Era de madrugada, había solo dos luces encendidas, dos luces amarillas que iluminaban todo el lugar. Un lugar cerrado, paredes de piedra; una gran puerta de hierro con trabas y diseños extravagantes. En el medio de aquel sitio se encontraba una mesa grande, cuadrada, de cuatro patas y a su lado una silla igual de grande, ambas de madera de un tinte marrón oscuro.
Faltaban pocos minutos para que se acabara la noche y salga el sol. Cuando las luces se estaban por apagar y el sol estaba por salir, se escucha un ruido de arriba de la mesa o mejor dicho un relincho. Era tanta la curiosidad de saber cómo un relincho podía provenir de arriba de la mesa que me acerqué para averiguarlo. Ya cerca de la mesa se veía de arriba de ella que se encontraba un muy pequeño y adorable caballo, sin saber qué hacer me senté a esperar un rato y mientras jugaba con el pequeño. Cuando me estaba quedando dormida decidió irse pero de pronto se abrió la gran puerta de hierro, de allí salió un caballo unos centímetros más alto que la mesa donde se encontraba el caballo miniatura.
Cada vez faltaba menos para que apareciera el sol y nada parecía tener sentido. Asomándose el primer rayito de sol ambos caballos se van, la mesa y la silla desaparecen al igual que las paredes y la gran puerta de hierro. Sólo queda un espacio en blanco, las luces amarillas y la luz del hermoso sol, que trae un nuevo día.
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Un sueño extraño
Short StoryLas luces juegan un papel muy importante en este pequeño cuento, si sos de los que te gustan las cosas medias raras quedate y lee esta historia.
