Querido Jin:
El simple hecho e verte me hace feliz, el hecho de escuchar tu voz hace que mi cuerpo se estremezca y cada vez que se estremece aumentan las ganas de poseerte, sojuzgarte en cuerpo y alma, pero más en cuerpo que en alma, ya que las ganas que tengo de saciarme en ti y de ti, superan por poco, el amor que por ti tengo.
Se me produce una placentera agonía al ver tu perfecta y suave pie bañada en sudor, una melancolía al ver el meneo de tus caderas cada vez que te vas, ver la majestuosidad de tu rostro cuando sonríes por algo y ver también, los pasos suaves que realizas al bailar como los ángeles.
No sé si sea algo más que amor, tal vez una obsesión o algún capricho, pero si de algo estoy seguro y es que amo verte, escucharte, sentirte y soñarte. Amo ser tu compañero, amo ser tu confidente, amo ser tu pañuelo y tu almohada, y amo escuchar las incoherencias que dices cuando dormitas.
Pero duele, duele no poder demostrar nuestro amor al resto.
No sabes la opresión que se me produce cada ves que me ignoras o que me niegas. Es la muerte para este discreto e inocente corazón soportar los martirios que me provocas inconscientemente.
Duele. Duele el saber que tus sentimientos están confundidos y que en cualquier momento te vas a aburrir y me vas a dejar. Tengo el presagio de que esto sucederá tarde o temprano. Que me mirarás con desdén y que ya no seré dueño ni de tu cuerpo, ni de tus sueños y mucho menos de tu corazón.
Me encantaría poder ser quien te levante cuando caigas y ser la solución a tus problemas, ser quien te produce ese placer inigualable y ser quien te ame incondicionalmente. Pero esta situación no tiene remedio, no puede cambiar y aunque se retroceda el tiempo se podrá arreglar completamente.
Tú me amas o por lo menos eso decías, tú me quieres o eso pensaba, pero nunca lo demostraste y por infortunios dela vida te alejaste. Y me dejaste solo, rodeado de silencio y tormento.
Toda la oscuridad que me rodeaba fue absorbida por mi ser y los últimos recuerdos que estaban en aquella oscuridad, eras tú. Verte saliendo por la puerta del lugar donde prácticamete vivíamos, en donde ambos nos volvíamos uno; donde nuestros cuerpos se fundían y nuestras almas se amaban sin medida. Pero esos son sólo recuerdos. Recuerdos que guardo como reliquias y que durarán hasta mi muerte, la cual no tarda en llegar.
Esta carta está destinada a ti. Destinada al amor de mi vida, a la persona que me hace feliz, pero al mismo tiempo me hace sufrir.
En esta carta dejo mis sentimientos, mis pensamientos y mis anhelos. Y lo más probable es que cuando estés leyendo esto yo ya no estaré en este mundo, estaré en el cielo, o en el infierno, pero siempre pendiente de ti.
Te escribo esta carta, pero no quiero que llores, ni hoy ni más adelante la recordarme o que te culpes por los sucesos que desencadenaron esto. No quiero que te culpes de mi decisión, ya que de lo único que eres culpable es de ser perfecto y amarme a tu manera.
Pero nuestra historia de amor tendrá que terminar, ya no podremos ser dos locos amándose en una habitación.
Yo quería dar un paso más, un paso para el que no estabas preparado y cuando me lo negaste me sumergí en un dolor tan grande que me llevó a hacer esto. Llevo esperando más de tres años para que seamos más que dos estúpidos enamorados que se esconden.
Pero ya me cansé.
Yo sé que estarás bien, que serás feliz, por el simple hecho de que eres un sol, una estrella que no debe perder esa luz que emana, porque si la pierde se muere y yo no quiero que mueras, no ahora.
Me acuerdo de una frase que dice : "La gente cae enamorada de manera misteriosa. Tal vez todo es parte del plan". El plan de la vida me hizo caer enamorado de ti. Y no me arrepiento de eso, ni hoy, ni nunca.
Atte:
Kim Namjoon.
