CAPÍTULO 1: ¿QUE NOS VAMOS DÓNDE?

130 12 1
                                        

-Cásate conmigo- decía el chocolate, estaba tan enamorada de él que me era imposible decirle que no.

Estaba a punto de besarlo, pero entonces en vez de sentir su exquisito sabor dulce, sentí algo frío y duro, y sin pensarlo dos veces, abrí los ojos; una chica de 17 años normal se hubiese levantado con el sonido del despertador o tal vez, con los gritos de alguien en la calle, pero como yo ya he entendido que no soy una chica normal, me desperté con el riquísimo suelo bajo mi cara y con mi agradable hermano Matt soltando unas exageradas carcajadas por encima del nivel por el que yo me encontraba.

Cabreada, me levanté del suelo y empecé a gritar:

- ¿Pero tú estas tonto o qué te pasa? ¿no tienes nada mejor que hacer que tirarme al suelo, imbécil?- nada, seguía riéndose en frente de mis narices- hola, estoy aquí, ¿acaso no me has escuchado?

-Vamos hermanita, ha sido mamá la que me ha dicho que te despertase, que poco más e hibernarás como un oso pardo.

Velozmente, miré el reloj y pude ver que eran las 13:32 de la tarde. MIERDA, hoy había una importante comida familiar en la que mi padre nos tenia que contar no se qué.

-¡¡¡Abbyyyy!!!- gritó alguien, supuse que era mi madre- tienes media hora para prepararte, ya te puedes dar prisa, guapa.

-Nunca mejor dicho- me dijo Matt- hasta luego hermanita.

Rápidamente me fui a dar una rápida ducha para despejarme un poco y me paré a pensar: ¿qué será eso tan importante que nos tiene que decir papá?, a lo mejor le han aumentado el sueldo o se tiene que ir de viaje.

Diez minutos después ya me encontraba mirando en mi armario que ponerme, finalmente opté por unos vaqueros con las rodillas al aire y un top blanco, mis más preciadas converse blancas y finalmente una chaqueta vaquera, ya que estamos en septiembre y no hace mucho frío, pero digamos que lo que se dice calor, tampoco.

Para matar el tiempo me eché un poco de base en la cara y ricé mis pestañas con un ligero toque de rímel, me gustaba maquillarme, pero no excesivamente, siempre lo había hecho de forma natural. Aunque algún día experimentaré otros tipos -hoy no sería ese día-. 

Rocié mi cuello y parte de mi cuerpo con el perfume "Halloween", mi favorito y solté la trenza que me había hecho la noche anterior dejando caer tirabuzones. Una vez lista, bajé rápidamente las escaleras, pero obviamente me tropecé (como siempre) y mi madre se acerco muy preocupada.

-¿Estás bien cariño?- Agghh, no soportaba esos motes tan "unicornio", así que me levanté del suele como si nada y, poniendo mi mejor sonrisa falsa, respondí.

-Si mamá, ¿dónde está el estúpido Matt?

-¿Por qué siempre os teneis que insultar?, ¿no podeís llamaros por vuestros nombres normales?

Puse los ojos en blanco y me fui directa a la cocina, me moría de hambre.

-No comas nada Abby, son las 14:00 y nos marcharemos ya al restaurante.

No soportaba a mi madre enserio, todavía seguía tratándome como a una niña de 5 años, entiendo que no quiere que me aparte de su lado, pero ella tiene que entender que tengo 17 años y ya no soy una estúpida niñita.

En cualquier otro momento la hubiese contestado - no de una buena manera- pero agradecí que mi padre apareciese por la puerta y me salvase de otra de las mil discusiones que tenía con mamá al día.

Corrí a abrazar a mi padre; él simplemente era genial, era él quien me dejaba ir a fiestas, quedarme hasta tarde cuando salía... era el "permisivo". Es bastante alto, en eso me parezco a él, pelo oscuro y ojos color miel. Mis amigas siempre han dicho que para ser su edad no estaba nada mal.

Con Dos PalabrasWhere stories live. Discover now