Lágrimas

17 1 0
                                        



Caminaba Thomas en medio de la calle, sabía que a esas horas de la noche era muy difícil que algún automóvil cruzara cerca y si así fuese, él lo vería con anterioridad y tomaría distancia, en su cabeza repetía una y otra vez el coro de aquella canción que hoy en la mañana había escuchado y que erróneamente le había hecho creer que sería un gran día. Sus pies caminan sin rumbo fijo tomando cada paso como una decisión individual que no tenía conexión con la anterior marcando un camino sin un orden especifico, sus manos están en sus bolsillos jugueteando con algunas monedas que allí se encuentran tratando de ponerlas todas en su palma, aquellos ojos grises que a su madre tanto enorgullecían estaban llenos de lágrimas que corrían por sus pálidas mejillas rozando sus labios y muriendo en su quijada, desde donde caían hasta el pavimento seco y árido. Se sentó entonces en la orilla de la acera, puso su cabeza en medio de sus rodillas y tomando una profunda bocanada de aire, rompió a llorar aún más que antes, como si lo primero hubiese sido tan solo un ensayo, aquel corazón tan roto ya por cientos de decepciones anteriores volvía a caer, volvía a estar roto y parecía no tener reparo, su alma volvía a ser tan vulnerable como siempre lo había sido y su cuerpo parecía no resistir tanto dolor. De pronto una gota cayó del cielo sin avisar, estas gotas como sus mismas lágrimas caían de sus ojos para nada más que morir en un suelo inerte, y muchas otras más, miles de millones de gotas tomaron el mismo camino y cayeron empapando el dolor de Thomas y su cuerpo absorto por la tristeza, la lluvia mojo su rostro y confundió sus gotas con las lágrimas de aquel indefenso muchacho.

Thomas es un muchacho común en muchos aspectos, gusta de escuchar música a todo volumen, de dar largas caminatas con sus amigos, odia se sobremanera el modo en que su mamá le dice que hacer, detesta cuando sus profesores dejan tanta tarea que no puede hacer nada más en el día que pasar metido en su habitación, no soporta cuando oye que alguien hace demasiado ruido al masticar, ama y odia cosas que muchos de nosotros amamos y odiamos. Pero también es único en varios aspectos más, disfruta de una manera particular la lluvia y el sumergirse en el agua de algún riachuelo en los días fríos, cree que el sábado es el mejor de los días de la semana porque simplemente no hace nada. Bebe café no importa la hora, el momento o el lugar, lo bebe siempre que puede. Cuando ríe en sus mejillas se forman unos hoyuelos que le dan un aire infantil que pocas personas ven, su cabello es de un negro profundo que contrasta con sus ojos color miel, y su nariz tiene una forma bastante delineada que combinado con sus labios hacen de su rostro uno muy agraciado. Mas todo esto era solo visible a aquellas personas que querían verlo, para el mundo común Thomas era tan solo un chico común en una escuela común, casi nadie notaba que cuando sonreía sus ojos empequeñecían y su brillo aumentaba, nadie lo hacía a excepción de sus dos mejores amigos, para quienes Thomas o Tommy, como le decían de cariño, resultaba ser el tipo más genial y agradable del mundo. Para Mady una adolescente muy despistada, con poco conocimiento en moda o maquillaje, y con poco o nada de conocimiento de modales, cuyo mayor atractivo según los pubertos de su colegio son sus grandes pechos que trata de ocultar a como dé lugar debajo de grandes camisas negras, su piel es bastante blanca y sus ojos negros son muy cautivadores aunque los oculte debajo de sus lentes que en realidad no necesita pero que usa para pasar desapercibida en un mundo en donde ser bonita es fundamental para encajar. Y Zíu un pequeño joven de origen escandinavo que había llegado a aquella ciudad por un descuido de sus padres quienes confundieron los nombres de ciudades diferentes. Haciendo que arribaran a casi doscientos kilómetros de distancia de donde realmente debería haber llegado, pero al descubrir que Vernum era una ciudad muy acogedora, decidieron tomar su error como una señal y quedarse ahí para siempre, o al menos hasta que una nueva señal llegará. Zíu tiene sus cabellos rojos como el fuego y de hecho al atardecer su ondulada cabellera casi parece arder en su cabeza como una antorcha encendida, sus ojos tiene un color gris penetrante y la fuerza de su mirada casi podría desgarrarte el alma si no fuese porque su pequeña sonrisa blanquecina la apaciguaba, su piel blanca estaba cubierta por veintidós runas vikingas, cada una con un significado diferente que solo él sabía , Zíu era un hombre de pocas palabras, casi ninguna, lo que decía era conciso y directo, bastan pocas palabras para buenos entendedores dicen por ahí.



