El sonido de la cafetera tiene algo de ritual.
Ese burbujeo lento, como una promesa que se calienta despacio. El vapor dibujando pequeñas danzas en el aire. El aroma dulce y profundo del café recién hecho, que siempre parece llegar antes que el día.
Pido lo de siempre.
Vainilla, leche de almendras, un toque de canela. Como si en ese orden estuviera escondido el equilibrio del mundo. Como si repetirlo fuera mi forma de decir: todavía estoy acá.
—¿Lo de siempre, Olivia? —pregunta Mauro, el barista de playlists tristes y cejas perfectas.
—Siempre —digo, medio dormida, medio esperando que algo cambie—. Si algún día no lo pido, llamá a emergencias.
Sonríe, como si ya supiera algo que yo no. Me entrega el vaso con ese gesto automático que aprendimos todos: dar y seguir. Pero hoy, algo interrumpe la rutina.
Hay una nota.
Está escondida justo entre el cartón protector y el vaso. Pequeña. Doblada en cuatro, como un secreto que no quiere gritar. La deslizo con cuidado. El papel es fino, casi tímido al tacto.
En la esquina, una sola letra: A.
"El café sabe más dulce cuando sonríes."
Leo la frase una, dos, tres veces. Y algo dentro mío —algo chiquito, dormido, olvidado— despierta.
No es una gran revelación.
No es amor a primera vista.
Es algo más sutil. Como una caricia inesperada en mitad del caos.
Saco mi libreta —mi refugio con espiral— y escribo.
Hoy era un mal día. Uno de esos que ya nacen torcidos. Me levanté tarde, no había agua caliente, y terminé bañándome con frío en pleno invierno. Terry me manchó la ropa, tuve que cambiarme tres veces. No desayuné. Olvidé el libro de geografía. Y pensé que nada iba a salvar la mañana... hasta que encontré una nota en mi café. Pequeña. Anónima. Firmada por una letra que ahora no puedo sacarme de la cabeza: A.
Levanto la vista. Miro alrededor como si pudiera adivinar de dónde vino. Pero el café sigue igual: mesas ocupadas, murmullos bajos, cucharitas chocando contra la porcelana. Nadie me observa. Nadie parece diferente.
Guardo la nota entre las páginas de mi libreta, como si fuera algo frágil que necesita abrigo.
Y sin querer, empiezo a sonreír.
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El chico de las notas
Short Story¿Qué harías si alguien empieza a dejarte notas que saben más de vos que vos misma? Olivia no está buscando el amor. Solo quiere sobrevivir la universidad, los recuerdos que duelen y las palabras que no se dicen. Pero entonces aparecen las notas. Y c...
