LÁGRIMAS DE UN COPO DE NIEVE
La mirada azul del chico se fijaba en el infinito. A su alrededor caían lentamente los pequeños copos de nieve que él mismo siempre ha comparado con la vida humana. Son tan frágiles y delicados y están en el mundo, danzando, movidos por una fuerza que nadie comprende. Por si solos cada uno es insignificante, pero al agruparse pueden llegar incluso a provocar una tormenta.
- Mi sacrificio ya es algo inevitable- se escuchó una voz femenina detrás de él.
- Hace 2 siglos que me encuentro entre los vivos, repitiendo el dolor de ver morir a los seres buenos, a los seres queridos. He estado atrapado en la vida, sin poder salir de la inmortalidad que gané el día en que tu moriste, en manos de mi irracionalidad. Por eso no aceptaré tu sacrificio- respondió a su vez el joven, dirigiendo sus penetrantes ojos azules hacia la voz melodiosa de una chica. Era Alice, su eterno tormento.
- ¿Puedes tu llamar a esto vida? Cuando tu vida tenía un límite eras libre de elegir, podías equivocarte cuantas veces fuera necesario. Tu aprendizaje era una señal del camino recorrido, al final del cual, podías pasar a otra vida si, pero sin recuerdos tormentosos. En cambio ahora, vives en un recuerdo que se repite sin cesar, castigado por el tormento de haber cegado mi vida.
Con melancolía reflejada en su rostro y un asentimiento de cabeza, el joven dio la razón a su acompañante. La vida no siempre se resume en la cantidad de tiempo que pasas en ella, sino en el valor que das a cada momento que vives, porque aunque sea lo que más desea la humanidad, la inmortalidad puede traer tantas amarguras como años mismos.
-Quizás tengas razón querida mía, y esto que llevo no pueda bautizarse como vida, pero si mi liberación depende de tu desaparición, prefiero el tormento infinito de vivir a tu lado, aunque tu verdadera esencia pertenezca al mundo de los fantasmas. No soportaría el dolor de perderte de nuevo por mi causa; mi alma no aguantaría la amargura de otro error semejante, mi corazón dejaría de latir antes…
Tras esas palabras, tomó sus manos entre las suyas y dejó un beso entre estas, y con un sollozo terminó la frase que había interrumpido -de manchar mi vida con la sangre del ser más amado.
-En estos dos siglos he sido tu tormento. Tu sacrificio bien merece ahora el mío. Ahora es necesario que yo te salve a ti de un destino cruel, déjame regresarte al mundo de los vivos, donde el corazón late y las heridas sangran, donde los sentimientos pesan y las palabras sanan, donde hay un tiempo límite para vivir y por eso se saborea cada instante.
Y con cada palabra que pronunciaba se desvanecía en lágrimas de sangre, que caían sobre la blancura de la nieve, manchándola de colores, llenándola de vida.
-¿Por qué he de quedarme yo si me abandonas tú?
- Porque de esta manera espero encontrarte en el próximo puerto de la vida, en el próximo despertar de nuestros ojos.
Y mientras su voz se apagaba y el último suspiro se reflejaba en los hermosos zafiros que brillaban en el rostro del chico, ella, el tormento que lo hizo inmortal, se desvaneció, deshaciéndose hasta ser un pequeño copo de nieve más, dejándolo confundido, sin recuerdos, derramando lágrimas saldadas por algo que ya no recordaba. Solo sabía que de nuevo, era mortal.