Thomas llego a clases con una camisa negra con una frase hilarante escrita en ella, que estaba cortada por las mangas y el cuello, sus axilas sin rasurar sobresalían un poco por sobre las cortadas de las mangas, su pantalón estaba rasgado en varias partes pero no por moda sino más bien por comodidad, de a poco y sin mirar camino directo hacía su salón como si no conociera a nadie en el pasillo y de cierta manera así era, no es que fuese un desconocido o alguien muy raro pero tampoco era el centro de atención o el mas popular, su cabeza gacha hacía que su melena negra cubriera sus ojos torpemente dejando apenas espacio para ver, después de una incomoda caminata al fin llego a su clase,  busco la última banca, una que tenía un aspecto muy deteriorado pero a la que ya consideraba suya y parte de si mismo, se sentó dejando caer su cuerpo el asiento hizo un sonido desesperado que nadie oyó  porque había sido el primero en llegar y esperaba con ansías que llegaran sus amigos para dejar atrás aquella noche de lágrimas.


Poco a poco los asientos vacíos fueron llenados, y aun así parecía que seguían vacíos, el ruido no se transforma en sonido a menos que prestemos atención y Thomas no lo hacía, él pensaba, pensaba en la noche anterior, y en el mes anterior y en todo lo anterior en lo que se pueda pensar, y le dolía, como si su vida no fuese suya, como si lo anterior apestará y en cierta forma tenía un olor, uno que solo él podía percibir un olor a nostalgia y olvido, un olor a dolor. Thomas se libró rápidamente de esos pensamientos, era un tipo optimista por muy mal que le fuera, sonreía a pesar de todo y parecía que esa fuese su mayor debilidad, tenía momentos en los que ya su cuerpo no le permitía mas y se rompía en mil pedazo, aunque  se volvía armar solo, y como lo decía el mismo: "Lo haría tantas veces como fueran necesarias".

Mady llego con un ajetreo altisonante al aula de clases porque pensaba que estaba tarde para la primera hora de matemáticas de la semana ( y a ella le gusta mucho las matemáticas) y con su mirada perdida entre todos sus compañeros busco a Thomas y Zíu por todo el salón, y cuando vio a el desgarbado Thomas sin hacer más nada se sentó cerca de Tommy y le dio un beso en la mejilla y con una sonrisa lo saludo amablemente como siempre hacía con él, sabía que eso lo alegraba y a ella le gustaba hacerlo, al terminal el ritual diario miró fijamente al asiento vacío junto a Thomas y pregunto por Zíu, El no supo que responder, no lo había visto a el pelirrojo llegar y tan siquiera lo había llamado la noche anterior, su información era casi nula.

Zíu llego tarde a la primera hora de matemáticas y el profesor simplemente no lo dejo pasar, así que decidió pasar toda la clase afuera en el patio sentado aquí o allá, viendo las nubes o escuchando a las aves, él tenía el poder de conocer el mundo desde sus raíces, sabía que la belleza no estaba en catálogos o revistas si no allí en donde el planeta inicia y eso así que su vida fuera simple y así era como Zíu quería vivir.

En toda la clase de matemáticas Mady alzo la mano, lo hizo una y otra vez, casi como si fuese un juego, pero no era un juego en absoluto, simplemente quería aprender en serio, y no dejaba cabo suelto con eso, Thomas solo asentía a cada palabra del profesor, para que diera la impresión de que este estaba prestando atención mientras en su mente volaba en algún lugar despejado, eso era normal en él, volar era su mayor anhelo.

Al finalizar la clase sonó el timbre del receso de las diez de la mañana. Así que el trío de la lluvia como se hacían llamar (Ocasionalmente tenían la costumbre de salir juntos en la lluvia y hacer todas esas cosas que los niños hacen en la lluvia pero sin serlo) se reunió en un lado del patio principal hablando y riendo, solían hacer eso siempre y funcionaba en realidad, era su mejor momento del día. Estar juntos les daba de esa felicidad buena, que sabes que no es eterna pero el tiempo que dura te hace sentir esencial.


Bạn đã đọc hết các phần đã được đăng tải.

⏰ Cập nhật lần cuối: Mar 19, 2017 ⏰

Thêm truyện này vào Thư viện của bạn để nhận thông báo chương mới!

Lluvia( entre libélulas y colibríes)Những tác phẩm khiến độc giả say mê. Hãy khám phá bây giờ