Al comienzo de los tiempos, seis de los dioses de una religión ya olvidada por el ser humano, vieron amenazada su propia existencia por sus semejantes al incumplir una de sus leyes más sagradas que existían entre ellos; unirse como pareja. Si lo hacían, los poderes sagrados divididos entre todos ellos, también quedarían unidos haciéndoles superiores al resto.
Al descubrirse que habían formado tres parejas Salierin, Rhoannoch, Gleynsis, Txalion, Moarain y Lohartres, sus congéneres se vieron intimidados al considerar que serían invencibles si alguna vez decidieran ir contra ellos. Debían desaparecer sino querían que el equilibrio de todas las dimensiones existentes se rompiera y, con ello, el mundo que hemos llegado a conocer. Aunque no sentían ningún afecto hacia la raza humana, necesitaban que el ser humano creyese en ellos. Sin esa devoción desaparecerían.
Atemorizados, pensaron en diferentes opciones para acabar con su existencia. Sin embargo, aquello no era algo que pudiesen llevar a la práctica de forma sencilla. No podían quitar la vida a uno solo de ellos,, ya que si faltara debilitaría a los demás. Tras darle muchas vueltas, decidieron que la mejor opción era disminuir su poder que verse en inferioridad de condiciones. A través de engaños, consiguieron pactar una tregua en su persecución, utilizando el dialogo como excusa. Establecieron como punto de reunión neutral la dimensión Ershin y allí acabarían con ellos.
Los dioses y diosas perseguidos, no creyeron en sus palabras y si acudieron a Ershin, pero para sellar con sus poderes aquella dimensión y permanecer allí para la eternidad. Una vez allí, tenían que ponerse en contacto con los humanos que los idolatraban. Necesitaban de ellos y de su fe para seguir existiendo en aquel plano.
Juntos intentaron un acto desesperado para lograr sobrevivir, llevaron a cabo una ceremonia mediante la cual, sus suplicas llegaran hasta el plano de los seres humanos.
Pero cuál fue su sorpresa que no solo escucharon sus palabras, sino que su poder había sido tal que catorce personas se materializaron ante ellos. Nunca se lo habrían imaginado, Ershin estaba bloqueada para la Eternidad, nada o nadie podría entrar o salir, pero parecía que eso solo se le aplicaba a los dioses, no a los humanos.
Ni los dioses ni los humanos podían creerse lo que había ocurrido. Les explicaron que por voluntad propia se habían encerrado en Ershin y que su intención había sido contactar con ellos para seguir manteniendo la fe, pero nunca esperaron tenerlos allí. Mientras decidían como podrían serles de utilidad, les ofrecieron alimentos y un lugar donde descansar.
Los hombres y mujeres que habían aparecido allí estaban atemorizados. El grupo estaba formado por cuatro mujeres y diez hombres, todos ellos con una edad comprendida entre los veinte y veinticinco años. Además, todos ellos tenían un físico extraordinario. Eso hizo sospechar a los seis dioses que de entre toda la humanidad las catorce personas que habían viajado de una dimensión a otra fueran casi perfectas.
Tan solo podía significar una cosa, la sangre de los dioses corría por sus venas. Aunque entre ellos no podían engendrar vida, parecía ser que si podían tener hijos en sus relaciones con humanas.
Entre los seis decidieron que crearían sacerdotes y guerreros. Sacerdotes para seguir manteniendo la fe entre los humanos y guerreros para defenderlos.
Los sacerdotes serían los encargados de mantener el culto a los dioses relegados al olvido, evitando así su desaparición. Les enseñarían ceremonias de invocación, cánticos y plegarias sagradas que alimentarían sus poderes con el único objetivo de sobrevivir.
La función de los guerreros sería proteger a los sacerdotes. Todos ellos pensaron que, al igual que el resto de los dioses había intentado eliminarlos, intentarían hacer todo lo posible para acabar con la vida de aquellos encargados de mantener la fe.
A todos ellos tanto sacerdotes como guerreros, se les hizo inmortales. No morirían excepto si les separaban la cabeza del cuerpo o les incineraban.
Se designaron cinco sacerdotes; tres mujeres y dos hombres. Estos deberían vivir en la Tierra y no podrían volver a esa dimensión a no ser que los dioses lo creyeran oportuno.
En cambio los guerreros podrían vivir en ambos lados, ejercerían como mensajeros entre ambas dimensiones y ejecutarían las órdenes de los dioses en este otro lado. Pero su misión principal siempre sería la de proteger a los sacerdotes. Solo había una cosa que diferenciaba a los unos de los otros. Para que los guerreros tuvieran la capacidad de viajar entre dimensiones cuando lo necesitasen los dioses manipularon sus cuerpos y deberían alimentarse de sangre.
Los sacerdotes en cambio sí podrían alimentarse con la sangre de sus parejas, pero tan solo para culminar la ceremonia de unión, con la persona que amasen o, en caso de resultar heridos.
Para mantener aquel equilibrio, la única prohibición que tenían, al igual que los Dioses, era que no podían unirse entre ellos. Si llegaran a procrear la sangre pura de ambos se mezclaría, creando así a un ser capaz de rivalizar en poder con ellos.
KAMU SEDANG MEMBACA
Destino Inalcanzable
ParanormalJudith pronto descubrirá la mentira en la que se ha basado su vida y su ineludible destino. La misión de proteger a la futura sacerdotisa, aun a costa de su propia vida, le será encomendada a Darren, uno de los guerreros al servicio de los Dioses d...
