DESPIERTA

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Inevitablemente, la noche había caído. Minuto a minuto se había ido oscureciendo y sobre el cielo aparecieron millones de ojos luminosos que desde lo alto parecían burlarse de Castiel, quien les devolvía la mirada desde su sitio. Les tuvo algo de envidia, simplemente porque ellas estaban afuera y él no.

En kilómetros alrededor no había otra cosa que maleza. La única construcción en la zona era una vieja y decrépita iglesia que hacía años había perdido su propósito. El aire en su interior olía a tierra mojada, las bancas de madera rechinaban al más mínimo movimiento y los vitrales rotos reflejaban el brillo de la luna, convirtiendo sus reflejos en arcoíris transparentes.

Pero para Castiel todo aquello parecía lejano, su mente adormilada solo tenía una cosa en la que pensar.

Estamos muriendo.

A su lado, Dean descansaba respirando pesadamente y sujetando su costado herido con ambas manos, tratando en vano de detener el sangrado que escurría al suelo como vino derramado. Tal vez había llegado su momento, después de todo, no importaba lo que los Winchester hubieran hecho en el pasado, a fin de cuentas, seguían siendo humanos y los humanos morían.

Castiel se sentía mareado y débil, pero más que nada, inútil. No podía sanar sus propias heridas y mucho menos podía ayudar a Dean. En algún otro tiempo habría bastado con colocar dos dedos en la frente del contrario para dejarlo como nuevo. En cambio, ahora no podía hacer más que observar como la vida se le escapaba como humo.

Los humanos parecían ser tan frágiles, tan propensos a romperse. Sin embargo, Castiel había presenciado lo que eran capaces de hacer con tal de proteger lo que aman, los había visto sacrificarlo todo y luchar incluso cuando sabían que no podían ganar.

Pero todo terminaba en cuanto el corazón dejaba de latir.

Esa última idea lo aterraba y por más que trataba de evitarla siempre volvía. Había visto a Dean convertirse en un demonio, había soportado pasar días, semanas e incluso meses sin saber absolutamente nada de él. Pero esto sobrepasaba el límite de lo que podía soportar. El hombre estaba muriendo a su lado y no había nada que podía hacer.

Apenado, le lanzó una mirada discreta y lo encontró jadeante, con la cabeza echada hacia atrás y una fina manta de sudor recorriéndole la frente; los párpados bajados, dejando apreciar las largas pestañas claras por encima de un par de ojeras. Parecía estar dormido.

- ¿Dean? -susurró Castiel casi inaudiblemente, provocando un ligero eco que rebotó en las paredes de lo que alguna vez había sido una iglesia- ¿Estás despierto?

Dean respondió abriendo los ojos lentamente para mirar a Castiel, dejando asomar una pequeña sonrisa de entre sus labios resecos.

- Sería un terrible momento para dormir -respondió con voz ronca, manteniendo el dulce gesto en su rostro.

El silencio volvió a llenar el edificio. Ninguno de los dos quería decir lo que ya era obvio. Preguntar por el estado del otro resultaba estúpido pues ambos sabían que estaban más que jodidos. Aclarar que no había forma de salir del lugar o siquiera moverse carecía aun más de sentido, ¿cómo se irían si apenas tenían la fuerza para mantener sus corazones latiendo? E incluso en el hipotético caso de que lograran salir estaban completamente aislados. El impala se había quedado unos cuantos kilómetros atrás en la carretera. Al principio, Dean se había quejado, argumentando que jamás dejaría a su bebé abandonado donde alguien pudiera robarle los neumáticos, o peor aun, el auto completo. Pero al final acabó cediendo, no quedaba más combustible y empujar el auto la distancia que faltaba por recorrer estaba completamente fuera de cuestión.

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⏰ Last updated: Apr 02, 2017 ⏰

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DESPIERTA (Destiel)Where stories live. Discover now