Gracias.

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Aquellos tiempo estaban llenos de risas y aventuras; las emociones eran más intensas y el dolor se ocultaba para no dejar preocupación, sobretodo de esa persona que amabamos.

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Recuerdo que los rayos de sol de ese día eran más intensos y penetrantes de lo normal, casi como una linterna encendida que te apuntaba en todo el rostro, pero eso me alegraba, porque deseaba que ese día fuese el más brillante del año, después de todo, era el cumpleaños de Jae-Ha.

En aquel tiempo, estaba confundido con respecto a mis sentimientos; para mi el desear que tuvieses un buen día de cumpleaños no era suficiente y no sabía porqué, simplemente quería que fueses tan feliz como se podía ser.

Tú te asomaste finalmente a traves de la tela de la tienda que Yoon había contruido para los hombres del grupo, saliendo poco después. Yo, que en ese instante cargaba con algunos troncos que la "mamá" del grupo me había pedido para cocinar, quedé sin palabras; y es que te veias más radiante y hermoso que nunca. Mis ojos se entrecerraron, dándome cuenta que solo tú podías superar el brillo del sol de ese día, y tras ello mis mejillas se sonrojaron. Ah, qué tontería de mi parte, ¿cuándo había empezado a sentir esto? Si se supone que yo amaba a. . .

- ¡Yona, ayúdame aquí! - gritó Yoon, y mis sentimientos volvieron a su lugar secreto. Después de todo, esto no podía ser; seguro que ni sentirías lo mismo por mi.

Saludaste a todos, como siempre, tan juguetón, haciendo una que otra broma con esa sonrisa que derretía hasta el más frío y duro iceberg. Todos respondimos normalmente, como en un día normal, fingíamos no saber.

Fuiste a lavarte el rostro, acomodarte la ropa y tu cabello, volviendo después con esperanzas de una sorpresa, de felicitaciones, de abrazos, pero nadie hizo nada. De repente me miraste y yo volteé fingiendo demencia, aunque quizás el mentir no era mi mayor cualidad, y es que no lo era. Sin embargo, admito que era cómico ver tu expresión, y al mismo tiempo triste porque lo que deseaba era abrazarte con todas mis fuerzas, pero quizás no era lo que deseabas.

Sabiamos que ese día estarías atento a lo que hicieramos, así que ya lo teniamos listo desde unos días anteriores, seguro te encantaría, yo quería que te encantara. Yoon te mandó a buscar leña junto con Hak (este para que cuidase que en realidad fueses y no nos observaras desde atrás de un arbol) y fuiste en silencio, con decepción. El resto corrimos a armar todo. Los regalos todos en una esquina: unas cuchillas hechas a mano, un perfume no tan costoso, algunas pocas prendas de ropa nuevas, una botella de alcohol, también muchísimas bellotas. Todo junto a una especie de pan esponjoso y lleno de dulce que se veía exquisito. Mi regalo no estaba, y es que no sabía qué darte, ¿Podía ser más imbecil? Deseaba hacerte feliz ese día, pero no sabía cómo, ni un regalo tenía.

Nunca olvidaré tu expresión cuando volviste y de la sorpresa dejaste caer la leña. Hak te dio una palmada en el hombro y tú lo abrazaste sin dudar. Se notaba que la bestia del trueno se había acostumbrado a ello, ya no huia de tí, al contrario, te correspondió, y con una amigable sonrisa te invitó a beber un poco de sake. El resto de nosotros corrió a felicitarte, nos recibiste con igualdad de afecto, nada extraño, o al menos era así hasta que vino mi turno; me abrazaste y te quedaste allí por unos minutos, si con que solo me miraces me sonrojaba, no imagino mi expresión en ese instante por ese largo rodeo de brazos. Mis mejillas se calentaron como nunca, mi corazón se disparó y mis piernas temblaron, y por un segundo pensé en que debía alejarme para que no te dieses cuenta de todo lo que pasaba por mi cuerpo, pero eso fue tachado por el sentimiento de felicidad que me causaba tu abrazo.

Con duda y verguenza, te correspondí, y escuché una risita de tu parte, abochornandome muchísimo más y soltándote de golpe. Bajé el rostro para que no vieses mi acalorado rostro, y me aparté para darle el turno a otro de felicitarte.

El día, como se esperaba, fue perfecto, se te veía divertido y galante, hasta con ese pequeño broche dorado que te había regalado Zeno en modo de broma. La fiesta duró hasta que anocheció y mis dedos ya no podían ni sostener el vaso de sake ¿Por qué habré bebido tanto ese día? Ya todo lo veía borroso y en realidad me olvidé de muchas cosas. Recuerdo solo que estabas a mi lado conversando con Hak, riéndo con chistes y bromas de otros, mientras yo estaba en silencio, observandote; y no sé si habrá sido mi imaginación, pero me miraste por un momento, te me acercaste al oido y me susurraste unas palabras ¿Qué habrá sido?

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- ¿Aun sin sueño? - preguntó un peliverde con un moño en forma de cebolla en su cabello mientras se recostaba al marco de la puerta.

- Ah, no, ya me iré a dormir - respondió, levantándose de la silla mientras dejaba un libro a un lado. -¿Y tú? Recuerda que mañana hay que entrenar a los nuevos soldados.

- Lo sé, pero sabes que no puedo dormir sin ti - admitió, rodeando la cintura ajena con sus brazos, buscando los labios contrarios para dejarle un suave beso en ellos, y sonriendo luego de ser correspondido.

- Solo un poco más.

- Cierto, otro cumpleaños a tu lado.

Ambos cuerpos disfrutaron esa noche de su amor, ese que había durado tantos años y que le faltaba mucho por recorrer. Era como si ambos hubiesen nacido el uno para el otro, tan perfectos, tan únicos.

A la mañana siguiente, los rayos del sol entraron por la ventana, despertando al peliverde; se sentía afortunado por vivir otro año más de vida, pero más que el tiempo, agradecía la compañía de esa persona que permanecía durmiendo a su lado en ese instante. Suavemente, y con cuidado de no despertarle rodeo el cuerpo hechizado por el sueño y besó su frente, uno y dos besos, como cuando besas a un bebé recién nacido. Los momentos que habían pasado ambos eran irreemplazables, llenos de risas, y de tontas decisiones de jóvenes, jóvenes que ya en la actualidad habían madurado uno al lado del otro, junto a querer que se hallaba dentro de sus corazones. - No hay mejor regalo que tenerte a mi lado... - susurró con el corazón a punto de salirse de su pecho, agradecido por el amor que se le había destinado. Ah, de repente un recuerdo se le metió en la cabeza, una frase que había dicho en tono bajo a esa misma persona, años antes. Se rió por debajo y se acercó luego de apartar unos cuantos mechones de la oreja ajena, diría esas palabras de nuevo: - Gracias por estar a mi lado, Ki-Ja. -

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⏰ Last updated: May 04, 2017 ⏰

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