- Buenos días Alex. ¿Qué tal te encuentras hoy? -me preguntó con una gran sonrisa. No era muy mayor. Seguramente andaba por los veintiocho años. Era atractivo. Pelo marrón con toques rojizos, ojos castaños, una altura considerable y unos bíceps inmensos.

- Buenos días doctor. Siento haberle asustado por la reacción de hace instantes. Hoy me siento algo cansada aunque también ¿contenta?- dije como si acabara de llegar de una fiesta donde había bebido demasiado alcohol.

- Puedes llamarme Ben. Pues ten cuidado no vayas a ver unicornios, ¿eh? Sería extraño aunque aquí damos drogas de las buenas.- contestó riendo- No te preocupes, me imaginé que reaccionarías de algún modo. Un golpe o algo por el estilo.- terminó guiñándome un ojo. Se le veía un chico muy simpático y gracioso.

- Descuida. Soy una chica pacífica. Y, la verdad, lo que menos me apetece ahora es andarme abofeteando a la gente. Parece que peso toneladas, casi no puedo moverme- reí cuando vi que él había soltado una gran carcajada sonora.

- Por cierto, que no se me olvide. Tienes visita. Ahora mismo entrarán pero sólo se podrán quedar media hora porque debes descansar, ¿entendido?-afirmé mientras que él se dirigía a la puerta mirándome y guiñándome un ojo. Sujetó ésta hasta que aquellas personas entraron. Eran mi madre y mi padre.

No quería hablar con ellos, me negaba aunque suponía que tenían que darme una explicación a todo lo ocurrido. Era duro enfrentarse a este momento. Me habían ocultado demasiadas cosas importantes.

- ¡Cariño !-dijeron los dos al unísono.

- Removimos cielo y tierra por rescatarte lo antes posible. Siento que pensaras que te habíamos abandonado pero no era así. Casi todo el FBI estaba en nuestra casa buscando huellas o pistas hasta que localizamos la supuesta localización de tu iPhone que estaba a diez metros de la casa donde te encontrabas. Damon acudió nada más enterarse de la noticia y se presentó como jefe en tu rescate. No permitía negociar con nadie de aquello, él sólo quería salvarte.- explicó mi padre. Su voz parecía aliviada pero se notaba que tenía un nudo en la garganta. Daniel Meyer quería llorar. Yo también a decir verdad.

- Mamá, papá. ¿Vosotros sabíais que Damon era agente? -pregunté después de tragar saliva. Ellos asintieron y desvíe la mirada a mi brazo que ahora se encontraba vendado. Me sentía decepcionada y traicionada. Ellos sabían que odiaba las malditas mentiras. No me lo esperaba. Los odiaba demasiado en aquellos instantes.

- Cariño, no te lo podíamos contar. Estabas segura con él y su identidad no podía ser descubierta.-habló mi madre. Yo los entendía. Él era agente y no podía contarme su tapadera pero mis padres me habían ocultado la verdadera identidad de mi novio. MI NOVIO.

- Está bien, no pasa nada. ¿Dónde está? Quiero verle.-pregunté imperiosa. Mis progenitores se miraron entre sí y mi padre comenzó a hablar.

- Lo siento mucho, Damon se ha ido. No nos han querido decir dónde pero ya no está con nosotros. Se despidió de ti pero tu estabas sedada y no te enteraste.-dijo mi padre disolviendo el nudo que tenía en su garganta. De sus ojos caían gotas cristalinas mientras me miraba. Me sentía rota. No podía ni llorar. Noté aquella punzada de dolor insoportable pero no conseguía soltar ni una sola triste lágrima.

En ese punto sólo podía decir una cosa: el mundo me había aplastado.

Media hora más tarde mis padres se fueron tal y como había dicho mi doctor Ben. Después de lo ocurrido en los primeros minutos de conversaciones con ellos no sabía hacia donde dirigir mi vida a partir de ese momento. Todo me había golpeado tan fuerte que me había dejado sin nada. Mi corazón ya no latía, mis heridas ya no dolían pero notaba una fuerza empujar mi cuerpo hacia el interior de un abismo.

