Estaba bien entrada la noche, él, decepcionado vaga por las solitarias calles de una noche otoñal de octubre. Camina y camina hasta que sus piernas piden una tregua. Descansa. Continúa su camino hasta que ve a una mujer solitaria cojeando por la calle. Al principio quiere hablar con ella pero la adelanta. Se para. Da media vuelta, se dirige hacia ella y le pregunta.
— Perdona, te he visto caminando sola por estas calles a estas horas de la noche y me gustaría saber si estás bien. — Dice él.
— Ah bueno, tranquilo no es nada, es una infección. Pero la tengo desde hace tiempo. De todas formas gracias por pararte y preocuparte, no mucha gente lo hace. — Responde ella.
— Bueno eso me quita un peso de encima, ¿hay algo que pueda hacer para ayudarte? — Dice él algo nervioso.
— No hombre, no te preocupes estaré bien pero muchas gracias por preocuparte. — Contesta ella.
— Está bien, que tengas unas buenas noches.
Él continúa su camino hasta un semáforo en rojo. Se para, da media vuelta y la ve caminar con paso lento pero seguro. Quiere hablar con ella de nuevo pero no lo hace porque no se atreve. Sigue su camino pensando en ella. La quiere volver a ver. Tiene esperanza.
Las grandes historias comienzan con pequeños gestos.
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Historia de un encuentro fortuito
Non-FictionCrónica sobre como conoces a alguien y podría haber sido una gran historia
