"Me gusta estar al lado del camino,
fumando el humo mientras todo pasa"
Pocas veces he dejado preguntarme que sería de mi vida si a los 20 le hubiese puesto más atención a lo que realmente quería, si hubiese sido más fuerte y fiel a mis ideales, si hubiese sido fiel a mi, para no convertirme en lo que ahora es Ed... algo que nunca quiso ser.
Nací en una provincia del sur, provincia pequeña y como todas pacifica, alejada del gran mundo que para nosotros en ese entonces era Santiago, la capital de un gran país que crecía a pasos de elefante. Para todos era algo así como la tierra prometida por Dios, el lugar en donde todas nuestras penurias terminarían, el trabajo sí sería bien pagado y las extensas horas de trabajo aminoradas. Muchos de mis vecinos y amigos partieron cegados por esas luces que se veían llegar desde norte, en cambio mis padres y hermanos continuamos acá, no por carecer de esas necesidades y sueños, sino más bien por el inmenso amor a nuestro pueblo y quizás ahora que ya han pasado los años y logro mirarlo desde otra perspectiva... por una cuota de miedo.
Mi infancia fue poco accidenta, ni dura ni difícil, pero si enriquecedora. Mis padres con esfuerzo se encargaron de que así fuese. Nunca me faltó algo verdaderamente necesario. Quizás si el juguete de moda, o el transformer que podían pagar los padres de mis compañeros de escuela (cosas que no esperaba realmente con muchas ansias) prefería inventar mis propios juegos, pasar las tardes mirando el cielo, las nubes y sus formas, así fue como se me pasó "la mejor etapa de la vida", como gustan decir algunos haciendo directa relación con su inconformismo con respecto al presente.- Me incluyo.
Que nunca me faltase algo no influyó como en la mayoría de los casos en que creciera como un niño cerrado en si mismo, en sus preocupaciones o en las de sus mayores, al contrario, de muy pequeño y si es que no, desde que tengo recuerdo fui muy conciente de mi entorno, del esfuerzo de mi gente, de toda la gente, de que el mundo no era "mi" mundo ni menos el que me inventaban en televisión.
El Pancho hizo mierda nuestro furgón, de paso su cráneo y columna, dicen los matasanos que está en coma, "vegetal"... las coincidencias de la vida.
Al Francisco lo conocí el esplendoroso día en que mi perro se enredó en sus nuevas y relucientes llantas, después del impacto el animal estaba intacto, con todas sus partes y moviendo la cola, en cambio el agresor descompuesto, aún más nervioso que yo, lo vi tomar al Toti como si fuera un niño, lo subió al auto con promesas de llevarlo a la mejor clínica de perros, yo asentí con la cabeza y entré al auto mientras pensaba en formas de no perder el viaje, un tratamiento anti desparacitario quizás le vendría bien al perro, o si teníamos más suerte un "enchulamiento" de esos que están de moda en la TV.
El perro se salvó... siempre estuvo a salvo.
Los papás del pancho me interrogan en cada encuentro por los pasillos, ya me resulta algo incomodo mentirles de tan descarada forma. ¿Qué haría su hijo con dos grandes gatitos feroces en un auto a 200 Km. por hora? - Nada tía, debieron obligarlo, quien sabe con que horrendas cosas pudieron amenazarlo si no hacia lo que ellos pedían. Ya está, en este pasillo me salvé.
Quedamos de juntarnos a las 4.30 a.m. en el zoológico Metropolitano, cuando llegué el ya estaba ahí hace más de una hora, era necesario estudiar los movimientos del enemigo nos dijo.
El plan era el siguiente; aprovechar el sueño de los guardias para entrar sin ser vistos, caminar en dirección a los monos y ver la forma de que estos peluditos amiguitos aceptaran nuestros brazos de libertad, y así correr lejos de ahí, de ese encierro y des humanidad, hasta ahí todo estaba bien.
II...?
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Short StoryOne-shoot, quizás algún día pase a más de una simple historia corta. No soy buena con los títulos, imaginen uno ustedes.
