24 de noviembre...
Querida sin nombre:
No hace falta que me presente, ni que haga un tentempié en cómo nos conocimos, en lo bellas que han sido las experiencias que hemos compartido, las sonrisas que salían de manera espontánea sin motivo alguno o los tanto recuerdos que tenemos en común, las largas charlas sobre diversos temas, los debates y ni hablar de las peleas que tuvimos, siempre por la misma causa: no nos entendíamos y la comunicación que había entre nosotras era poca, aunque siempre estuvimos juntas, irónico, ¿no? Pero así es la vida, casi como una melodía de violonchelos, grave, fuerte, osca, pero a su vez es tranquilizante, bella y armónica...
Sin embargo la melodía se ha de acabar en algún momento, el acto finaliza, las luces se apagan y la sala de eventos debe ser desocupada. Esa es la política de la vida, la disfrutas, la sufres, te sientes bien allí, en el mundo o en la sala de conciertos, pero en algún momento todo se acaba, llega la muerte y aparece el más allá. Siempre es así, con el mismo esquema, es un ciclo, un círculo vicioso, en el cual no se puede intervenir.
Es curiosamente triste, si lo piensas: toda la vida nos enseñaron a ser campeones, líderes, a comernos todas las experiencias que nuestra sociedad nos pueda brindar y a dominar el mundo, pero finalmente esto es vano, ya que en algún momento desapareceremos, llegaremos a convertirnos en ceniza o simplemente vivir bajo tierra en una cajita de madera.
Sin nombre, es terrible, sin tan solo supieras que pasa, lo que ocurre en los noticieros, en lo que no nos cuentan, en lo que se guardan. Si pudieras verlo, te decepcionarías puesto que todo es odio y amargura. Querida, creo que es mejor tu estado, aunque no puedes hacer nada, te privas de lo malo, como dirías tu lo que no es bueno.
Sin embargo, ahora que no estás las horas se hacen más duras, menos llevaderas, escalofriantes y sin sentido, pero no hay nada que hacer, es imposible y probablemente lo sea y creo que es lo mejor, porque al menos esta la advertencia de que nada dura para siempre.
Pese a esto, duele mucho; supongo que es el apego, el sentirse solo y desprotegido. Es natural, prácticamente el recuerdo de lo que ya no está, al menos, sé que el tiempo que estuve a tu lado, fue maravilloso y todas las memorias que tengo de ti serán mi constante recordatorio de tu existencia en este plano. Y esa es clave de este asusto; tú viviste, respiraste, soñaste, cumpliste un montón de objetivos y sonreíste ante las adversidades y lloraste en momentos de debilidad, también te juzgaron y juzgaste duramente, hiciste cosas malas y te arrepentiste... Pero, ¿por qué se llega al final? ¿Es tan necesaria esa despedida inútil a la cual todos debemos pasar?
Querida, ya no sé qué hacer, me desmorono y siento que voy a desfallecer, a veces trato de no ser tan pesimista con mi situación; busco distracción, salidas alternativas, con el único fin de que mi mente deje de torturame con tu recuerdo, tu risa, o con tu partida, ¿sabes lo mucho que me dolió verte en aquel cajón de manera oscura? ¿O el shock nervioso que sufrí cuando me dijeron que te fuiste? Por supuesto que no, es imposible que lo sepas, estás en otra puta realidad, en una dimensión que todos desconocemos o que ni siquiera existe.
Sin futuro, no entiendo para qué te escribo todo esto, si el destinatario eres tú y ahora ya no existes.
