Única parte

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¿Alguna vez sentiste que al entrar a una habitación oscura, al encender la luz, justo en el momento antes de hacerlo había algo en ese lugar contigo y que en un segundo se escondió o se hizo invisible pero aún así sabes que ESO estaba aún con vos ahí y decidias ignorarlo para no poner en riesgo tu vida?
Bueno, eso debria haber pasado el martes 31 de enero a las 3:46 AM cuando entré a mi cuarto después de ir a la cocina a buscar algo de tomar.
Entré cómo millones de veces antes, tranquilo y confiado, pero cuando encendí la luz ahí estaba él.
Era casi tan feo como yo, pero el tenía unos dientes de 20cm al menos, media como un metro noventa, orejas puntiagudas y finas del mismo tamaño que su cabeza, tres brazos de los cuales el tercero le salía del codo del brazo izquierdo, dos piernas musculosas, cuatro pies, más de diez ojos los cuales no pude llegar a contar, pelos gruesos, una nariz cortita con un lunar en la punta, piel gracienta y totalmente palida y un caparazón con símbolos muy raros de color verde oscuro metálico que en ángulo con la luz brillaban fuertemente.
Daba más asco que miedo, tal vez por eso, después de 30 o 40 minutos de quedarme estático viéndolo agarré una zapatilla y empezé a correrlo por la casa. Saltó primero a la cama y me la destendió, de ahí se escurrió entre la pared y la cama y se me fue para el living. Lo segui mientras le tiraba zapatazos aproximando donde iba a estar pero no le atiné ninguno, saltó a la mesa, rompió un jarrón de mi difunta abuela, un plato nuevo, tiró los cubiertos y volvió al piso. Mientras insultaba por lo roto el seguía corriendo cómo un maldito maratonista, me tiré al suelo tratando de agarrarle las patas o ponerle la traba al menos, pero pego un salto y aterrizó al borde de la ventana.
Nos miramos como si se estuviera despidiendo y en un segundo salté para atraparlo pero el muy desgraciado también saltó, salvo que el saltó al vacío de la ventana de mi departamento que queda en el quinto piso del edificio.
Lo miraba, mientras caía, con desprecio por su escape, compasión por que no le dejé otra opción y pena por su inminente muerte.
Fue una madrugada rara por que nunca sentí empatía por un bicho antes. Me quedé hasta las 6 de la mañana pensando en ese bichito, con mi primer cabeza contra la mesa y la segunda apoyada en la mano de mi brazo del medio. Con dos de mis ojos cerrados y el tercero medio mojado por una lágrima lastimosa. Con mi única pierna dolida por la caída de cuando me tiré al suelo. Con mis cinco hileras de dientes apretados por arrepentimiento. Con los tentáculos cruzados. Con una nariz tapada de mocos por llanto. Y con los pelos erizados por imaginar como el pobre bichito se estampaba contra la calle.
Me iba a ir a la cama cuando apareció mi hermana que se preparaba para ir a trabajar. Me miró, blanqueó el ojo y dijo:
-Miralo al grandote pavo, siete metros y medio y anda llorando.-

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⏰ Last updated: Apr 14, 2020 ⏰

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