PRÓLOGO

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Capítulo 1

Alex se miró con dificultad en el espejo empañado por el vapor de la ducha. Se sentía exhausta; no había dormido bien y deseaba desesperadamente poder descansar un poco más, pero la obligación de empezar su día era imperiosa.

Tomó una toalla cercana y limpió el espejo con movimientos circulares hasta que pudo ver claramente su reflejo.

—¡Qué cara! —murmuró con una expresión resignada, como si su rostro ojeroso no tuviera remedio.

Sacó paños húmedos del gabinete y comenzó su rutina diaria de maquillaje.

Habría deseado poder dormir bien para que su cara no luciera tan hinchada y ojerosa. Estaba nerviosa por la cena que tenía ese día en casa de sus padres. Era la primera vez que su esposo y su familia comerían juntos y no tenía idea de cómo resultaría. Lo más probable era que la conversación girara en torno a ella y a su estado emocional.

¿Por qué hoy? ¿No podía ser otro día? Estúpida cena familiar.

La Sombra de la Obsesión

En los últimos meses, Alex había sentido una observación constante. A menudo, no podía evitar la sensación de estar en una película. Había llegado al punto de no querer salir de casa y la idea de estar sola la aterrorizaba. Vivía en un constante estado de temor, y su salud física y mental se estaba deteriorando poco a poco, lo que obligó a Luis, su esposo, a tragarse su orgullo y pedir ayuda a los padres de Alex.

La compañía de sus padres la había ayudado mucho, y los tratamientos psiquiátricos comenzaron a dar mejores resultados. Alex había mejorado rápidamente, y la sensación de ser observada había desaparecido casi por completo.

Sus padres estaban más atentos, y ella sabía que la razón más poderosa que los había hecho ceder sin tanta resistencia era su embarazo. Aún no la perdonaban por haberse casado a escondidas con Luis, pero al menos eso era un avance. Estaba segura de que pronto terminarían por aceptar su matrimonio, aunque solo fuera por sus nietos. Alex era una chica gentil y hermosa que amaba a su familia; esa fue una de las cosas que enamoró a Luis. Ella estaba convencida de que su sueño de ver a su familia unida pronto se haría realidad.

Con Luis, había aprendido el amor por la cristiandad, algo que jamás conoció en su familia. Los padres de Alex no eran religiosos ni habían pertenecido nunca a ninguna religión, y menos aún se habían bautizado, algo que no estaba bien visto en el pueblo.

La Mañana en la Parroquia

Aquel día, Alex y Luis desayunaron juntos, como de costumbre. Luego se despidieron con un beso. Luis se dirigió a su trabajo en la fábrica y Alex se fue a la iglesia donde era voluntaria.

—Adiós, amor, cuídense mucho, los amo —dijo Luis, saliendo del apartamento algo apresurado.

Detrás de él, salió Alex, que tomó su bolso verificando que no se le quedara nada en casa.

La iglesia no estaba lejos, así que iba caminando, buscando hacer un poco de ejercicio que le haría bien a ella y a los bebés.

Al llegar, vio al padre Manuel preparando todo para la misa matutina.

—Buenos días, Alex, Dios te bendiga, ¿cómo estás? —preguntó el padre Manuel, sonriendo mientras la observaba con su enorme barriga de siete meses de gemelos—. ¿Alguna vez te he comentado que me da alegría verte?

—Sí, padre, todos los días —respondió Alex, sonriendo ampliamente.

El padre Manuel era muy alegre y saludaba a todo el que llegaba de esa peculiar manera.

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