Mi juguete.

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 -¡Nick devuélveme a Flamita!-

Gimoteaba un pequeño niño que estiraba sus brazos en un vano intento por alcanzar al peluche que estaba siendo sostenido por arriba de la cabeza de su captor. Con su menudo cuerpo tembloroso apoyaba su peso sólo en la punta de sus pies mientras sentía como sus ojos ardían al detener las lágrimas que amenazaban con salir, pero no le daría la satisfacción a ese idiota que se hacía llamar su mejor amigo. En realidad Nick era su pesadilla personal, molestándolo día y noche junto con Reficul, que en ese momento sólo veía desinteresada la escena.

Nick quien había ido a buscar a Ivlis para salir a jugar fue invitado a pasar a su habitación, una vez dentro vio una nueva oportunidad para molestar un poco a Ivlis raptando a su adorable y amado peluche Flamita. El simple hecho de pensar que Ivlis apreciaba más a ese peluche que a él: su mejor amigo, hacía que detestara un poco a flamita aun cuando este era un tierno peluche de murciélago con flamas en sus alas, si fuera de alguien más seguramente Nick podría apreciar lo lindo que se veía pero el hecho de que fuera de Ivlis hacía que un sentimiento oscuro naciera en el interior de Nick, ver al más bajo desesperado con las lágrimas ya recorriendo por sus mejillas sólo alimentaba más y más aquel horrendo sentimiento que Nick quería detener, pero la satisfacción de saber que sólo él era capaz de inspirar aquella impotencia en Ivlis era mucho mayor.

-Vamos salta un poco más pequeño Ivlis o Flamita podría terminar en la habitación del gran Nick.

La sonrisa que se ensanchaba en el pálido rostro del mayor hacía que la sangre le hirviera a Ivlis, quien cerraba con fuerza sus puños y los dejaba caer a los lados de su cuerpo. Esto siempre ocurría, Nick se salía con la suya y dejaba a Ivlis con fuego en la sangre; la impotencia que sentía al no poder defenderse lo tenía harto, Ivlis bajo la cabeza y frunció el ceño.

-Está bien, tú ganas... quédate con él...

Ivlis, aun con la cabeza mirando al suelo, mordía un poco sus labios para evitar que su voz se rompiera justo en ese momento.

-...

Nick quien hasta ese momento reía y se burlaba de la desgracia de Ivlis no tuvo oportunidad de seguir ya que una mirada afilada pero aun llorosa, le veía directamente. Esos ojos que tenían atrapados al Sol lo hipnotizaban cada que posaba la mirada en ellos.

- ¡YO NO LO NECESITO MÁS!

El grito del pequeño había hecho que Nick saliera de su letargo, se sorprendiera e inclusive que Reficul levantara la mirada de su reproductor de música. Era realmente inusual el hecho de que Ivlis el enano se sublevara de aquella manera estando los dos juntos, pero tampoco era tan extraño que no lo hiciera, ya que aquellas escenas donde lo molestaban en aquel parque de juegos eran típicas, tarde o temprano el pequeño se iba a cansar de ellos. Sin decir una palabra más, Ivlis se dio la vuelta y corrió de regreso a su casa con toda la fuerza que sus piernas le permitían.

Una vez en casa, Ivlis subió las escaleras con la misma velocidad hasta su habitación y cerró con un portazo. No era como si alguien se molestara por su acción, sus padres casi nunca estaban en casa y su única compañía era una señora de edad avanzada que a veces iba a hacer la limpieza y le dejaba la comida a un lado del horno.

Con el pecho quemándole y las lágrimas cayendo descaradamente se recargó en la puerta, y fue deslizándose hasta el suelo para poder esconder su rostro entre sus piernas.

-Lo odio, lo odio, lo odio... Odio al idiota de Nick... Te extraño tanto...

Una vez que Reficul y Nick estuvieron solos se sumieron en un incómodo silencio, mirando la dirección por donde su víctima se había escabullido. Reficul fue la primera en desviar su mirada hacía la cara de Nick, que en ese momento era una mezcla entre confusión, tristeza y enojo comprimido. A sus ocho años la peliblanca no era tonta, sabía perfectamente que Nick sentía algo más por el enano de Ivlis que una simple amistad.

Un amor inusualWhere stories live. Discover now