Capítulo uno: Un Mundo Monótono a mis Pies

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Drip, drip, drip.

El sonido de gotas de agua, lo puedo escuchar claramente. Al yo abrir mis ojos, me encuentro con un mundo monocromático, mi figura reflejada por encima de mi cabeza, de la misma manera que se vería por el ojo de un pez. A pesar de escuchar el agua, no veo su fuente o alguna señal de algo a mí alrededor. Solo blanco para el suelo, negro para el cielo o más bien el espacio entre el piso en el que estoy parado y donde está parado mi reflejo. Cierro mis ojos para parpadear y darle un descanso a mis ojos.

Drip, drip, drip, drip, drip.

Al volverlos a abrir, noto que ya el suelo no es sólido; sino que realmente es  agua. Ondas se propagaban desde mis pies desnudos, hacia el horizonte que parecía hundirse, en otras palabras estaba sobre un cuerpo esférico. Noté que por alguna razón no me hundo, a pesar de eso ser lo lógico. Parpadeo otra vez.

Drip, drip, drip, drip

Sigo escuchando ese sonido, aunque finalmente veo su origen. Parece que el reflejo sobre mi cabeza se derritiese y uniese con mi suelo, aunque parece que este también hace lo mismo. El agua se vierte hacia el otro lado, tan rápido que parece sólida. Por alguna razón, sentía un viento soplar desde mi izquierda, sin embargo no veía afectada las corrientes a mi alrededor. Solo mi pelo negro ligeramente largo se veía afectado por este. Me resultó raro, sin embargo no cuestiono las leyes de este mundo. Cerré mis ojos una última vez.

Drip, drip, sploosh.

Abrí mis ojos lentamente, anticipando ver algo hundirse a los lejos, como una roca o algo. Me sorprendió un poco al ver a solo unos centímetros de mi rostro una cara extrañamente familiar, aunque no puedo realmente señalar con exactitud en donde o cuando lo habré visto. Su boca llena de dientes afilados me sonreía, creerías que es una sonrisa de una persona despreocupada o del gato rizón si no fuera por los ojos rojos brillantes que tenía, que me demostraban que realmente me mostraban un sentimiento de burla hacia mí. Mis ojos se abrieron ligeramente más de lo normal, de la cercanía de este personaje. Parecía ser la única entidad además de mí en este mundo, y también toda su persona era afectada por la corriente de aire. Era la única fuente de color aquí, ni siquiera mi ropa que resultaba ser mi pijama tenia color alguno. Tenía puesto una camisa azul claro ligeramente larga que tenía metida dentro de sus pantalones color azul marino, y encima llevaba un chaleco de un color parecido al del chocolate oscuro que su basta permanecía afuera. Su cintura estaba envuelta en un lazo verde claro grueso, cuyo nudo parecía una flor, y se ubicaba hacia su espalda. Sus zapatos eran negros, de vestir. Sin embargo, las facciones que más resaltaban eran sus orejas puntiagudas como las de un duende y su pelo color rosa vieja, que de no haber estado recogido con lo que parecía ser un gancho para pelo extravagante, probablemente le llegaría al nivel de donde podría estar su omoplato.

"¿No te has olvidado de mi persona, o sí?"

Habló. Aquella entidad enfrente de mí habló, con una voz que me parecía conocer. Una vez más, no podía apuntar de qué dirección venía esta memoria que no conocía como explícitamente mía. Aunque no sabía realmente quien era, no podía evitar sentirme ligeramente reconfortado por su extraña apariencia. Me costó pasar por mi garganta una bola de saliva gruesa que se había formado en mi boca, una vez pseudo-analizada la situación en la que me encontraba.

Sin cambiar de expresión, su cabeza se acostó ligeramente hacia mi derecha. Se alejó un poco y finalmente noté la diferencia en altura: él me llegaba apenas a los hombros. Se rio entre dientes, aunque más parecía que su garganta emitía vibraciones, de lo grave y siniestra que esta sonaba.

"¿Eh?~ ¿No será esta situación más interesante? Parece que has hasta olvidado quien eres realmente" Volvió a soltar esa extraña risa, mientras se abrazaba a él mismo. Parpadeé.

A pesar de que el sonido de gotas de agua cayendo se había detenido, este silencio trajo consigo un peligro. Alrededor de nosotros dos se enrollaron a los pies de cada uno un dragón que se parecía a esos que salen en los mitos orientales. Ambos dragones eran cristalinos tal cual el agua, excepto que el que se enrollaba alrededor de la entidad (¿si quiera lo puedo llegar a llamar persona? No parece emitir la misma aura) tenía los ojos dorados, mientras el que se enrollaba- er- déjenme reformular esta oración; el que me asfixiaba tenía ojos plateados. El dragón me tenía suspendido en el aire, y su cuerpo se estremeció hasta llegar a un lado de mi cabeza, de manera que mi cuello quedó expuesto a aquel extraño y mis ojos casi excediendo su capacidad para mirar hacia abajo.

"Cuando finalmente despiertes, encuéntrame, seguro todo se volverá mucho más-" Se detuvo por un momento, como pensando en cómo proceder con su frase. En ese mismo instante, su cuerpo se volvió traslucido y líquido. "divertido". Con eso, su cuerpo se desmoronó como el agua y se unió con el cuerpo líquido a nuestros pies. Todavía puedo oír el eco de sus malevas risotadas. Fue en ese momento que noté que el otro dragón se estaba preparando para atacar. Y su objetivo era yo. Cerré mis ojos y mi cuerpo se endureció para prepararme para el golpe.

Y lo sentí

Solo que no de la manera que pensé que sería.

La Anatomía de una PesadillaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora