Parte 1

5 0 0
                                        

Un día desperté.

Estaba sola en mi habitación, acostada muy cómodamente entre mis sábanas. Me sentía muy bien, la luz entraba por las cortinas en la intensidad perfecta para no dañar mis adormilados ojos. Las sábanas y colchas eran muy suaves, y aún conservaban algo de su perfume, di un suspiro y me desperecé a gusto. Al ser día de semana debía levantarme a hacer el desayuno.

Eran las siete cuando luego de cambiarme el pijama, lavarme los dientes y la cara, me dirigí a la cocina. Corté pan para hacer tostadas, puse mermelada de diferentes sabores en la mesa y preparé café con leche. Apenas terminé con mi labor mis hijos bajaron las escaleras.

Eran tres. Sólo podía sonreír al ver esas pequeñas personitas. Sentía puro agradecimiento de ser parte de quién los trajo al mundo. De que sean una parte de mí, que espero siga viviendo aunque yo tenga que irme.

Me hacen muy feliz.

Me encanta escuchar todo lo que me tengan que decir, desde lo que les gusta ver en televisión o en la computadora, que hacen en la escuela, hasta lo que es nuevo y les da temor o les emociona. Y si me hacen preguntas que al momento no puedo responder ellos saben que juntos siempre podemos buscar las respuestas. Por eso y más los amo. No importa lo que pase aunque es natural que hayan peleas o mejor dicho desacuerdos, siempre hay respeto y podemos buscar al otro por consuelo o sólo para compartir una sonrisa.

Luego del ameno desayuno y de que se fueran a estudiar me entraron dudas ¿yo no tengo que ir a trabajar?
No sabía que día era, y de pronto me sentí como si fuera algo fuera de lugar en ese universo ¿qué estaba ocurriendo?
Contuve la angustia y esperé a que alguien llegara a casa. No recuerdo si hablo con los vecinos. Si los conozco siquiera. O si tengo amigos fuera de esta casa. Al mirar por la ventana todo parece normal, tengo un bonito jardín que me da miedo atravesar porque parece que si lo tocó se va a desvanecer en toda su hermosura.

Paso todo lo que resta de la mañana y toda la tarde cuestinándome todas mis inquietudes, como si por lo menos salgo de esta casa para hacer las compras. Me entretuve tanto en mis pensamientos que apenas noté cuándo mis hijos llegaron, por lo que me dispuse a merendar con ellos, que dicho sea de paso ni siquiera recordé almorzar este día.

Cuando mi pareja llega del trabajo nuestros hijos van a recibirle.
Recuerdo que llega mi turno para darle la bienvenida y que levanto la vista para darle un beso.
Cuando veo su rostro en realidad no lo tenía. No era nadie, no era real.

Grito, y me despierto en medio de la noche.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Feb 24, 2018 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

Aquellos días en los que decidí morirStories to obsess over. Discover now