Originem

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Todo empezó con la rebelión de Luzbel. Él y sus seguidores habían abandonado el supuesto paraíso para ser la contraparte eterna de los ángeles, pero, ¿Con qué fin? ¿Con qué propósito? ¿Qué querían lograr con eso? Bueno, eso es algo que yo puedo responder. No había nada que gobernar, nada que conquistar, nada por qué pelear.

Yo soy el gobernador de uno de los siete infiernos originales. El pobre Luzbel no tiene idea de que su versión del infierno es solo un escudo para ocultarnos de su creador, al menos a mis hermanos. Nada de esto estaría pasando si esos bastardos no hubieran venido a Anagantios.

Ninguno de los dos debe saber de mis hermanos, por eso ayudé a forjar el escudo, para protegerlos, ellos no deben entrar en esta guerra. No se deben enterar de esta guerra.
Tengo tantas ideas en la cabeza que acabo de olvidar que necesitamos marchar al paraíso para ganar territorio contra los ángeles.

—¡Sunktum!—Me llama Luzbel, que no se ve muy feliz.—¡Reacciona!

—Señor.—Murmuro y Luzbel recupera la compostura.

—Después de la derrota de la legión del general Di, hay que volver a marchar con más demonios que el asalto pasado.

—Sus legiones de élite podrían ganar algo de terreno.—Sugiere el molesto bromista Kyle, que ha vuelto de una misión de reconocimiento.

—Busqué puntos débiles de la muralla pero no pude encontrar uno que nos dejara bajas mínimas.—Por fin algo digno de escuchar, supongo que es información fiable si viene de Phoenix, nuestro mejor estratega.

¿Que podían esperar? Yo mismo intenté derribar esa muralla con los reaper y no pude.

—Necesitas buscar más a fondo, debe haber algo útil.—Insiste Luzbel.—Vuelve a la muralla a ver que encuentras.

—Si lo dijo Phoenix, esa segunda vuelta sería una pérdida de tiempo.—Suelta Dead Eye, que siempre sustenta a Phoenix, siempre trata de encontrar la lógica de las cosas y el por qué de las decisiones de Phoenix.

Me encantaría poder utilizar mis poderes como clarividente pero, mi plan se iría al garrote si lo hago. Necesito a Luzbel para sacar a los ángeles de aquí, aún siendo poderoso tengo límites, y no puedo usar mis poderes contra ellos sin destruir mi planeta.

Después de un largo rato de silencio, los generales Hext y Acricio entran a la sala del trono, volviendo de un asalto a otra base angelical y ambos se detienen ante las escaleras que suben al trono de Luzbel.

—Señor.—Suelta Hext y ambos se dirigen a Luzbel con una reverencia.—La misión resultó ser exitosa.

—El enemigo no pudo notar nuestra llegada.—Si lo que Acricio dice es cierto, las bajas debieron de haber sido algunos cientos de demonios.

—¿Cuántas bajas?—Pregunta Luzbel, como le es costumbre después de cada batalla que libran los demonios por él.

—Aún las están evaluando, pero se calculan al rededor de dos mil trescientos cincuenta y siete muertos.—Para ser una misión sencilla, habían tenido demasiadas bajas, claro que no importa, pues nuestras legiones se conforman por doscientos cincuenta mil demonios menores y al menos otros cincuenta mil de rangos mayores.

De igual manera eran demasiadas para ser una base tan pequeña. Lo digo yo, que con los mejores soldados jamás creados no pude tirar una pared.

—Déjenos un momento solos.—Nos indica Luzbel a Dead Eye, Phoenix, Kyle y a mí. ¿Qué es lo que quiere de ese par? Solo fue un asalto lo que hicieron. No importa, debo encontrar la manera de convencer a Luzbel de que aún soy confiable.

—¿Phoenix?—Pregunto.

—Dime.—No creo que me quiera explicar algo.

—¿Qué te pasa?—Supongo que no hablará con facilidad.

Phoenix voltea a ver a Dead Eye, que asiente sin estar convencido de que me entere del tema.

—Luzbel desconfía de ti. Cree que escondes algo que él no ha visto.—Justo lo que me faltaba.

—Estaba hablando solo,—Añade Dead Eye con un poco de inseguridad.—Algo de un poder para crear cosas y seres vivos. Cree que eres un clarividente.

—Los clarividentes desaparecieron hace años sin dejar rastro de ellos mismos.—Tengo que decir algo para proteger a mis hermanos, además no tiene manera de probarlo. Cuando aún era un ángel, Luzbel recibía mis mensajes por sueños en los que yo no aparecía.—A nuestro parecer, no queda ninguno vivo.

—Luzbel cree que sí.—Puedo notar que Phoenix está confundido. Ya no sabe que creer.

—¿Cómo se enteraron de eso?

—Pasábamos por su habitación mientras lo decía. Nos quedamos un rato a oír su monólogo hasta que decidimos que era suficiente. Luzbel está al borde de la locura, él no debe liderarnos más.—Lo que Phoenix me dice no tiene sentido, pero me reconforta saber que no hay manera alguna de probar que eso sea cierto.

—Saldré a ver a mi legión.—Interrumpe Dead Eye.—¿Vienen?—Phoenix asiente y lo sigue.

—Iré a mi habitación, tal vez los vea luego.—La verdad no quiero perder el tiempo con ellos dos y necesito tener un tiempo para mí solo. Solo me doy media vuelta y me dirijo a mi habitación.

 Solo me doy media vuelta y me dirijo a mi habitación

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