8 años antes
- ¡Apresúrate Eli! ¡Mamá quiere celebrar! - exclamó mi hermano, Simon, sacando la cabeza por la ventanilla del auto.
- ¡Ya voy! - exclamé, mientras me despedía de mis compañeras en de la clase de basketball.
Mi familia me esperaba dentro de nuestro auto, ya que, unas cuántas horas antes, ellos habían presenciado el partido más importante de la temporada, el cuál habíamos ganado.
Metí mis cosas en mi mochila gastada, tratando de hacerlo rápido porque me estaban esperando. Tenía una sonrisa en mi cara, había encestado en la última jugada que nos había convertido en los ganadores. Bajé las escaleras del edificio para poder llegar al auto y poder festejar tranquilamente.
Iba pegando saltitos de un lado a otro, cuando recordé que había olvidado mi balón. Tenía que regresar por él, sin mi balón no era nada. Podían haberme comprado otro pero ese balón era especial para mí. Me lo había regalado el mejor jugador para una niña de 11 años como yo: mi abuelo.
Llegando al auto, metí mi cabeza en la ventanilla dónde se encontraban mis hermanos mellizos, Simon y April, que al parecer tenían un pelea por el juguete de la cajita feliz de McDonald's que les habían comprado después del partido.
- Cuiden mi mochila, ya regreso - pronuncié mientras dejaba mi mochila en el asiento de atrás y daba vuelta para regresar al edificio por mi balón.
- ¡¿A dónde vas?! - me gritó mi padre.
- ¡Olvidé el balón del abuelo! ¡En seguida vuelvo!
- Está bien. Iré a comprar más comida para llevar, esperanos aquí - me gritó mi madre.
Asentí con la cabeza mientras cruzaba la puertas del edificio. Me sabía todo el edificio de memoria. Desde que tengo uso de razón siempre he amado hacer ejercicio, pero el basketball era mi deporte. Mis padres se dieron cuenta que tenía potencial y me inscribieron a prácticas en este edificio cuando tenía 4 años y de eso estoy muy agradecida. Amo a mis padres, son los mejores papis del mundo.
Llegué al gimnasio y busqué mi balón con la mirada hasta que dí con él, en una esquina debajo de las gradas para la gente espectadora. Dí media vuelta, con una sonrisa en la cara, sabía que mis padres se enojarían por mi retraso, pero que más daba. Ellos estaban comprando comida en este momento y había ganado el campeonato, íbamos a festejar la victoria y en estos momentos no existe algo que desaparezca mi felicidad.
Corrí regresando por el camino que había recorrido para ingresar al lugar y salí, dando brinquitos de un lado a otro. Recorrí el estacionamiento en busca del auto, pero no había rastro de mis padres. Me senté en un escalón con las piernas cruzadas y mi balón rebotando en una de mis manos. Dijeron que los esperara, de todos modos, no van a tardar mucho, sólo fueron a comprar más comida.
Pasaron horas y horas, ya había anochecido y yo estaba preocupada. ¿Porqué tardarán tanto? Sí, el restaurante quedaba a pocas cuadras. Ya tuvieron que haber regresado. ¿Y sí se olvidaron de mí? Negué con la cabeza. Imposible, ellos nunca harían eso. Tengo hambre, quiero bañarme y tengo sueño. ¿Por qué mis papis no regresan? Puse mi cara entre las palmas de mis manos, mientras trataba de entrar en calor.
Pocos minutos después, apareció un auto que entraba al estacionamiento y aparcó delante de las escaleras. Me levanté de un salto.¡Yo conocía ese auto! ¡Son mis abuelos! Bajé corriendo las escaleras para llegar al auto y subir, pero antes de que pudiera hacerlo, salió mi abuela por la puerta del copiloto, mientras corría hacia a mí con lágrimas en sus ojos. Paré abruptamente. Algo malo tuvo que haber pasado. Mi abue nunca llora.
- ¡¿¡Gracias a Dios estás aquí!?! Nos tenías preocupados, Elizabeth - exclamó, mientras me abrazaba demasiado fuerte y emitía fuertes sollozos.
