1. Y la miraba y la veía cambiada...

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Todo ha cambiado, es como si el mundo se hubiera vuelto un lugar lúgubre y sombrío. Sé que los colores invaden mi vida pero es como si algo me impidiera verlos, estoy ciega. No culpo al mundo, no culpo a la gente. No puedo culpar a nadie que no sean mis ojos, que se niegan a ver la luz. Supongo que es algo que tendré que arreglar por mi misma, pero no tengo ganas. Hace rato que creo haberme acostumbrado a mis sombras. Al paso que voy me acabaré perdiendo en mis propios pensamientos...

LUCI B.C - DIARIO 1. 19-07-2016

Esta historia empieza en un baño, en una casa de tantas, en un pueblo de tantos. Ella llevaba puesto su vestido favorito color negro, unas converse viejas y el pelo recogido en un moño revuelto y desaliñado. Se miró en el espejo e intentó limpiar sus mejillas manchadas de rimel corrido. Recuerdo que se había arreglado para verle. Estaba tan emocionada que ni si quiera se acordó de poner el móvil con volumen. Habían quedado en el parque cerca de su casa así que no tendría que caminar demasiado. Hablarían un rato y se reirían de la vida, como solían hacer. Se pasó una hora buscando qué ponerse, cambiando mil veces, hasta que vio ese vestido que le había regalado su madre. Estaba preciosa y ella lo sabía. Bajó corriendo las escaleras y se dirigió al parque donde siempre paseaba al perro. Y ahí estaba él, tan guapo a sus ojos como siempre.

-Luci! Hola!- la forma en que pronunciaba su nombre hacia saltar chispas en su estómago y rechinar sus dientes.
- Hola! Que pronto has venido.
- Es que necesitaba verte... y hablar contigo.- Hizo una pausa, tensa e insegura - No creo que debamos hacer esto más. Prefiero quedar como amigos y que esto siga siendo un secreto. ¿No se lo habrás dicho a nadie verdad?

Luci lo miró como si la hubiera insultado. ¿Como podía dudarlo si se lo había prometido? Pero como todos sabemos lo hizo y fue por esa sencilla oscilación en su camino que hizo que todo empezara a ir mal.

Su madre no estaba en casa cuando entró a horcajadas por la puerta y se encerró en el baño. Solo veía una solución y se hizo daño. Supongo que sólo quería hacerse más daño de lo que él pudo hacerle. Yo me enteré el día después. Aquella noche no pudo dormir. Hacía semanas que sufría de insomnio y tenía pesadillas, pero aquella noche  se la pasó entera llorando. Lo supe por sus ojeras y su mal humor en clase al día siguiente.

Solo quedaban dos meses para las vacaciones de verano y todos contábamos los días con suma desesperación. Aquella mañana me desperté algo azorado.  Había vuelto a tener esa pesadilla espantosa; Luci se quedaba colgando de un precipicio en nuestra playa favorita y después de tirar de ella con todas mis fuerzas acababa cayéndose. El sudor me recorría la frente y la espalda, y hacia que se me pegaran las sábanas.  Sentía que mi piel ardía bajo el edredón y mi corazón iba a cien por hora.
Salí de mi habitación dando tumbos y vi a mi hermano pequeño sentado delante de la tele, como siempre.

- ¿Ya desde tan temprano viendo eso? Dani no sé cómo no te has quedado ciego y tonto todavía. - Daniel me lanzó una penetrante mirada de advertencia que me heló la sangre por un momento. Pasé de decirle nada más y me dispuse a tomarme un colacao caliente con canela.

Cuando acabé me vestí y me lavé la cara a conciencia a ver si me despejaba... no sirvió de mucho.
Caminé las tres manzanas de camino hasta el instituto y ya pude divisar el patio trasero, repleto de graffitis y adolescentes hiperhormonados desprendiendo feromonas en su intento de apareamiento fallido. Y esperé, como siempre, en esa esquina hasta verla. Todos los días la veía venir y me alegraba, ella me sonreía y yo simplemente la miraba pensando que ese iba a ser un buen día a su lado.
Luci es alta, de piel blanca con gafas. La vi aparecer con su pelo rizado oscuro y sus inconfundibles mechas azules ondeando al viento como banderas de colores en alta mar. Su pelo era el mar y yo me imaginaba perdiendome en él y naufragando.  Y sus ojos, sus maravillosos ojos miel era todo mi universo. Pero nunca se lo dije. Me quedé un instante observandola, absorto en su imagen.

