, mi vecino hubiera caído de casi cuatro metros de altura y seguramente se hubiera quebrado las piernas.

"¿Vienes a que te haga lo mismo que le hare a la perra de tu mujer?" — Lo decía de manera repetitiva.

No se si al darse cuenta que todo el vecindario lo observaba, provocó que mi padre desistiera y regresara a casa; o bien, ya no pudo soportar el olor a putrefacción del patio del vecino que lo hizo vomitar en cuanto entró al baño de su habitación. Fabián, a medida de que mi padre daba la vuelta y se alejaba de la puerta, gritaba maldiciones y a su vez arrojaba contra mi papá algo que parecía ser excremento.

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⏰ Dernière mise à jour : Aug 16, 2018 ⏰

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Mi vecino Fabián - ValverioDes histoires addictives. Découvrez maintenant