Estaba asustada. ¿Que había pasado? ¿Dónde están mis papis? ¿Simon y April? No entendía nada. Me separé de mi abuela y la miré procupada, podía tener 11 años pero sabía que cuando alguien lloraba era que había pasado algo malo.
- ¿Que pasa, Abue? ¿Por qué lloras?
- Te hemos estado buscando, estábamos angustiados, no sabíamos dónde encontrarte - dijo todavía llorando.
- Tranquila, Abue. Ya me encontraste. ¿Pero para que me buscaban? - pregunté, tratando de tranquilizarla.
No hubo respuesta, así que me alarmé. Sentía algo raro en el estómago. Había escuchado que cuando sentías eso y estaba pasando algo malo, se llamaba "presentimiento" la verdad no sé que significa eso. Pero yo sentía que algo estaba mal.
- ¿Abue, no sabes por qué no han venido mis padres? Cuando terminó el partido olvidé el balón que me regaló mi abuelo y regresé por él. Me dijeron que los esperara aquí porque iban a comprar comida pero no han regresado, tu sabes donde están? - pregunté, tratando de explicarle todo resumido.
Esperaba una respuesta de su parte, pero en lugar de eso, terminé abrazando a mi Abue que había roto en un llanto desgarrador, mientras caía desplomada a mis pies. Yo no sabía que pasaba. No tenía idea de que hacer. Seguía asustada.
Traté de levantar a mi Abue del suelo, pero no pude. Era una mujer demasiado grande para una niña de 11 años. Estaba preocupada por su actitud, nunca la había visto así. Seguí preguntándole que había pasado pero siempre habían lágrimas como única respuesta.
Segundos después de que ella cayera rendida en el suelo, una mano agarró mi brazo por detrás y me volvió para que pudiera verlo. Era mi abuelo. Me hizo a un lado y subió a su esposa al asiento del copiloto, la cuál no paraba de llorar. Cuando mi abuelo me vió, realmente me asusté. Su cara tenía algunas lágrimas y estaba destrozado. Me acerqué a él y rápidamente lo envolví en mis brazos. Estuvimos así más o menos unos minutos, deshicimos el abrazo y él se limpio la pequeñas lágrimas de su rostro.
- Pequeña, tenemos que ir al hospital - dijo, mientras me agarraba la mano y nos dirigíamos al auto.
- ¿Por qué? ¿Es por la Abue? ¿Se puso mal otra vez? - pregunté, pero él no respondió.
Y yo estaba molesta porque nadie me contestaba. Yo necesitaba saber que pasaba, así que solté su mano y paré el paso.
- Dime que pasa, Abuelo. No entiendo nada. ¿Por qué tenemos que ir al hospital? ¿Quién enfermó? - dije, viendo otra vez su rostro con lágrimas en los ojos.
- Linda, nadie ha enfermado - dijo agarrándome mi rostro.
- Entonces, ¿qué pasa?
Entonces vi una expresión en su rostro que estaba segura que jamás volvería a ver. Era tristeza, pero más que todo era dolor. De nuevo tenía esa cosa en mi estómago, eso llamado "presentimiento". Tenía miedo de lo que iba a decirme. En el fondo, sabía que era algo muy malo que no me gustaría nada. Finalmente, emitió un gran suspiro lleno de angustia y habló.
- Son tus padres, pequeña. - cerró los ojos e inhaló fuerte, para seguir - Tuvieron un accidente.
Dejé salir el aire que tenía aguantando desde que llegó el abuelo y me limpié una lágrima de tristeza que había dejado caer.
Ojalá hubiera estado consciente de que esa no iba ser la última lágrima que iba a dejar caer por esta noticia. Una noticia que cambió mi vida para siempre.
YOU ARE READING
Winter Love
Teen FictionElizabeth Crowell era una chica linda, humilde, amable, generosa y sobre todo feliz. Elizabeth era un ensueño de niña, una maravilla hecha realidad. Hasta que un lamentable accidente hace que su vida cambie para ella y para sus hermanos. Elizabeth...