En la oscuridad de la noche coloqué mi cara sobre la almohada. No me hacía falta recordar buenos momentos con él para llorar porque las lágrimas llevaban luchando todo el día por salir de mis ojos color de la esperanza, una esperanza que ya no existía en lo más profundo de mi.

Poco después, un manantial se extendía por mis mejillas empapándome el cuello y el pijama pavoroso del hospital. El relleno del almohadón reprimía mis llantos y suspiros que expulsaba al llorar. No conseguía parar y tampoco podía moverme por las malditas pulseras.

Me incorporé y acerqué mi boca al pliegue que tenían aquellas contenciones de belcro. Lo mordí y tiré de él con fuerza para ir desabrochándola. Cuando tuve una mano suelta, me desaté la otra y me levanté de la cama.

Mis piernas estaban adormiladas, no coordinaban los movimientos, y eso hacía difícil el desplazamiento pero aún así, seguí hacia delante. A cada paso, el dolor que sentía me daba latigazos haciéndome estremecer. Era insoportable así que cogí una de las pastillas que había encima de la mesa que, gracias al doctor Ben, me las dejaron para calmar los dolores de aquellos horribles golpes y me la tragué. Luego salí de mi habitación y me dirigí a una pequeña terraza que había en la planta.

Al salir noté el aire nocturno de Londres colándose por todos los poros de mi piel. Me senté en el césped artificial y me quedé observando las luces de los grandes monstruos que se elevaban por encima de mi cabeza. Todo parecía tan tranquilo y tan alegre... todo tan irreal.

En mi vida me había sentido tan vacía. Era como si me hubiesen quitado parte del corazón. Necesitaba a Damon para que me guiara en esta vida. Le necesitaba a mi lado en esos precisos momentos. Mi nariz empezó a avisarme de las lágrimas que se avecinaban. No podría parar. Hacía apenas un mes que me encontraba en este mismo hospital con Damon aquí. Los dos tan felices, tan enamorados.

La puerta de la terraza se abrió detrás mía y sentí como alguien se acercaba con paso tranquilo y firme. No me inmuté, sabía quien era. Seguí mirando las luces que se extendían hasta donde mi vista no podía llegar. Mi compañía se sentó al lado de mi sin decir nada y comenzó a contemplar el precioso paisaje de la noche.

Mientras tanto yo seguía llorando, no me avergonzaba llorar. Ya nada podría hacerlo. Me habían humillado, golpeado, pataleado...

- Cariño, no me gusta verte así.-dijo mi Mandy apoyando su cabeza en mi hombro dolorido.

- No puedo más con todo esto, de verdad.-contesté girándome para quedar cara a cara con Amanda. La miré a los ojos y nos abrazamos.

Por un momento dejé de sentir todo el dolor en mi cuerpo y sólo me concentré en llorar y sentir el amor de la única persona que nunca me dejaría: Amanda Brown.

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Hola a todas y a todos! ¿Qué tal la semana? Pues yo aquí, corriendo para traeros este capítulo editado a tiempo de que no me matéis. Gracias por toda aquella gente que se ha incorporado de nuevo a la lectura. Gracias por seguir confiando en mi.

Canción: Never Say Never - The Fray

COMUNICADO IMPORTANTE. He decidido pasar a borradores los capítulos sin editar por tanto la novela está INCOMPLETA. Iré actualizando cada vez que pueda. Sólo quedan cinco capítulos y el epílogo. Ya sabéis que estoy en proyecto de otras dos. Siento esta noticia aunque creo que le dará emoción. Los capítulos serán modificados aunque no en exceso. Aún así espero que los disfrutéis tanto como yo, de verdad.

Antes de irme os dejo unas cuantas preguntas para que me respondáis:

¿Creéis que Mike está muerto o volverá? ¿Y Eli Banks? ¿Qué creéis que ha pasado con Damon? ¿Volverá o dejará a Alex sola?

Secrets #Wattys2016 #WEAwards2º #PremiosMusaRomanceDonde viven las historias. Descúbrelo ahora