Cómo odiaba a esos pequeños círculos que se usaban continuamente tanto en el diseño como naturalmente. Los aborrecía. ¿Que tenían de bueno algo como eso? No le veía lo especial.
Anelisse y yo fuimos a la terraza de la escuela. Ella era mi amiga desde que teníamos nueve años. Era bastante llorona, y siempre llevaba en su mochila pañuelos descartables. A pesar de todo esto, ella era bastante estudiosa y me ayudaba a menudo en mis exámenes. Actualmente estábamos estudiando juntas en este lugar para los exámenes de admisión de la universidad.
Era muy tranquilo y se podía leer con tranquilidad. Qué lindo se estaba allí. Podía despejar mis pensamientos, como si el viento que soplaba se los llevara lejos.
— Hey María. ¿Viste la nueva moda? —dijo de repente, mientras observaba su pulsera de perlas.
Yo giré la cabeza al escucharla.
Ella se arremangó las mangas de su uniforme, revelando cinco pequeños círculos en su brazo. —¿Te gustan?
—S... sí...—declaré en un susurro, mientras tenía la piel de gallina.
—¿En serio? —formuló con los ojos brillantes, mientras decía—. Ya sabes, ¿viste a Melanie? Ella empezó a llevar los tatuajes, ¡y le quedaban tan bien! Así que quise probar y...
— Sí, sólo... —me rasqué la nuca— ... nada.
—¿Qué pasa? —ella acercó el brazo hacia mí, como si quisiera que se quedara grabado en mis ojos. Lentamente empecé a retroceder—. ¿Te dan miedo? —exclamó ella. Menos mal que no había nadie en ese momento, quedaría como una idiota...
—¡No grites! Sí... bueno, algo. No me gustan. Los odio —declaré por lo bajo.
—P-perdón..— tartamudeó ella con arrepentimiento, bajando de nuevo la manga del uniforme—. N-no sabía que tenías ese problema.
—Está bien, no te preocupes. Yo sólo... necesito dormir un poco —expresé, masajeando mis sienes—. Tanto trabajo que nos dieron en el colegio ya que me está dando dolor de cabeza.
—¿En serio? —preguntó ella, preocupada.
Volví a casa. Todavía se me había quedado grabado esa imagen. Círculos en la piel. Horrible. ¿A quién le podría gustar eso? Sí, a mi amiga y a esa fenómeno de Melanie. Ugh.
—Ah, María, llegaste —saludó mi madre, mientras cargaba con unos platos de vidrio que había sacado de la alacena—. ¿Cómo ha ido la escuela?
—Bien —mentí, mientras recordaba la escena de hace unas horas. Luego, al verla cargada, le pregunté si necesitaba ayuda en algo.
—No, estoy bien —dijo mientras negaba con la cabeza—. Pensándolo bien —dejó los platos en la mesa, sacudiendo su delantal de cocina—. Sí. Tu hermano preguntó en dónde estaban sus libros sobre arquería, dice que los necesita.
— Ah... eso. Se los presté a Natalia, dice que necesitaba una ayuda por las prácticas de club. Cuando lo vea se lo digo.
—Bueno, yo sé que tú no eres la clase de persona que presta a cualquiera. Así que no te preocupes, le diré... me pregunto cuándo estará de vuelta... —agarró un termo, sirviendo en una taza de porcelana—. Acá tienes chocolate caliente.
—¡Gracias mamá! —exclamé, mientras agarraba lo que ella me estaba dando.
Me fui a mi cuarto. Estaba tan cansada... estudios, tareas, el club de lectura... todo. Mis párpados se cerraron inevitablemente.
Anelisse y mamá estaban en el sueño.
—Mira maría, ¿te gusta? —dijo, mientras enseñaba el brazo. ¿De nuevo?
YOU ARE READING
Escalofríos
HorrorHistorias cortas. De misterio, paranormales, ocurridas en el mismo plano real que todos nosotros. Inspiradas en Junji Ito, mangaka por excelencia de este tipo de género.
