Capítulo 1

15 3 0
                                        


Tienes que venir a rescatarme, Samantha.

—¿Pero cómo? No se donde estas. —Nuestras voces suenan con eco.

—Ayudame, me tienen secuestrada. —dice con una voz suplicante.

—¿Quién, Rebecca? ¿¡Quién?! —chillo.

Ellos, ellos me tienen secuestrada. Ayudame, ayudame por favor. —Esta vez, chilla con sollozos, siento que se la llevan y su voz se aleja.

Rápidamente me despierto, otra vez el mismo sueño después de cinco meses seguidas. Suspiro y me toco la frente, estoy sudando demasiado. Miro el reloj de mi mesita de noche, la misma hora de siempre, las 3:47 de la madrugada.

Enciendo la lampara de luz y acomodo la almohada, suspiro de nuevo, la desaparición de Rebecca es muy duro, más para mí. No dejo de tener sueños raros relacionado con ella y siempre la misma escena: Rebecca arrodillada, en un espacio blanco, llorando y con la voz de eco. Siempre intento acercarme a ella pero no puedo nunca, chillo con desperación y ella parece no escucharme.

De pronto, escucho unos pasos acercándose a mi dormitorio.

—¿Qué haces que no estas durmiendo? —susurra mi padre, le dedico una mirada y él pone una mueca. —¿Otra vez? —asiento. —Tienes que ser fuerte Sam, ¿quieres algún medicamento? —niego. —Oye... ¿Por qué no te piensas lo de...

—No. No voy a ir con ninguna psicóloga, esta todo bien. —interrumpo su pregunta, con frialdad.

—Esta bien, pero sabes que si necesitas algo, estamos aquí... —sonrio con nostalgia. Se acerca y me da un beso en la frente. —Descansa.

Se aleja y yo suspiro por tercera vez, decido dormirme de nuevo. Apago la luz y cierro los ojos procurando dormirme lo más rápido posible, mañana tengo clase.

Al día siguiente todo luce normal, mi padre esta preparando el desayuno y mi madre lee una revista —algo que en algunas casas siempre es al revés—. Me echo en un vaso zumo de naranja, y me lo tomo con rapidez.

—¿No vas a quedarte a desayunar las preciosas y famosas tortitas con sirope?

—No tengo tiempo. —mamá alza una ceja y yo sonrio con inocencia.

Tal vez piensan que me voy demasiado temprano porque voy a fumar algún cigarrillo, algo que por cierto, odio el olor. Simplemente he quedado con Matt para recoger el trabajo de Historia que me había dejado en su casa, y de paso, nos iríamos juntos al instituto.

—Nos vemos. Os quiero. —abrazo a mis padres y salgo por la puerta ya vestida.

Con mis audífonos puestos y mi mirada a mis pies, camino con rapidez, Matt me mataría si le hago esperar.

—¡Aparta! —escucho un grito grave y alzo mi cabeza. Casi había chocado con un ciclista.

—¡Perdón!

Me quito los auriculares y observo mis alrededores, solo me falta una calle para llegar a la casa de mi mejor amigo, y solo faltan cinco minutos para que las clases comiencen, algo que por cierto, esta lejos de aquí.

Más allá de dos almasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora