El reloj marcaba la una y siete minutos y yo me encontraba volviendo a casa después de un rutinario lunes cuando lo vi por primera vez, tan absorto, tan lindo, mirando por la ventanilla el recorrido de la línea uno.
Ese día agradecí haber tomado mal el colectivo, claro que no tanto después de encontrarme a mi mamá en un mar de lágrimas por llegar dos horas después de lo usual, y un poco menos al tener que salir corriendo sin almorzar porque estaba llegando tarde a educación física.
Pero agradecida en fin.
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El chico del bus
Teen FictionEsa burbuja aislante en la que iba completamente absorto fue lo que despertó mi interés en el chico del piercing
