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Ese día se levantó con el pie izquierdo. La alarma, que tan estruendoso sonaba cada mañana, no sonó. Hacía un frío de los mil demonios, que lo sentía colarse a través de las capas de su piel y llegar hasta sus huesos. Tiritando se levantó corriendo hacia al baño de su pequeño estudio, maldiciendo al sentir en sus pies la temperatura helada de las cerámicas, de inmediato entró en la pequeña regadera recibiendo una cascada de agua helada, llegando a su memoria que el calentador del agua se había averiado hace unas semanas y no había tenido el tiempo para llamar al técnico; tomando una gran respiración entró al torrente de agua, restregando su cuerpo con sus pequeñas manos pálidas y huesudas, medio minuto después salió envuelto en una toalla con sus labios carnosos cianóticos del frío, caminó hacia su pequeño clóset escogiendo su atuendo más abrigado: una camisa manga larga de color negro, un abrigo de lana color rojo, regalo de su madre hacía ya cuatros años y que sorprendentemente todavía le quedaba bien, muestra de que no había variado en su estatura como tanto él deseaba, unos jeans color caqui que le quedaba como un guante, unos converse negro con unas medias térmicas finalizando con un gorro color rojo con un gracioso pompón en la punta y una bufanda y guantes grises. Ya preparado salió corriendo de su vivienda sin desayunar porque sabía que no tenía tiempo. Llegó a la estación del metro sintiendo el aire sofocante y lleno de olores extraños; se encontraba abarrotada de niños inquietos y revoltosos, profesionales entaviados en sus ropas elegantes y de aspecto conservador, algunos que recién terminaban su noche de huelga y estudiantes desesperados, bueno no tan desesperados, por llegar a la universidad, al igual que él. Ese día sería estresante, ya que, aparte de que pasaría prácticamente todo el día en la universidad, le tocaría trabajar hasta tarde en el pequeño puesto de telefonía, soportando las molestas quejas de clientes suscritos a la compañía.

Llegó cinco minutos tarde a su clase de Microbiología, recibiendo una mirada agria del cruel profesor y un quiz sorpresa. En momentos como ese agradecía ser aplicado en los estudios y haber escogido estudiar una carrera que le gustará. Desde pequeño tenía la certeza de que estudiaría algo relacionado con las Ciencias de las Salud, aunque no tenía muy claro cual sería hasta que recibió su primera clase de biología celular en el colegio y pudo observar fascinado por el microscopio los pequeños organismos unicelulares y pluricelulares. Quedo fascinado. Por lo que, lo primero que hizo al llegar a casa ese día fue internarse en su computadora y buscar todo lo relacionado a esos pequeños bichos como él en ese entonces le llamaba, fue cuando encontró un blog lleno de espectaculares imágenes y todo lo relacionado con ello, escogió de entre las múltiples ramas que estudian esos organismos, Bioanálisis, porque también quería estar en contacto aunque unos pocos minutos con los pacientes. Ahora con veintidós años, se sentía satisfecho y eso se veía en los resultados de sus notas siendo unos de los primeros en su clase. Él era lo que consideraban los matones un empollón o nerd, ya que siempre sobresalió por sus notas en colegio aparte de que su personalidad: tímida, calmada, un poco sarcástica. Su aparecia de estatura promedio, delgado, con rulos rubios y ojos miel, aparte del típico par de lentes. Era como un punto rojo en medio un papel blanco. Nunca sufrió lesiones físicas pero si verbales y aunque no quiera reconocerlo, si le afectó en muchos aspectos de su vida; eso se reflejaba en casi nula vida social y que sólo tuviera una persona que consideraba su mejor amigo. Como mecanismo de defensa adoptó ser invisible. Invisible en la universidad, en el trabajo y trató de serlo en su familia pero no pudo. Sabe que si no fuese por su familia, sobre todo su hermano menor, Leo, y su mejor amigo, Sandy, que lo sobreprotegen con exageración no estuviera aquí.

Después de asistir a todas sus clases esa mañana, caminó a la cafetería que se encontraba abarrotada de estudiantes escándalosos. El lugar siempre había transmitido, para él, una vibra hostil que le hacía sentir incómodo. No soportaba ver como te calificaban por tu estatus, color de piel, gustos o alguna otra variante con quien tenías que sentarte, hablar, reunir o simplemente compartir. Se apresuró al comprar su primera comida del día y salió con paso rápido hacia su lugar favorito de la universidad. Un riconcito ubicado detrás de la facultad de letras al este del recinto. El riconcito estaba plagado de árboles de enorme altura con gruesos troncos y raíces y lo mejor buena sombra para el tiempo de calor, el estaba suelo lleno de ojas color maron y rojizo propio de la época de año. Ahí se sentía seguro y confiado, podría dormir si quisiera, ya que nadie, estaba seguro, pasaría por ahí simplemente porque quedaba muy lejos de todo lo atractivo de la universidad. Confiado comenzó a comer con calma y lentitud, le quedaba toda una hora para hacerlo antes que de que comenzará su próxima clase. Recostado entre las hojas de los árboles y apunto de tomar una pequeña siesta, le interrumpió el sonido estridente de su smatphone, por un momento dudó si atender, pero decidió hacerlo.

Solo El Comienzo. Where stories live. Discover now