Prólogo.

549 54 58
                                        

Corría, corría sin parar.
Las gotas de sudor se deslizaban por todo su rostro mientras su corazón latía más fuerte que nunca. Sus piernas estaban ya muy cansadas, y sus pies dolían como jamás antes le habían dolido.
Podía escuchar el eco de su respiración acelerada retumbar en su cráneo, y el crujir de las ramas caídas cuando eran pisoteadas por ella, en un intento desesperado por huir de aquel feroz depredador.

Sabía, en lo más recóndito de su conciencia, que no podía detenerse, si lo hacía, él la alcanzaría.
Así que siguió.
Siguió corriendo por entre los altos pinos de lo que parecía ser un bosque infinito.

El cielo se encontraba aún más blanco que azul, y el sol había empezado ya, a levantarse por entre las tenues nubes que se divisaban en el horizonte.
Llovía aún con delicada calma, y el bosque con aparente sosiego y desdeñosa actitud, parecía hacer ojos ciegos ante el presente evento.

Sin embargo, en aquel preciso momento, el sol no importaba, el cielo no importaba, ni el bosque mismo importaba, lo único que realmente valía la pena, era correr; correr y seguir corriendo por su vida.
Escapar de él era lo único en lo que podía posar sus pensamientos.
No podía rendirse, no podía dejarse vencer por el cansancio, ni por la deshidratación, ni mucho menos por la inanición.

Así que corría.
Corría con todos los ánimos que tenía.
Corrió hasta que no sintió más sus piernas.
Corrió hasta que parecía, que su corazón se detendría en cualquier momento.

Sus fuerzas se agotaban y su innato instinto de supervivencia se apagaba, quitándole cualquier remota sensación de esperanza, y trayendo a ella ningún otro sentimiento más que rendición.
Pero justo antes de sucumbir a sus más recónditos e indeseables pensamientos, notó algo a la distancia.
Algo diferente al verde oscuro de los pinos. Distinto a lo que había estado contemplando hacía ya media hora ¿O era acaso una hora? No se había percatado del tiempo transcurrido; pero para ser sinceros, ¿quién cuenta el tiempo en una situación como esa?

Decidió darle espera a sus repudiables intenciones de desistir, y ofrecerle siquiera una pequeña oportunidad, a lo que sus ojos habían divisado con anterioridad.

Se aproximaba cada vez más, y la claridad llegaba a sus pupilas, dejándole diferenciar lo que era.

¡Un puente!
¡Un puente colgante!

La fascinación se manifestó en su rostro.
No sólo había encontrado un puente, sino también un acantilado que yacía por debajo de este, transitado por turbias aguas; algo ruidosas y peligrosas.

Pero entonces dudó.

¿Acaso era su imaginación? ¿Había realmente un puente colgando sobre un acantilado en medio del bosque?

Sentía lastima por si misma al no poder fiarse de lo que veía. La falta de agua podría estar confabulando con su cerebro, para proyectar sus más anhelados deseos.

A medida que se acercaba más y más, su duda se esfumaba. Un sentimiento de alivio invadía su corazón, y sus ojos se llenaban de esperanza, siendo aún optimistas frente al hecho de lo que parecía en ese momento una increíble alucinación; era real y no una simple ilusión.

Había llegado.
Sin duda era un puente, un puente REAL.
¡Podría salvarse!

Entretanto apreciaba aquella magnificencia creada por el hombre, se percató de su soledad. No escuchaba las pisadas que le perseguían, pero sabía que él se encontraba ahí, en algún lugar, listo para atacar. Era sólo cuestión de tiempo para que este la alcanzara y llegara donde estaba.

Tendría que cruzar.

Hesitó.
Era un puente algo extenso y no parecía muy estable. Si el hombre llegaba justo cuando ella estuviera cruzando, podría cortar las dos cuerdas que lo soportaban y así caería, desplomándose por los aires, hasta golpear con tal impacto el agua que quedaría inconsciente y se ahogaría; o si corría con tan mala suerte, podría aterrizar en una filosa roca y despedazarse el cráneo, y si así no muriese instantáneamente, sería cuestión de minutos o incluso segundos.

The Cave (Editando)Where stories live. Discover now