-¡Carlos! ¿Porqué me miras así? - su voz me sacó de mi abstracción .
- No, nada... perdona. - y creo que en ese momento me sonrojé.

Entramos los dos en clase riendo como si nada hubiera pasado, sonriendole a la vida como si no nos hubiera hecho nada. Pero su cara y sus ojeras no decían lo mismo. Tenía los ojos rojos de llorar y no haber dormido y la piel verdosa, como enfermiza. Me preocupé pero en aquel momento no se lo dije, ni siquiera le di importancia. La primera clase era de Castellano y nos sentamos juntos como de costumbre. Entonces empezó a contarme lo del día anterior como quien cuenta que se fue a comprar el pan. La miré con tristeza y simplemente asentí. Se veía venir que Alex le haría daño, estaba cantado. Pero decirle que ya lo sabía la haría sentir peor, y eso era lo último que yo quería. Él ya no quería enrollarse con ella (que se notaba que era lo único para lo que la quería) y no quería que le dijera a nadie que se habían besado, ni que ella había sido tan tonta de irse a la cama con él. Por suerte no pasó nada grabe pero no me lo quiero ni imaginar... ¡que horror! Me limité a acariciarle la espalda con dulzura a ver si eso la reconfortaba y vi que me sonreía tímidamente y se sonrojaba ella también.

Pasamos el resto del día con Carol, Ali, Laura, Javi, Pablo, Juan y Alma. Nos sentamos en el banco del pasillo de al lado del patio como siempre, pero ella estaba como mustia, distante, apagada. Javi, Juan y Pablo eran mis mejores amigos; a Javi y a Pablo les encanta lo de los trucos de cartas y esas cosas. Las chicas son más amigas de Luci. Está claro que con la que mejor se lleva es con Carol, es pelirroja y bajita muy divertida. Siempre acabamos quedando los tres.

Y por fin sonó el timbre que indicaba el fin de otro monótono,  triste y aburrido día escolar y todos salimos en horda hacia la salida. Como siempre hubo empujones, pisotones y atascos en la puerta por que dos querían pasar a la vez y se ve a la legua que por ahí cabe uno y muchas veces ni eso. Esperamos a estar todos juntos y comenzamos a caminar todos hacia el mismo sitio, como hojas movidas por un vendaval. Poco a poco nos fuimos dispersado hasta que sólo quedamos Luci y yo. Tengo que aclarar que hace rato que habíamos pasado mi casa pero siempre la acompañaba y se acabó haciendo tradición. Seguimos hablando de nuestras cosas y de repente se paró en seco. Me miró fijamente y me dijo con lágrimas en los ojos:

- ¿Tú también lo sabías verdad? Lo sabías y no me lo dijiste. - No entendía nada. Intenté preguntarle pero se me adelantó - Está claro que todos lo sabíais, todos menos yo. No consigo entenderlo. ¿Porqué siempre es ella? - Lo último lo dijo casi sin voz, como si algo la desgarrara por dentro lentamente.

-

Lu de verdad no sé de qué me hablas. Tranquilízate y explícamelo.
- Tu sabías que Alex estaba con ella.
- ¿Con quién?
- Con Sonia. - Me quedé paralizado un instante, breve y aterrador. Sonia era la otra mejor amiga de Luci. Eran casi como hermanas.

Yo sabía que Alex le haría daño pero no pensé que fuera capaz de estar con las dos a la vez... y encima siendo tan amigas. Hay que ser muy ruin y rastrero.

- Lu te juro que no sabía nada, yo... - solo mirar su cara de incredulidad y dolor me hacía sentir como si una daga al rojo vivo se me clavara en el pecho y me lo desgarrara.

- Te creo... - miró hacia abajo con si dijera "me rindo" y simplemente me cogió de la mano y tiró de mi para que siguieramos avanzando.

Caminábamos en silencio por aquella calurosa y atestada calle sin saber qué decir, sin mirarnos siquiera. Juntos pero ambos con una horrible sensación de soledad infinita, cogidos de la mano pero a miles de quilómetros el uno del otro.

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⏰ Last updated: Apr 29, 2017 ⏰

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