Prólogo

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Prólogo


(Londres 1920)


La ciudad de Londrestodavía recordaba las heridas que sufrió durante la Primera GuerraMundial, había miles de familias que se acongojaban por las pérdidasque sufrieron en el campo de batalla. Pero ahora que la paz fueconcebida en estos tiempos tan duros que corren, la delincuenciaaumentaba gradualmente en las calles, los detectives trabajaban sindescanso para buscar soluciones a casos imposibles. Mientras la leytrabajaba en asuntos de escasa importancia, las mentes más malvadasmaquinaban sobre cómo obtener el control total de la ciudad paraluego aspirar a más y hacerse con el mundo. Había villanos muybuenos, pero el mejor de todos era el profesor Richard.


Era un hombre anciano deunos cincuenta años. Tenía el pelo cano, un bigote imperial y unaexpresión mansa en su rostro, pero dentro de su cabeza se hallabaescondido una de las mentes más perversas e inteligentes que habíaconocido la humanidad. Cuando estalló la primera guerra mundial fueel supervisor de un experimento fallido. Después de fracasar, volvióa Londres para dedicarse a la enseñanza, de ahí su título.Mientras fingía tener una vida pacífica, en las sombras investigabasobre artes que eran prohibidas para el ser humano: alquimia,nigromancia, química, rituales...artes oscuras que ningún hombrepracticó por el miedo, pero él sería el pionero en demostrar laeficacia de estas fuerzas sobrenaturales, y así gobernar con elpoder del miedo...


(Estación policial dePaddington 11: 00 am)


-¡No me puedo creer quese haya vuelto a escapar!- dijo uno de los gendarmes tirando su gorroal suelo.


-Tranquilo, si no loatrapamos nosotros ya lo hará otro.- comentó con cierta esperanzaotro agente.


-Si, pero no podemosdejar que este infame villano siga cometiendo estos crímenes tanmacabros.- insistió el agente furioso.


-¿Están hablando delprofesor? - interrumpió uno de los detectives con cierta seriedad.Cuando habló, todo el mundo guardó silencio.


Este detective estabasentado en una silla antigua y frente de él había una mesa llena depapeleo sin resolver. Este llevaba un sombrero fedora que le ocultabaparte del pelo, pero hacía que su mirada se tornara fría y seria.Llevaba también una gabardina marrón, un traje negro corriente, unacorbata del mismo color que el traje, pero se distinguía gracias aque llevaba una camisa blanca. Sus ojos eran verdes, su pelo castañooscuro, y en su cara no crecía ningún vello facial. Era undetective bastante joven, de unos 26 años.


-No...Jack, no estamoshablando de él, estamos hablando de Arthur, el que cometió elatraco más cuantioso de esta ciudad. Hablando de trabajo, tienes queir a investigar a este sujeto.- le entregaron una fotografía a Jackpara facilitar su trabajo.- Es sospechoso de un homicidio. Lostestigos afirmaron que se trataba de un hombre encapuchado pero no sesabe nada más.


La fotografía mostraba aun hombre encapuchado embutido en una vestimenta muy antigua, casimedieval. Esta foto no ayudaba ya que la capucha le cubre el rostro,pero había un dibujo en su túnica, así que era más fácilreconocerle.


-Yo me encargo.- se llevóuna mano a su pitillera y sacó uno de sus cigarros, se lo encendióy salió decidido por la puerta.

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