Capítulo 1

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—¿Vas a bajar de una maldita vez? —gritó su madre mientras ella aún se encontraba tumbada en la cama, envuelta entre las sábanas.

Ignoró completamente los sonoros gritos de su insoportable madre; era la segunda mujer más pesada que había tenido la oportunidad de conocer en toda su vida, y decía segunda, porque sabía que la primera era ella misma. Suspiró mientras no hacia nada para levantarse de allí, pero entonces pudo escuchar brutos pasos aproximándose a su habitación y segundos después, su principal vista era el suelo ya que su adorable madre la había alejado de sus sábanas mediante pura violencia mañanera.

—Tienes que ir al instituto, no quiero que acabes como tu hermano.

La expresión de su madre era seria; sí, mi hermano era un completo capullo. Él aún estaba en el instituto pero repitiendo curso, además de tener unos amigos que eran una total mala influencia. Iba a clase cuando le daba la gana ya que prefería quedarse toda la mañana fumando hierba junto a su estúpido grupo de amigos "populares" o ir a fiestas para conocer alguna que otra zorra.

Realmente le odiaba.

Pero principalmente le odiaba porque ella pasaba a ser su "hermanita" solo cuando más lo necesitaba, era un interesado de mierda.

Suspiró mientras despegaba el rostro del suelo para después levantarse y vestirse con unos pantalones rotos y unas vans hechas polvo. No es que fuese pobre o algo, simplemente le gustaba vestir de aquella manera simple ya que tampoco era muy femenina. Alcanzó del armario una chaqueta de cuero negra, se peinó y aplicó un poco de pintalabios rojo para no verse tan zombie y finalmente bajó las escaleras del piso superior con la mochila colgando de un solo hombro.

—Por cierto, ¿él dónde cojones está? Lleva tres días sin aparecer por aquí.

La madre levantó la mirada de sus tortitas y alzó ambas cejas.

La joven suspiró ante aquella información; ni siquiera era fin de semana y su desgraciado hermano ya se encontraba perdido en algún punto del barrio. Negó ante las tortitas de su madre, segundos después se despidió de ella y fue a por su coche para poder dirigirse hacia aquél horrible lugar llamado instituto.

Quería que fuese verano de una vez, realmente odiaba aquél centro parecido más bien a una prisión.

Condujo durante unos minutos hacia la gran casa de su mejor amiga Aida. Esa ya se encontraba esperando fuera de su propio hogar y no pudo evitar sonreír al verla; era gracias a ella que aún no había dejado el instituto e igual para Aida, necesitaban siempre una de la otra. Era indispensable en su vida y así había sido desde que fueron unas simples crías, sabía que su amistad iba a ser para siempre.

—Un fin de semana aburrido, por lo que vi en Snapchat. —dijo ella animada al adentrarse en el pequeño coche.

—Sí, nunca dudes de los fines de semana aburridos. —pisó el accelerador con fuerza.

—Deberíamos hacer algo el próximo fin de semana. —sugirió ella mientras que introducía una piruleta en su boca.

—Mh, maratón de series o películas con extra de pelomitas y chocolate, tú eliges esta vez.

—Eh, no... Hacemos eso siempre, Andrea. —rodó los ojos mientras que la conductora intentaba dar con alguna cadena de radio decente.

—¿Qué quieres hacer entonces?

—Me han invitado a una fiesta el viernes, ¿sabes? —sacó la piruleta de su cavidad bucal y entonces clavó la mirada en Andrea.— Qué tal si intentamos ir, hemos ido a poquitas.

Pensó durante unos instantes, tampoco estaba mal el hecho de divertirse un poco ya que habían estado hasta arriba de exámenes, tenían derecho a hacerlo.

—Mh, seguramente sí, vamos, ¡estará bien! —exclamó un poco más animada, realmente necesitaba liberarse del estrés que sentía al pisar el instituto.

—Gracias, eres la mejor. —su amiga no dudó tirarse sobre la conductora para abrazarla con fuerza.— Pero... ¿le dirás a Mike que venga? —se incorporó ya que había la posibilidad de tener algún accidente, Andrea era bastante patosa.

—Lo pensaré... Le aprecio, pero ya sabes lo celoso que se pone siempre que salimos. —Andrea no pudo evitar suspirar un poco frustrada.

—No le invites, tampoco tenéis nada serio. —su amiga observaba como el ambiente estudiantil empezaba a hacerse notorio en aquella zona.—No debería celarse tanto ya que no tiene derecho a hacerlo.

Tenía razón, sólo era diversión por llamarlo de alguna manera.

—Entonces solo vamos tú, Sammy y yo, lo pasaremos bien.

—¡Me parece perfecto! —exclamó divertida Aida.

Después de un mini concierto en el vehículo Andrea se dedicó a estacionarlo en el parquing del instituto. Al salir del coche el largo y denso pelo color caoba de la conductora se esparció en el aire. "Maldito viento", pensó.

Ambas amigas fueron caminando en dirección a la entrada del centro y después de cortas charlas y pequeñas risas se despidieron para ir a la clase que les correspondía después de pasarse por las taquillas. Andrea se quedó unos instantes observando la suya. Ahora le tocaba arte y esa era su clase preferida ya que era muy buena dibujando y además le encantaba, aunque también había algo que la hacía sentirse un poco extraña durante esa clase, o más bien alguien. Suspiró después de coger una caja de aquarelas para las próximas dos horas, no tardando en llegar a su aula.

Al entrar en la clase pudo obervar como ciertas miradas se posaban sobre ella y Dios, se sentía tan incómoda en ese momento que ni un poco de alcohol la hubiera hecho sentirse mejor.

—¡Andrea! —gritó una voz cercana a aquellas siluetas que no paraban de mirar.

¿No podían disimular un poco?

Ahora fue ella la que posó la mirada sobre una persona en concreto, su expresión cambió a una de más animada.

—¡Sammy!

Plasmó un fuerte beso sobre la mejilla de su otra amiga en señal de saludo. Ambas empezaron a conversar de forma animada ya que el profesor siempre llegaba tarde a esa clase, pero hubo un momento en el que no pudo evitar desviar la mirada del brillante rostro de la chica con la que estaba hablando debido a que alguien la estaba observando detenidamente. Ese grupito de chicos "populares/bad boys" era bastante inquietante, aunque había una persona en concreto que lo era aún más gracias a sus oscuros ojos y dura expresión en el rostro.

Aquella persona se llamaba Ethan.

Ethan Dolan.

CONTINUARÁ.

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