Capítulo 1

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Aquel día iba a ser divertido, Elliot y sus amigos, Tommy y Mike, tenían pendiente ir de excursión un fin de semana con el colegio al que los tres asistían. Según lo planeado irían a un lugar algo apartado de la ciudad donde pudieran conocer distintos tipos de plantas y setas, puesto que estaba organizado por el departamento de Ciencias Biológicas.

Elliot, un chico de 12 años de pelo negro y rostro expresivo, ya tenía preparado todo lo necesario para poder asistir a dicha excursión, por el contrario, Tommy, el más pequeño de la clase, no había preparado apenas la ropa que se iba a llevar. Mike era el desastre de los tres básicamente porque pasaba de todo y ni si quiera quería ir a "esa estúpida actividad".

Esa misma noche cada uno se tumbó en su respectiva cama y cogió el walky talky para hablar entre ellos. En realidad, ninguno quería ir por distintas razones, pero la más significativa era la de Elliot, ya que era alérgico a algunas de las plantas que debían de estudiar.

A la mañana siguiente quedaron para ir juntos al autobús que los recogería en el parque cercano al colegio, donde habían quedado con el resto de alumnos y profesores. El autobús se retrasó a causa de una desorganización en la planificación de la actividad. Pero al final, media hora después, llegaron a inicio de un camino pedregoso que conducía a un pequeño pueblo llamado "West Sunset". Todo parecía ir bien, los vecinos del lugar eran agradables y les dieron la bienvenida con gran entusiasmo, incluso Peter, un joven lugareño, se ofreció a guiarles durante el recorrido.

 Esa tarde los alumnos la tuvieron libre para investigar en las cercanías del pueblo y así poder familiarizarse antes de empezar con las tareas. Como de costumbre, Tommy, que era un enano muy glotón, llevó tabletas de chocolate escondidas en el bolsillo pequeño de su mochila y una bolsa de gominolas que posteriormente repartiría entre sus amigos. 

  —¡Qué aburrimiento más grande! —se quejó Mike, al llegar a un sitio boscoso y que el profesor de biología comenzase a explicarles algunas peculiaridades de las ortigas. 

  —Las manos van a empezar a picarme en nada —añadió Elliot. 

  —Propongo que nos escapemos —dijo Mike en voz baja, para que los profesores no pudieran escucharles. 

  —No, me niego —se opuso Tommy, comiéndose una de sus tabletas, llenándose la boca de chocolate. 

Elliot puso los ojos en blanco y dijo: 

 —¡Ya está el listillo! Me pregunto cuándo dejarás de comportarte como una nenaza. 

  —Ahora nos pillarán seguro. ¿Qué os parece si esperamos a que sea de noche y todos duerman?  —propuso el más pasota de los tres. 

 Y, efectivamente, eso hicieron. A las diez de la noche, cuando todos estaban en las habitaciones del albergue en el que se quedaban, los tres salieron, teniendo cuidado de no ser vistos por el personal.

Diez minutos después, Elliot señalaba impresionado una casa que parecía abandonada. Habían escuchado comentarios por el camino, a amigos susurrando que de esa casa nadie salía nunca. Pero, siendo sinceros, ellos no se creyeron ninguna de las historias que circularon entre sus compañeros. 

 —¡Mirad qué casa!

  —Da miedo de noche, ¿no? —preguntó Tommy, tragando saliva y pidiendo, para sus adentros, que a ninguno de los otros dos niños se les ocurriese entrar ahí. 

Sin embargo, todas las esperanzas que albergaba al respecto se esfumaron cuando Mike dijo: 

  —Entremos. Os reto a dormir allí. Si salimos vivos, que es lo que pasará, seremos leyenda. 

El pelinegro sonrió. 

 —Reto aceptado. 

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⏰ Last updated: Feb 18, 2017 ⏰

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