Se deleito una vez más con la belleza de su amada Georgiana, su ondulado y brillante cabello negro suelto y esparcido por su busto, la piel blanca de terciopelo y su vestido favorito color rosa pastel que le daba la apariencia de una flor, los ojos azules cerrados, siempre cerrados.
La tomó entre sus brazos, y la depositó con cuidado en su silla victoriana. Que escena más preciosa, la mesa puesta perfectamente, su esposa gloriosa como una muñeca con sus más bellas prendas y un bello arreglo floral, solo desentonaban él y su entierrado traje. Se sentó y comenzó la comida, Georgiana parecía inapetente, no se molestó, hace unos días que se veía decaída, si no quería comer su cena estaba bien. Oh que deleite aquella cena-La ultima-pensó. Con el estomago bien lleno, procedió con su misión. Tomó a su amada y la llevo con cuidado a su jardín, la acurruco en una manta. Que bien le sentaban los gladiolos sobre su falda. Cargo su arma. Beso a su bella y amada mujer... Envolvió su cuerpo y lo hizo rodar hasta la zanja, el cuerpo cayo a ruido sordo sobre el de William. ¡Que buena tarde de juegos había tenido con su hijo!. Paleó. Puso el arma en su boca... No vaciló, no temió. Su ancho cuerpo cayó boca a bajo contra la tierra dejando una nube de ésta. Todo perfecto, todo de acuerdo al plan. Ya nadie más intentaría arrebatarle a su Georgiana, ya nadie más diría que William no era su hijo de sangre.
La familia, perfecta... ojos cerrados, siempre cerrados
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Ojos cerrados
Historia CortaEntonces, con una palada más y satisfecho con el tamaño, termina la zanja... Se oye un disparo seguido por su eco. El aire huele a pólvora. Esta hecho.
